La historia se repite. Lo que ha ocurrido esta semana en un cross escolar en el estado de Washington recuerda en cierto modo a lo sucedido en los Juegos de Río de Janeiro. Hace 10 años Caster Semenya cruzaba la meta en cabeza en la final olímpica de 800 metros. Por detrás de la sudafricana entraron Niyonsaba (Burundi) y la keniana Wambui. En la actualidad, a ninguna de estas tres medallistas (que presentaban DSD, diferencias en el desarrollo sexual) se les habría permitido competir con la nueva normativa el Comité Olímpico Internacional. El podio lo habrían poblado la canadiense Bishop, la polaca Jozwik y la inglesa Shark. Pero esas medallas nunca serán suyas: la decisión del COI no tiene efectos retroactivos. La polémica no cesa a la hora de valorar la participación en el deporte femenino de atletas transgénero o con DSD. El Comité Olímpico Internacional (COI) decidió en marzo que, a partir de los Juegos de 2028, la categoría femenina quedará reservada exclusivamente a las mujeres biológicas. Una prueba genética centrada en la detección del gen SRY —ese marcador del cromosoma ‘Y’ que determina el desarrollo masculino—, será el criterio inapelable. Las deportistas trans, aquellas que han pasado por la pubertad masculina, quedarán excluidas de las pruebas femeninas. También las mujeres con estado intersexual DSD. Punto y final. La decisión, anunciada la pasada primavera por la presidenta Kirsty Coventry, fue la constatación, tardía pero firme, de lo que la fisiología lleva décadas anunciando: el deporte de élite es un campo de batalla donde la biología dicta las reglas. Y el COI optó por escuchar a los expertos en medicina. La doctora Mayte Martín, ginecóloga en la Clínica Palacios de Madrid, explica a ABC que «estamos ante un asunto controvertido. Se trata de deportistas que desde el punto de vista psíquico se sienten mujeres y quieren participar en las competiciones femeninas. Lo que sucede es que desde el punto de vista físico siempre va a haber diferencias en el rendimiento y esto va a suponer para el resto de las mujeres una enorme desventaja. Realmente es un problema complicado de solucionar». «La norma actual no va en contra de nadie, ni contra los deportistas transgénero ni contra las alteraciones en el desarrollo sexual», señala el doctor Christophe Ramírez, jefe médico del atletismo español, «es una reglamentación que trata de proteger la competición femenina. Porque una deportista que ha nacido como hombre, cuenta con unas ventajas anatómicas y de fuerza que no va a perder por mucho que se hormone después. Es como si Pau Gasol quisiera convertirse en mujer y se sometiera a un tratamiento, pues perderá fuerza… ¡pero no iba a dejar de medir 2,13! La percha y el físico están ya ahí». Recordemos el camino tortuoso que trajo la norma hasta aquí. Durante años, el COI aplicó el mantra de la inclusión. El marco de 2015 permitía a hombres que se declaraban mujeres competir en categoría femenina siempre que suprimieran sus niveles de testosterona durante un tiempo determinado. Pero la testosterona, como el dopaje, no parece borrarse con un tratamiento El doctor David Capapé, del centro BiClinic, afirma que «la decisión del Comité Olímpico me pareció muy acertada: creo que va en una buena línea». Capapé, traumatólogo especializado en atletismo, añade que «este es un asunto que hay que dejar en manos de los expertos. Se le está dando demasiada importancia y a veces se opina mucho en términos de ideología y no con conocimiento». «A las federaciones nacionales de atletismo se nos consultó en 2024. World Athletics quería conocer la opinión de los médicos de todas las naciones y se llegó al acuerdo de llevar a cabo los tests de cromosomas. ¿Qué hacer con las deportistas trans y las DSD? No lo sé. Para estas deportistas que están en terreno de nadie quizá se haga una categoría nueva o se cree una federación nueva. Esto se me escapa», concluye el doctor Ramírez. Hemos visto los ejemplos. En natación, Lia Thomas, un nadador de nivel bajo en categoría masculina, se convierte en campeona universitaria femenina tras la transición. En ciclismo, Austin Killips gana carreras femeninas. En boxeo, casos de DSD (diferencias en el desarrollo sexual) como Imane Khelif y Lin Yu-ting en París 2024, ya generaron polémica mundial, como la participación de la levantadora de pesas neozelandesa Laurel Hubbard. Desde Doha, el doctor Juan Manuel Alonso, médico deportivo en el Centro ASPETAR, se refiere al artículo científico liderado por el investigador surafricano Ross Tucker. «En este artículo, en el que hemos participado varios médicos, se señala que la producción interna de testosterona durante el desarrollo masculino origina ventajas claras en masa muscular, tamaño corporal, resistencia, velocidad, fuerza y potencia». En su día, las reacciones a la decisión del COI no se hicieron esperar, con acusaciones de «odio», «exclusión» y «ataque a los derechos humanos». Caster Semenya criticó la nueva norma. «La presidenta Coventry es una mujer africana, como yo. Esperaba que fuera diferente. Pero nos ha fallado. Realmente no escucha a nadie: sólo a los poderosos». Para el COI la seguridad de las deportistas en deportes de contacto —boxeo, rugby, judo— no parece negociable. El organismo con sede en Lausana dice priorizar el interés de las mujeres y apoyarse en evidencias científicas Una de las voces más críticas con la nueva norma es la de Megan Rapinoe, futbolista retirada en 2023. La excapitana de la selección estadounidense calificó de «realmente horrible» la decisión del COI. Según Rapinoe, estamos ante la aplicación de «un test invasivo, que demuestra que Coventry ha capitulado ante las corrientes de pensamiento conservadoras. Para mi, esto es una sumisión total a la administración Trump y las políticas conservadoras de extrema derecha». En un mundo donde el dopaje genético, las superzapatillas y los entrenamientos que simulan la altitud ya desafían los límites de lo humano, el COI intenta proteger el deporte femenino y defiende que las mujeres no son ‘hombres con menos testosterona’, sino un sexo con sus propias características, sus propios récords y su propio mérito. El deporte, ahora, parece valorar más ser mujer que sentirse mujer.