Hay ruedas de prensa que se recuerdan más por un nombre que por el partido que las motiva. La de este jueves, víspera del Real Madrid-Betis , fue una de ellas, y el nombre lo despachó José Mourinho con apenas dos respuestas. Veinticuatro horas después de hacerse público el positivo del central Raúl Asencio en un control de alcoholemia —casi cuadruplicando la tasa permitida—, el portugués no se mordió la lengua para hablar sobre su jugador y sobre el significado de lo que tanto ha insistido desde su vuelta: «Trabajar para el Real Madrid». «Hablé con él cuando llegué en función de cosas del pasado. Desde que llegué, ya no hablo más de situaciones extradeportivas», arrancó en lo que parecía una defensa al jugador, antes de separar al profesional del problema: «En Valdebebas es un profesional ejemplar; cuando estaba bien, nadie entrenaba más y mejor que él. Ahora es el primero en llegar y el último en salir». Y entonces arrancaron los golpes: «Pero un jugador del Real Madrid es jugador del Real Madrid 24 horas al día, 7 días a la semana y 12 meses al año. Todo lo que haces fuera sigue siendo Real Madrid. Continúa dañando el prestigio de un club que es intocable. No estoy feliz y errores todos hacen, pero errores acumulados es diferente». Ese plural —«errores acumulados»— no es casual. Preguntado por si contará con él, Mourinho se refugió en la vía administrativa y en una casualidad que, de alguna manera, agradeció: «El club ha abierto un expediente. Yo, mientras el expediente está abierto, lo veo como jugador del Real Madrid. Está lesionado y continuará así durante un par de semanas. Eso me ayuda a estar fuera de este problema». No fue el único capítulo espinoso que se trató. La salida —por rescisión de contrato— de Dani Ceballos la despachó con la sinceridad que le caracteriza: «Hemos hablado tres minutos al teléfono. Le dije que no contaba con él. Muchas veces los jugadores se quedan agarrados a sus contratos, pero en este caso las cosas fueron fáciles porque me dijo que prefería estar libre para decidir su futuro. En un par de días, el jugador y el club llegaron a esta conclusión». Al ser preguntado por La Fábrica , Mou atendió al día a día. «Muchos trabajan conmigo de manera regular, cada día. Les prestamos mucha atención», explicó, antes de deslizar una observación reveladora sobre el modelo económico del club: «Como resultado ha subido al primer equipo Thiago, además de los muchos millones que el Madrid ha recaudado con transferencias de estos jugadores. Al final, no son ventas definitivas porque el Madrid recupera a esos futbolistas cuando los quiere recuperar». De Sergio Martínez , recién llegado, ofreció a modo de elogio atisbos de ilusión para los aficionados, avisando que será convocado tras pocos días de entrenamiento, aunque puso sus condiciones: «Se ha entrenado con el primer equipo dos días. Tiene potencial y una pequeña experiencia en Primera. Tiene que trabajar, pero el nivel de calidad e intensidad aquí es diferente». La parte más emotiva emergió al hablar de Manuel Pellegrini , el hombre al que sustituyó en el banquillo del Madrid en 2010 —y sobre quien lanzó duras declaraciones en su anterior etapa— y que mañana ocupará el banquillo rival. Lejos de la provocación, Mourinho entonó la autocrítica por sus actos pasados: «No reprocho nada porque no podemos volver atrás en el tiempo. Hay un pasado tan largo en el fútbol que hay cosas que dices o haces y te sientes un idiota. He tenido comentarios estúpidos. Después, si él nos escucha, se va a reír porque yo lo he pagado, por ejemplo, con el campeonato del Chelsea». Y rescató una anécdota reciente : «Él tuvo un gesto de gran señor conmigo en un amistoso Betis-Roma con un árbitro que amaba al Betis. Nos quedamos con siete en el campo y le dijo a sus jugadores que no nos machacasen. Nos podían haber metido ocho y nos metieron tres. Un gran ejemplo como entrenador y como persona». Hubo espacio también para la actualidad ajena que durante tantos años estuvo presente. Al abordar la retirada de Messi de la selección argentina , el técnico luso se rindió sin matices, con una pulla cariñosa incluida: «Hablar de Messi es complicado. No hay palabras. Es de esos jugadores a los que vas a echar de menos. Tendremos que ver algún partido de la MLS, que no me gusta mucho». Y sobre el culebrón que afecta a sus vecinos con Julián Álvarez , esquivó pisar el jardín de Simeone con un consejo de veterano: «La situación específica no la conoce nadie mejor que Simeone. Yo digo que cuando un jugador no está satisfecho y llega el 1 de septiembre, tiene que estar satisfecho porque si no, no juega hasta enero». Solo al final asomó la preocupación puramente deportiva, y le cambió el gesto. Ante la pregunta por las bajas en el centro del campo para la cita europea contra el Inter (Tchouaméni y Pitarch lesionados; Bernardo, Güler y Camavinga sancionados), cortó en seco: «Me estás estropeando la tranquilidad. Hablamos de eso mañana, después del partido. Vamos a tener un problema gordo para solucionar». Antes había reivindicado la dureza del campeonato nacional que ha vuelto a pisar quince años después: «Para mí no es una Liga fácil. Hay una presión que en otros campeonatos no existe, que es la de tener que ganar siempre. En Alemania o Francia tienen la tranquilidad de que van a ser campeones siempre. Aquí un resultado que no sea ganar no es un buen resultado». Mañana, ante el Betis, deberá volver a demostrarlo: «Tiene que ser un gran Real Madrid. Para ganar tienes que estar a tu máximo nivel».