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Edición en español Miércoles 7 de octubre de 2026

Con Mbappé dato no mata relato

Ahora que ya asoma la Liga después del parón de selecciones más largo que se recordar, convendría recuperar donde habíamos dejado la película de la temporada para el Real Madrid hace ya más de dos semanas: quejas arbitrales, mal momento de Vinicius, lesión de grado tres en el tobillo de Valverde según los servicios médicos del club, lío de las camisetas en Elche y un cabreo con Mbappé en el ambiente que va creciendo a medida que el francés aparece en escena fuera de los terrenos de juego. Como esto último es precisamente lo que más está marcando la conversación en las últimas horas, convendremos que con el francés, el dato no mata al relato. Ya puede meter goles, ya puede batir récords, ya puede optar al premio que sea, que los pulgares apuntan hacia abajo. Sentenciado. Lo está, además, por bocas y plumas muy cercanas al poder, por periodistas súper respetables y fantásticamente informados. Los últimos episodios – discoteca en París con su pareja, bicicleta en Suiza, llegada a Madrid cuando el equipo entrenaba- alimentan ese argumentario que se le ha vuelto en contra sólo unos días antes de volver a jugar ante su público en el Bernabeu. Quizá no sea más que otra forma de proteger a Vinicius, de desviar el foco sobre el mal momento del brasileño y sobre otros asuntos más complejos, pero a Mbappé le va a tocar pagar toda la factura cuando él sólo debería asumir una parte del menú. Mbappé va a su bola, pero lo que ejecuta lo hace con el permiso del club (Florentino) y del cuerpo técnico (Mourinho). No está en su mejor momento, pero es con ocho goles el máximo goleador del equipo esta temporada. Lo fue, por supuesto, en las dos últimas, donde anotó 44 la primera y 42 la segunda. Si todos los jugadores hubieran hecho su trabajo con la misma eficacia que Mbappé quizá no estaríamos hablando de dos años en blanco. Culpar a Mbappé del mal momento de otros es muy injusto e indemostrable. Se le acusa de no ser un líder, como si Vinicius, el protegido, lo fuera. De correr poco para abajo, como si esa resultara su función principal. De fallar goles, como si el resto de los delanteros metieran todas las que tienen. De no entender el Real Madrid y sus códigos. Y Mbappé, ante esto, da entrevistas para el Balón de Oro, visita a los médicos que le da la real gana y pasea en bicicleta después de que su entrenador criticara a los jugadores que andan en bicicleta. Tanto esfuerzo para ficharle, tantos años de tictac, para ahora querer destrozarle a base de un relato que no es casual. No hay dato que pueda con ese relato. Lleva el sello del poder.

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