Estaba sentado en el suelo con los ojos llorosos y con el posado triste al lado de trozos de cristal y delante de su comercio. El comerciante bengalí Robiul Hassan , de 22 años, seguía muy impactado este domingo por los destrozos que sufrió el sábado por la tarde su tienda de accesorios y teléfonos móviles. Muchos de los pillajes en numerosas localidades francesas no se rigieron por ningún criterio ideológico, más allá de un frenesí violento. Destrozaron sucursales bancarias, tiendas de grandes franquicias, pero también pequeños comercios. «No entiendo cómo la gente puede protestar de esta manera», reconocía Hassan, que vive en Francia desde hace diez años y había abierto a principios del verano su tienda, situada justo al… Ver Más