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Los venezolanos seguimos viviendo tiempos difíciles, llenos de angustias, incertidumbres y preguntas sin respuesta. No obstante, atentos al presente, mantenemos una esperanza alimentada por la inteligente y eficaz conducción p de María Corina Machado, el esfuerzo y compromiso ciudadano de innumerables compatriotas y el optimismo de estar convencidos de ver, muy pronto, el final de años de feroz dictadura, de empobrecimiento, de carencias de todo tipo, de destrucción de Venezuela.
Vimos con simpatía la captura de Maduro, su enjuiciamiento en New York por narcotráfico y otros delitos, así como el plan de tres fases anunciado por los Estados Unidos que debe conducir a un gobierno legítimo mediante la realización de elecciones libres. Sin embargo, desconocemos los detalles del plan norteamericano, la fecha de las elecciones, y mucho menos el contenido de los acuerdos con los hermanos Rodríguez, con Diosdado Cabello y otros personajes de dudosa reputación.
Desconocemos las particularidades del “mayor acuerdo petrolero de la historia del mundo” realizado con la “respetada presidenta interina de Venezuela” según el cual, los Estados Unidos asumen el control mayoritario de buena parte de nuestro petróleo. Seguimos ignoramos cómo se manejan los ingresos petroleros de Venezuela. Mucho menos los opacos y nada transparentes convenios que se anuncian, cada cierto tiempo, desde Washington y Caracas, con personajes de tropelías conocidas y mercaderes de cualquier estopa.
Lo que si conocemos los venezolanos es nuestro derecho a disponer y conocer sobre el manejo de nuestros recursos. Lo que sí conocemos son nuestros derechos fundamentales conculcados por tantos años. Lo que sí conocemos es como se ha impuesto el derecho de la fuerza antes que la fuerza del derecho.
Los venezolanos sabemos que el interinato de Delcy Rodríguez, tutelado por los Estados Unidos, es ilegítimo y rechazado por nuestro pueblo en términos mayúsculos. Sabemos que todos sus actos son susceptibles de nulidad y lo serán, una vez volvamos a ser república.
A ocho meses de la captura de Maduro, mediante la intervención militar norteamericana, los venezolanos sabemos que en Venezuela el estado de derecho sigue ausente. Sabemos que la Constitución de 1999 es una entelequia. Sabemos que seguimos viviendo en una dictadura que tiene como figuras más visibles a los hermanos Rodríguez y a Diosdado Cabello, corresponsables de la destrucción de Venezuela y acusados de cometer terribles crímenes. Los venezolanos sabemos que los comentarios elogiosos del presidente de los Estados Unidos sobre la interina usurpadora son dirigidos a sus electores de Springfield, pero nos irritan, nos incomodan, nos disgustan.
Los venezolanos sabemos que, no obstante, la liberación de importantes presos políticos y la disminución de la represión en Venezuela, el ejercicio de nuestros derechos civiles y políticos, libertad de expresión incluida, continúan restringidos y son objeto de permanente amenaza por unos cuerpos represivos cuyos jefes y torturadores se mantienen. Sabemos que muchos compatriotas no han podido regresar al país, mientras políticos delincuentes, “chavistas invisibles”, “hombres de negocios”, “alacranes” y “enchufados” se pasean por nuestras calles con los lujos propios de la riqueza mal habida.
Los venezolanos sabemos que, al igual que durante los últimos veintisiete años, nuestra participación política está controlada, limitada y perseguida. No obstante, estamos convencidos que nuestra espiritual lucha, resistencia activa y paciencia constante que subordina la acción a la ética, son una razón de vida, que no encontrará descanso hasta que, más temprano que tarde, volvamos a ejercer plenamente nuestros derechos, podamos continuar sirviendo a Venezuela y vivir en paz con los nuestros y con nuestras familias.
Los venezolanos sabemos que las decisiones más importantes de nuestro devenir, contraviniendo la voluntad popular, se siguen tomando en el extranjero. Ayer en La Habana, hoy en Washington. Antes, el chavismo decidió aliarse con el régimen de Cuba y otras dictaduras, para promover una supuesta revolución socialista antimperialista, vale decir, en contra de Norteamérica. Ahora, los Estados Unidos decidieron un plan que los convierte en aliados para la estabilización, recuperación del país y transición democrática.
Los venezolanos sabemos que requerimos el apoyo del mundo democrático y muy especialmente de los Estados Unidos, quienes durante todo el siglo XX fueron aliado preferente de Venezuela, tanto en las circunstancias de las guerras mundiales como de la guerra fría. Los venezolanos comprendemos que Venezuela necesita de los Estados Unidos y los Estados Unidos necesitan nuestro petróleo a mediano y largo plazo. Estado Unidos necesita un continente en paz y los venezolanos confiamos en poder contribuir a la institucionalización de la democracia, por doquier, como vía idónea para la paz.
Los venezolanos estamos convencidos que el cambio político en Venezuela exige la realización de elecciones libres a la brevedad. Convencidos estamos que los retrasos en esta dirección impiden, como los hechos lo vienen demostrando, la estabilidad y recuperación económica. Sabemos que, con presos políticos, compatriotas exiliados e inhabilitados políticamente, no son posibles elecciones libres. Sabemos que cada día se va haciendo más necesaria la substitución inmediata del interinato usurpador. Sabemos que mientras el tiempo pasa, el pueblo sufre.
Los venezolanos esperamos que la llamada mesa de diálogo en la cual participa el régimen y los diputados de la Asamblea Nacional 2015, escogidos por el gobierno de los Estados Unidos, contribuyan a la reinstitucionalización democrática de Venezuela. Han prometido la designación de un nuevo e imparcial Tribunal Supremo de Justicia, así como del Consejo Nacional Electoral. Esperamos conocer, en breve, los detalles de esos acuerdos, los nombres de los nuevos magistrados y rectores, las fechas de sustitución del régimen interino, así como la realización de elecciones libres. Estamos atentos a sus discursos, pero sobre todo a los hechos.
Los venezolanos sabemos que en este momento crucial de nuestra historia estamos viviendo en un estado de conflicto permanente. Sabemos que muy pronto estará entre nosotros María Corina Machado. Contamos con su conducción y liderazgo indiscutible para continuar recorriendo unidos los caminos hacia la libertad y muy pronto, comenzar a cambiar nuestra realidad y transformar esta Tierra de Gracia en la Venezuela democrática que soñamos. En Valencia, España, agosto de 2026.