El Reale Arena se vestía de gala para presenciar el ansiado regreso de la Real Sociedad a Europa tras un año de ausencia. Sin embargo, la ilusión inicial se tornó rápidamente en una pesadilla. Enfrente estaba el Bournemouth, un club modesto que afrontaba con valentía el primer partido oficial en Europa de sus 125 años de historia. Pellegrino Matarazzo, sorprendió a todos al cambiar el sistema habitual para salir con tres centrales. La Real Sociedad saltó al césped atenazada por las dudas, arrastrando la losa de sus últimos compromisos ligueros en Anoeta, donde sumó un amargo empate sin goles ante el Celta y una dolorosa derrota por 0-3 frente al Atlético de Madrid. La falta de fluidez fue aprovechada por un Bournemouth hipermotivado, sólido atrás y letal al contragolpe. El mazazo definitivo para la grada local llegó en forma de efectividad inglesa. Primero fue Justin Kluivert antes del cuarto de hora quien aprovechó un desajuste defensivo para abrir el marcador, silenciando el estadio. El VAR analizó el tanto y desautorizó al árbitro polaco Pawel Raczkowski, que había señalado un fuera de juego inexistente. Sin tiempo para la reacción blanquiazul, Rayan amplió la ventaja visitante con una gran definición, culminando una contra de manual que penalizó la fragilidad txuri-urdin. El equipo británico se marchó al descanso con un contundente 0-2, pesadilla en Anoeta, que evidenció los problemas estructurales de una Real Sociedad que necesitaba cambiar radicalmente su imagen para no certificar otra noche negra en San Sebastián. La segunda mitad en el Reale Arena arrancó con una Real Sociedad obligada a reaccionar y con un cambio de guion absoluto. Tras el paso por vestuarios, el técnico ajustó las piezas txuri-urdin sobre el tablero, logrando que el equipo fuera mucho más incisivo y dominara el partido. La insistencia blanquiazul encontró su premio gracias a la fortuna y la picardía. Sergio Gómez recortó distancias en el marcador tras poner un centro envenenado al área; el envío no encontró rematador, pero nadie tocó el balón y este terminó colándose en la portería defendida por Petrovic, desatando la locura en las gradas y encendiendo la chispa de la remontada. Con el 1-2, la Real volcó el campo hacia la portería inglesa. Sin embargo, la tensión del encuentro se reflejó en el banquillo local en el tramo definitivo. En el minuto 73, el capitán Mikel Oyarzabal fue sustituido y se marchó visiblemente enfadado, un reflejo de la frustración por no haber podido batir la muralla rival. A pesar del dominio absoluto y de encerrar al conjunto británico en su propia área durante los últimos minutos, la Real Sociedad no logró certificar el empate. Petrovic salvó a su equipo en los minutos finales con paradas antológicas. Óskarsson tuvo el empate sobre la bocina pero el portero serbio convirtió el sueño donostiarra en pesadilla. El pitido final dejó cierta preocupación con una derrota que prolonga la racha negativa en San Sebastián.