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Edición en español Lunes 12 de octubre de 2026

La aventura española en los exóticos y ancestrales Juegos Mundiales Nómadas

Sara González y Lorenzo Martínez se vieron allí, en el Biskek Arena, desfilando con sus compañeros de delegación, ataviados con un traje regional ‘ad hoc’ delante de 50.000 espectadores. No eran exactamente los Juegos Olímpicos, pero sí hay un programa deportivo, 109 países participantes, competición, banderas, ceremonia de inauguración, torneos y medallas. Todos los ingredientes olímpicos a los que hay que añadir la sede de esta edición, Kirguistán, que eligió el valle de Kyrchyn Gorge, en la zona del Issyk Kul, uno de los lagos montañosos más grandes del mundo, como paisaje de la competición, y unas disciplinas muy particulares. Algunas, con más de 3.000 años de antigüedad, como en la que participa Sara. Son los Juegos Mundiales Nómadas, una celebración entre el deporte, la cultura y la tradición de los pueblos nómadas de la región de Asia Central. Tiro con arco a caballo, lucha, cetrería, en el que participó Luis Guijarro Panadero , lucha de brazos, aplastamiento de huesos, lucha con cinturón, carreras con perros, ordo (una especie de petanca pero con lanzamiento de vértebras) y juegos intelectuales son algunos de los deportes que se practican, se enseñan y se mantienen en estos días en los que el árabe, el turco, el ruso, el inglés, el español y muchos dialectos más se entremezclan para abrir mentes y vivencias, como señala González. «Con una diversidad cultural, lingüística y religiosa tremenda. Con deportistas de Irán compitiendo contra Estados Unidos o rusos contra ucranianos con el espíritu deportivo de que gane el mejor», explica todavía con la emoción en la voz. «Al ser deportes minoritarios somos comunidades muy pequeñas, por lo que siempre hay muy buen ambiente. Intentas conocer los demás deportes, y también el trasfondo étnico y cultural», admite Martínez. «Es una experiencia única. Por la noche puedes acabar bailando la Macarena con gente de Mongolia, de Corea, de Turquía. Y la política no entra», sostiene González. Aunque un poco sí entra. En esta edición la inauguración coincidió con el 35 aniversario de la independencia de Kirguistán y la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái. Entre los asistentes en el Biskek Arena, Vladímir Putin, António Gutierres, Alexander Lukashenko y Xi Jinping. Ella, abogada de profesión, competía en una sección de estos Juegos muy determinada: los juegos intelectuales. El suyo es el togyz korgool, como se conoce en Kirguistán, o también denominado togyzqumalaq, como se nombra en Kazajistán. Logró la medalla de bronce para el equipo femenino, que supuso el segundo metal para la vitrina española en la historia de estas competiciones. Cada contendiente dispone de un número de semillas (o piedras, frutos secos o huesos, como en su origen) que puede distribuir en los nueve agujeros que tiene para sí en el tablero, y tratará de conservar las máximas posibles mientras intenta capturar las del rival hasta que este se quede a cero. «No hay azar, es estrategia, matemáticas, cálculo, lógica. Es uno de los deportes intelectuales abstractos más antiguos del mundo», explica González. Está en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco desde 2020 y hay vestigios de este juego que datan de hace 7.000 años. González sigue aprendiendo de forma casi autodidacta, aunque hay comunidades de muchos países para practicar y jugar online y quiere empezar un proyecto en el que los libros de consulta se traduzcan al español para aumentar el número de participantes. «Son deportes impresionantes, muy antiguos, en los que compite mucha más gente de la que creemos», añade Martínez, que capitaneó al primer equipo español de lucha de brazos. «Fue una experiencia fabulosa porque normalmente nosotros competimos en polideportivos y aquí era en mitad de las montañas, a 2.500 metros, con gente autóctona. Había zonas de bazares, una ‘etnovillage’ en la que te enseñaban, te acogían, te mostraban la cultura de las regiones del Kirguistán. Le daba ese toque rural nómada que subraya la excepcionalidad de estos Juegos en los que se reivindica la cultura tradicional nómada del centro de Asia. Y aquí estábamos los de lucha de brazos, y al lado los de sumo, y más allá los que rompían huesos», añade Martínez. Él era el ‘coach’ y organizador del primer equipo español de lucha de brazos que participaba en una cita como esta. Y con un resultado estupendo a pesar de ser una competición de altísimo nivel con campeones del mundo, pues Arnau Hellín fue bronce en categoría menos de 90 kilos con el brazo izquierdo y Samuel Mesdaghi, quinto con el brazo derecho en menos de 80 kilos. «Más allá de las medallas es que ser campeón de Europa de lucha de brazos en España no te da ningún reconocimiento, por ejemplo, y estos Juegos sí te da la sensación de que te tratan como un atleta de élite. La gente lo tiene mucho más en cuenta y eres mucho más reconocido porque ellos lo llevan practicando años y años». Aunque es lo que se conoce popularmente como un ‘pulso’, Martínez advierte de que tiene un gran nivel de táctica, técnica y estrategia. «Se practica encima de una mesa con unas medidas determinadas y con almohadillas para los codos, y hay dos árbitros comprobando que se comience en posición recta y que los codos no se muevan, porque está prohibido». Aunque en España hubo un bum en los años 90, esta disciplina cogió mucha popularidad en países del Este y ahora sobresalen Georgia, Rusia, Turquía o Kazajistán. «Desde fuera parece sencillo, pero cuando le dices a alguien que empieza todas las indicaciones: pon el pie aquí, muévete hacia aquí, haz presión allá… No parece tan técnico desde fuera, pero hay muchas cosas que pasan a la vez». Lo más conveniente para este deporte: «un antebrazo largo, dedos fuertes, mano grande. Cuanta mejor palanca tengas, mejor», subraya Martínez que también aporta un dato: «Es una de las disciplinas más inclusivas: hay categorías para todo tipo de capacidades: ciegos, sordos, en silla, amputados, intelectual, y por edades hay hasta más de 70 años». Ambos remarcan que si se acude una vez, se repite. Por el ambiente, la riqueza cultural, el descubrimiento de otros mundos que fomentan las tradiciones en formato Juegos Olímpicos. En 2028, Kazán.

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