Kylian Mbappé no esconde su ambición. El delantero francés del Real Madrid, distinguido con el Onze d’Or, el premio al mejor futbolista de la temporada que concede la revista Onze Mondial desde 1976, defiende abiertamente sus opciones de ganar el Balón de Oro y reivindica una mentalidad que considera indispensable para alcanzar grandes objetivos. «Para hacer grandes cosas, no puedes salir al campo pensando que los demás lo pueden hacer mejor que tú», asegura. Una confianza en sí mismo que, sin embargo, no le impide reconocer sus errores: «Los que piensan que soy perfecto no tienen televisión, porque creo que he demostrado una y otra vez que puedo meter la pata». En una entrevista con la publicación francesa el atacante explica que atraviesa una etapa en la que busca comprender mejor el juego y controlar más aspectos de su fútbol. «Quiero saber interpretar los momentos clave de un partido, de una temporada, de una jugada. Poder tener realmente más control sobre lo que hago, dejar menos margen a lo imprevisible», señala. Sin embargo, no quiere renunciar a dos cualidades que considera esenciales en su estilo: «Creo que hay que dejar espacio a la creatividad y al instinto, porque forman parte de mi juego, y eso es algo que nunca debo perder». A la hora de hacer balance de su trayectoria, Mbappé le pone «un 10» a su carrera. No tanto por los títulos conquistados como por la intensidad con la que ha vivido cada etapa . «Siempre están los títulos que has ganado y los que se te han escapado. La gente le da mucha importancia a eso, pero lo primero que recuerdo no son los goles que he marcado ni los títulos que he ganado, sino que, en los 10 u 11 años que llevo, nunca me he aburrido ni un solo año», explica. El francés asegura que nunca ha levantado el pie del acelerador, ni siquiera en los momentos más complicados. «Nunca he descuidado ni he restado importancia a lo que vivía y siempre lo he vivido al máximo. He vivido momentos extremos en mi carrera, picos positivos y picos negativos en los que me encontraba más en la tormenta, pero siempre he vivido mi carrera con intensidad y nunca he pisado el freno», recuerda. Esa capacidad de adaptación es otra de las características con las que se identifica. Mbappé considera que puede desenvolverse en cualquier contexto y que sus experiencias en diferentes países y culturas le han ayudado a desarrollar esa habilidad. «Creo que eso me convierte, no en un camaleón, sino en un ciudadano del mundo, porque viajé mucho desde muy joven, aprendí bastante de diferentes culturas y pude asimilarlas». A ello suma una personalidad «alegre y soñadora», que le lleva a dejarse guiar por el presente más que por el pasado. También se declara feliz con la vida que ha construido. «He tenido la vida que siempre he querido tener, siempre quise ser futbolista. Eso requiere adaptarse y afrontar cosas que no estaban previstas, pero he cumplido mi sueño de jugar al fútbol y disputar las mejores competiciones cada fin de semana. ¿Qué hace falta para ser más feliz? Nada más», afirma. Mbappé reconoce que mantiene su ambición en el ámbito profesional, pero establece una diferencia con su manera de entender la vida. «Creo que no soy de los que siempre buscan tener más. En el trabajo sí, pero no en la vida. En la vida, también hay que conformarse con lo que uno tiene, y yo estoy muy contento con lo que tengo», sostiene. El delantero también reflexiona sobre la imagen que los aficionados tienen de él y sobre los juicios que se emiten a partir de lo que sucede en el campo o de lo que se ve en televisión. Su respuesta a quienes lo consideran perfecto es contundente. «¡Los que piensan que soy perfecto no tienen televisión, porque creo que he demostrado una y otra vez que puedo meter la pata! Y me parece bien. Nadie te conoce realmente a través de la tele. Por eso, a veces, hay análisis que no se ajustan a la realidad», explica. Por esa razón, prefiere no juzgar a los demás. «Tengo la experiencia de estar detrás de la pantalla, así que sé lo que es. Pero no puedes impedir que la gente tenga una opinión, aunque a veces sea errónea; son los avatares de la vida», añade. La edad también le ha proporcionado una perspectiva diferente a la hora de gestionar las críticas . A sus 27 años, considera que ha aprendido a distanciarse de determinadas opiniones y a concederles menos importancia. «Cuando eres joven, te lo tomas todo más a pecho. No lo entiendes, no te tomas las cosas con distancia. Hoy tengo 27 años, tengo perspectiva y entiendo que a veces hay gente que no busca analizar las cosas y que eso es así», reflexiona. Para él, la clave está en mantener la coherencia personal: «Lo más importante es ser coherente con tus valores, con tus principios, con el mensaje que quieres transmitir». La ambición de Mbappé alcanza su máxima expresión cuando habla del Balón de Oro. El francés defiende abiertamente que merece el galardón y asume la responsabilidad que implica reivindicarlo públicamente. «Sé que tengo que asumir las consecuencias tanto si sale bien como si sale mal. Mi personalidad es así: puedo soportar esa responsabilidad. Cuando lo digo, es tanto porque lo pienso como porque me sirve de motivación», explica. No entiende esa confianza como una forma de ponerse por encima de los demás, sino como una condición necesaria para competir al máximo nivel. «Para hacer grandes cosas, no puedes salir al campo pensando que los demás lo pueden hacer mejor que tú. Eso sería ponerte un límite, ponerte una barrera», argumenta. El delantero admite que no todo el mundo comparte esa mentalidad, pero considera que cada futbolista debe encontrar la suya. En su caso, la receta pasa por la ambición, la confianza y la búsqueda constante de superación. «Es la mentalidad que tengo, que quizá otros no tengan, y ese es el principio de una mentalidad: cada uno tiene la suya. La mía es esa, e intento superarme siempre diciéndome que, si hay alguien que puede hacerlo, ese soy yo», concluye.