Mucho antes de la creación de la estructura del Movistar Team femenino en 2018, el ciclismo femenino en España era un territorio eminentemente amateur, precario en la faceta económica y sostenido por la voluntad inquebrantable de un puñado de pioneras y unos cuantos equipos entusiastas que se resistían a claudicar. Una de aquellas personas siempre activas para promocionar su deporte, en el que fue una estrella, es la salmantina Dori Ruano, quien hoy afirma: « Si Paula Blasi va a ganar 600.000 euros anuales en el Movistar es porque el mercado decreta que lo vale. Y no puedo alegrarme más por ella y por el ciclismo femenino». Dori Ruano, campeona del mundo en pista, y también Joane Somarriba, vencedora del Tour de Francia y el Giro de Italia, forjaron un carácter de hierro a base de vivir calamidades en los años 90, cuando el ciclismo femenino era una gota de agua en un océano. Competían sin referentes a los que agarrarse, en un entorno de dificultades, sin estructuras ni medios. Durante las carreras comían en la camper o en la furgoneta, se recuperan del esfuerzo de las etapas en coches durante los traslados, a veces sin masaje porque no había recuperadores, con un solo mecánico por equipo, y durmiendo alguna vez en colegios, reformatorios o casas de acogida, lejos de los hoteles con estrellas. Y todo ese carrusel de penurias lo juntaban con contratos que a veces eran papel mojado porque los dueños de los equipos no pagaban y no había un lugar de amparo en el que reclamar. «Era lo que había, éramos de segunda división, mientras el pelotón masculino ya tenía de todo», recuerda Ruano. La vizcaína Joane Somarriba se consagró como la mejor ciclista española de la historia al ganar tres Tours de Francia (2000, 2001, 2003), dos Giros de Italia (1999, 2000) y el Campeonato del Mundo contrarreloj (2003). La paradoja de su éxito residió en que a pesar de sus triunfos históricos, la falta de estructuras profesionales en España la obligó a desarrollar la mayor parte de su carrera en equipos de Italia, en una desastrosa fuga de talento. Durante los primeros años del siglo XXI, el ciclismo femenino español sobrevivió gracias al esfuerzo de proyectos locales que actuaban como canteras. Los equipos se enfrentaban a graves problemas económicos. Las ciclistas no se regían por una tabla de salarios mínimos ni cotizaban a la Seguridad Social. A veces se costeaban ellas mismas las bicicletas, ante la falta de mecánicos, fisios o entrenadores propios. Algunas corredoras competían a veces en pruebas masculinas de categorías inferiores para entrenarse. La irrupción del Movistar en 2018 impulsó a las ciclistas del equipo hacia un profesionalismo real, con sueldos dignos, contratos regulados y una dedicación más o menos exclusiva al deporte. En el pelotón femenino se destaca el programa ‘Universo Mujer’, impulsado hace años por el Consejo Superior de Deportes (CSD), que aporta importantes desgravaciones fiscales para las empresas que invierten en deporte. Un 15% del gasto en publicidad en la cuota del impuesto sobre sociedades y un 45% para las compañías que realizan donaciones pero no gastos de publicidad. La llegada de patrocinadores y nuevas carreras (Vuelta a España, Burgos, Andalucía, País Vasco, Cataluña) proyectaron una mejora en las condiciones económicas de las ciclistas del World Tour (primera división). Ahora se benefician de un salario mínimo 38.000 euros anuales. «Por suerte cada vez hay más oportunidades y más eventos -explica Dori Ruano-. Tenemos el Tour, el Giro y la Vuelta, las casas comerciales y el público ven a las ciclistas por televisión, los patrocinadores comprueban la repercusión y el retorno. Hay márketing, repercusión mediática y un cambio de mentalidad en la sociedad que ha modificado la visión del deporte femenino. Se ha unido todo». «Las ciclistas ahora van mucho más rápidas, porque han cambiado la manera de entrenarse y cuidarse y también los materiales», amplía la exciclista salmantina. Varios equipos masculinos han ampliado su oferta con una escuadra femenina (Movistar, UAE, Visma, Lidl, Jayco, FDJ, Education First, Uno X…), y las ciclistas disponen de los mismos medios técnicos, logísticos, médicos y de materiales que las estructuras masculinas del World Tour. Compiten con acceso directo a la primera división y, mientras, se han consolidado carreras espectaculares, como la última Vuelta a España que ganó Paula Blasi en el Angliru en la última etapa. Los salarios mínimos regulados por la UCI han aumentado un 153 por ciento en los últimos cinco años, y los sueldos medios dentro de los equipos de la máxima categoría se sitúan alrededor de los 85.000 euros anuales. En este nuevo contexto, el rendimiento deportivo y comercial ha disparado la retribución de las ciclistas de élite. La número uno mundial, la holandesa Demi Vollering, cobra un millón de euros. La belga Lotte Kopecky ronda los 900.000, la italiana Elisa Longo-Borghini se lleva 800.000. Y en el cuarto lugar, la española Paula Blasi va a percibir 600.000 euros anuales hasta la conclusión de su contrato en 2029, la fecha que Movistar tiene firmado su patrocinio con Abarca Sport, la empresa que dirige Eusebio Unzué. Su contrato lo ha negociado su mánager, Alex Carera, quien también representa a Tadej Pogacar. Blasi, que este curso ha ganado la clásica Amstel Gold Race, la Vuelta a España, la Volta a Cataluña y fue quinta en el Tour, es un caso atípico: lleva solo dos años y medio practicando ciclismo. «Siempre digo que me considero más una deportista que una ciclista. Aunque ahora haga bici y siga haciendo bici de aquí a 10 años, yo voy a seguir saliendo a correr, a esquiar, a nadar… El deporte es parte de mi vida, mi profesión es el ciclismo, pero yo soy deportista», explicó en una entrevista a ABC. Espíritu libre y salvaje, fundida con la naturaleza, Blasi necesita la hiperactividad para sentirse bien, en calma. Así como Vollering es adicta al yoga, la bici de gravel o la mountain bike, la catalana disfruta con la diversidad deportiva que practica en los Pirineos. «La natación, el duatlón, el esquí… Todo eso es lo que la ha llevado donde está -analiza Dori Ruano-. Las ciclistas de élite hoy son atletas, que tienen su organismo mejor preparado para el éxito».