
La imagen se repite en el interior del pabellón habilitado en Urda para los heridos en el accidente, donde hasta el momento han fallecido 69 personas. Un sanitario intenta poner orden en el caos, mientras decenas de heridos tratan de encontrar entre lágrimas una explicación a lo sucedido. Fuera, decenas de voluntarios empiezan a llegar con sillas, agua, hielo y mantas para ayudar a las más de 100 personas lesionadas que desde el pabellón empiezan a ser conscientes de la situación.
Por larazon.es
Los pasajeros pasan por las manos de los servicios médicos para curar cortes, heridas y hematomas. Esos son los golpes que se ven. Hay otros para los que no hay vendas ni apósitos. Son los que quedarán en el interior de quienes han vivido en primera persona una de las mayores tragedias ferroviarias en la historia de nuestro país. La segunda en apenas 10 meses desde que el accidente de Adamuz tiñera de negro el transporte ferroviario en España.
Uno de los pasajeros que ha conseguido salir por su propio pie de los trenes es Alberto. Pasajero del coche 3 del AVE, no es capaz de encontrar palabras para expresar todo lo que siente unas horas después del siniestro. Solo es capaz de contener las lágrimas. “Afortunadamente mi vagón era de los últimos”, asegura a LA RAZÓN, una vez conseguido calmar los nervios. “Ha sido horroroso. Hemos pasado por encima del Iryo. Solo recuerdo del impacto un segundo que es eterno, luego la oscuridad y agacharme para protegerme. Nos hemos tenido que ayudar para salir. En mi vagón había un trozo de vía atravesado por el techo. Y debajo había un hombre”.
Las emociones cortan las palabras. Sin embargo, Alberto encuentra fuerzas para pedir explicaciones ante un accidente que no llega a comprender: “Hemos chocado con el Iryo que iba delante, también con el mismo destino. Es incomprensible que un tren con tres paradas solo tenga 5 minutos de margen con respecto a nosotros, que solo hacemos una. Hemos estado parados unos 12 minutos antes y nos dicen desde cabina que es un problema de tráfico. No sé si había una carrera de vacas. No entiendo eso del tráfico. Y recibimos un mail de que hay percances en la infraestructura, y justo en ese momento se produce el impacto”.
Alberto consigue mantener la compostura ante las preguntas de la prensa. Eduarda, por contra, no consigue contener las lágrimas. Sus 17 años todavía guardan una inocencia que esta mañana se ha borrado por completo entre imágenes que no olvidará nunca. “Iba con mis gatos, intentando dormir, cuando sentí un impacto enorme. Me comí la mesa que había delante y los gatos también salieron disparados. Pensaba que se había detenido por un fallo, pero de repente he empezado a ver gente ensangrentada en mi vagón, gente gritando… Y ahí es cuando decidimos salir”.
A Eduarda y al resto de los pasajeros que salían por las ventanas todavía les quedaba lo peor. “Una vez que salí, es cuando vi todo lo que había pasado. Había fuego en un vagón y yo he visto gente llena de sangre o que se le veían los huesos. Una persona había perdido el pie”, recuerda esta adolescente que viajaba a Sevilla a ver a su hermana. “Había un vagón volcado con toda la gente herida y gritando por el dolor. Ha sido una catástrofe y muy traumático. No se lo deseo a nadie. Yo estoy bien, pero no puedo procesarlo. Hay mucha gente jodida”.
Los gritos de los pasajeros atrapados entre los amasijos de hierro alertaban a aquellos que podían ponerse en pie. Fue una alarma que activó el sentido de la solidaridad entre los afectados. Todos querían ayudar, como recuerda Eduarda, que viajaba en el vagón número 6 del Iryo: “Yo me ofrecí a ayudar y ahí lo que me dijeron es que me quedara con ellos, que no se durmieran porque se podían morir”.
Han sido minutos de caos y de incertidumbre. Momentos en el que los nervios afloraban en su versión más aterradora. Pero, ¿y minutos antes, cómo estaban los vagones? Tania viajaba en el Iryo y recordaba el instante antes de que su tren fuera embestido por el AVE: “Nos quedamos parados 15 minutos y después de ese tiempo arrancó y frenó de golpe. Justo después, un impacto muy grande, y ya hemos visto de todo. Gente por el suelo, gente volando, gente sangrando. Inmediatamente abrieron las puertas de nuestro vagón y pudimos salir”, recuerda otra de las víctimas leves de una tragedia de la que todavía se desconoce la verdadera dimensión.
Otra de las personas que viajaba en el AVE, como hace cada miércoles para ir de Madrid a Sevilla, es Manuel Banderas. El actor va todas las semanas a la capital hispalense para grabar un programa de Canal Sur. Nada le hacía presagiar lo que iba a pasar cuando su AVE salía de Atocha con dos minutos de retraso con respecto al horario previsto. “Lo que he visto es un horror“, aseguraba en Onda Cero. “Iba en el vagón 2 del AVE de las ocho de la mañana. Ha habido varios parones por acumulación de tráfico hasta que se ha producido un frenazo muy fuerte y ya sólo recuerdo dar vueltas en el suelo”.
Son los testimonios de un accidente que ha vuelto a abrir el interrogante sobre la seguridad de un sistema que contaba con la confianza de todos los viajeros españoles y que hoy se ha colocado en el disparadero por imágenes como la que relata Fernando: “Ha saltado todos por los aires, parecía que estabas volando. Lo importante es que esto no vuelva a pasar”. O Rosa, otra víctima que ha salido del pabellón de Urda con un golpe en la cara: “Me he tenido que tapar la cabeza, porque han empezado a caer cosas. Ha sido un desastre. Yo me encuentro bien, pero no todos han podido decir lo mismo. Enseguida nos hemos ayudado entre todos, ha venido la Guardia Civil y aunque había dificultades para salir, he tenido suerte de poder salir porque había gente aprisionada”.