El simbolismo reverencial de la camiseta número ’10’ de Argentina es tan poderoso como para transformar en respeto, incluso en admiración, una rivalidad tan encarnizada como la que mantienen con Brasil. Conscientes y orgullosos de ser quienes han elevado el dorsal ’10’ al altar máximo del fútbol, los argentinos saben y reconocen que el origen del mito se localiza en el país vecino del norte y que tiene nombre también legendario: Pelé. ‘O rei’ fue el primero que se ciñó la corona mundial y lo hizo con el ’10’ en su espalda amarilla. Fue, eso sí, por casualidad. O, siendo exactos, porque las costumbres de la época (años 50 y 60) asignaban los números —del 1 al 11— en función de la posición que ocupaba cada jugador. El ’10’ tenía que llevarlo un delantero o un centrocampista, y así lo hizo un descomunal Pelé en Suecia 1958 con solo 17 años, y los argentinos Rojas, Sanfilippo y Rattín en los Mundiales de 1958, 1962 y 1966 respectivamente. En 1974 Argentina cambió su criterio de adjudicación, adoptando el orden alfabético, y en el Mundial de Alemania el ’10’ lo llevó un defensa, Ramón ‘Cacho’ Heredia, entonces jugador del Atlético. En 1978, año en que fue el propio país sudamericano quien organizó y acabó ganando el torneo, la preciada camiseta recayó, casualidades de los apellidos, en Kempes, delantero, máximo goleador y figura de aquel campeonato. El combinado albiceleste pretendía seguir por la senda alfabética en España 82, pero la visión y generosidad de Patricio Hernández le llevaron a ceder el ’10’ que le correspondía a la joven y ya rutilante estrella del equipo: Maradona. El Diego no firmó un buen torneo, pero se aferró a la camiseta y cuatro años después, en México, de su deslumbrante actuación nació la leyenda definitiva del ’10’ en Argentina y en todo el mundo. Maradona perpetuó su legado en 1990 y 1994, y ni el largo paréntesis sin él de los Mundiales de 1998, 2002 y 2006 apagaron ese icono. ‘Burrito’ Ortega y Riquelme eran grandes futbolistas, pero carecían del aura especial de los elegidos. Messi sí la poseía y Maradona, reconvertido en seleccionador en 2010, supo verlo. Por eso le entregó personalmente el ’10’ albiceleste y desde entonces Leo ha mantenido encendida la llama de la mítica prenda número 10 durante los últimos 16 años. La única comparación posible, y mil veces hecha, entre los portadores del ’10’ de Argentina se escribe con dos nombres: Maradona y Messi. Es fácil barajar y manejar sus respectivas estadísticas para edificar e inclinar teorías favorables a Diego o a Leo, pero lo innegable es que únicamente ellos, cada uno en su época y con las peculiaridades propias del muy diferente tiempo futbolístico que les tocó vivir, han sido y serán «el 10» en la más grandiosa de las acepciones de tan especial guarismo balompédico. Porque, más allá de sus números, tan fríos como impactantes, Maradona y Messi dibujaron sobre el verde la definición apuntada por el escritor mexicano Juan Villoro en su libro ‘Balón dividido’: «El protagonismo del 10 es evidente pero su mayor virtud consiste en mejorar a los demás, que se esmeran por recibir sus pases. Si el rival anula a este estratega, el equipo sufre muerte cerebral. El verdadero sentido del número en su espalda consiste en indicar cuántos jugadores dependen de él». «El 10 es lindo pero hay que saber llevarlo». Lo dice Mario Alberto Kempes, el que abrió el sendero hacia la leyenda. Antes de que en el Mundial de Argentina 1978 a él le tocase ese dorsal, por pura secuencia alfabética de su apellido, la camiseta número 10 era una más, sin consideración especial ni dueño fijo. A partir del 25 de junio de aquel año, concluido el partido Argentina-Holanda en el Estadio Monumental de Buenos Aires, esa prenda albiceleste adquirió un peso y una trascendencia especiales. Porque aquella tarde Kempes anotó el primer gol de la finalísima del torneo y después, en la prórroga provocada por el empate neerlandés, marcó el decisivo 2-1 al culminar una gran e histórica jugada personal que desató la locura en la grada. Bertoni cerró el marcador (3-1) y Argentina se proclamó campeona del mundo por primera vez. Kempes fue el máximo goleador (Bota de Oro) con 6 tantos y el mejor jugador (Balón de Oro) del torneo. El entonces jugador del Valencia era un 9 puro, pero en aquel Mundial estuvo sobresaliente y sacó una nota final de 10, honrando el número que lucía al dorso y comenzando a escribir los primeros renglones de la futura epopeya de esa camiseta. Leo Messi pagó durante años la factura más cara que le pueden expedir a un futbolista en Argentina, la de no ser Maradona. La de no ser considerado digno de vestir la sacrosanta camiseta número 10 de la selección. Por eso el 10 de julio de 2021, tras derrotar a Brasil y ganar así la Copa América, lloró emocionado sobre el césped del estadio de Maracaná. Y aquellas lágrimas desbrozaron el camino de la reconciliación y abrieron la senda de la leyenda en el combinado nacional de su país. Se fueron apagando los ecos de la eterna comparación con el ‘Dios’ Diego y en 2022 el título mundial obtenido en Qatar le aupó definitivamente al olimpo de fútbol argentino junto al Pelusa. A Messi le avalan sus impresionantes estadísticas —207 partidos jugados (máximo histórico), 125 goles (máximo histórico), 68 asistencias (máximo histórico), 1 Mundial (Qatar 2022), 2 Copa América (Brasil 2021 y Estados Unidos 2024), 1 Finalissima (2022), 1 Oro olímpico (Pekín 2008), 1 Mundial sub-20 (Países Bajos 2005), 2 Balones de Oro del Mundial (Brasil 2014 y Qatar 2022), 2 Premios al Mejor Jugador de la Copa América (Chile 2015 y Brasil 2021) y 1 Bota de Oro de la Copa América (Brasil 2021)— y, sobre todo, su enorme influencia en el juego. De carácter más apocado y discreto que Maradona, quizás el legado de este sea más explosivo e impactante en la memoria de los aficionados, especialmente en los más veteranos, pero desde luego Messi es incomparable en cuanto a su capacidad de ofrecer tanta excelencia y tan constante una temporada tras otra. Tuvo que trabajarse el mito del ’10’ y lo hizo con grandeza y sublimidad inigualables. «El Estadio Azteca rinde homenaje a Diego Armando Maradona por su extraordinario gol anotado en el partido Argentina-Inglaterra con el cual pasaron a las semifinales. 22 de junio de 1986». Un texto breve como recordatorio de la grandiosa escena que mejor dibuja el significado de la camiseta número 10 de Argentina. Palabras escritas en una placa inaugurada en el coliseo mexicano donde hace 40 años la albiceleste derrotó al enemigo inglés para poner rumbo a su segunda estrella mundialista. Fueron 60 metros recorridos desde campo propio durante, cómo no, diez (10) segundos de cabalgada sorteando y dejando tirados a media docena de rivales, portero incluido. Ocurrió en el minuto 55, Maradona recibió un pase del ‘Negro’ Enrique y… el resto vivirá para siempre en la narración del locutor de radio Víctor Hugo Morales: «…la va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona. Lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… ¡Gooooool! ¡Gooooool! ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaaaaaazooooooo! ¡Diegooooooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 – Inglaterra 0. ¡Diegol, Diegol! Diego Armando Maradona… Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este… Argentina 2 – Inglaterra 0». Mundiales aparte, hubo muchos otros jugadores que portaron el ’10’ de Argentina en partidos oficiales. Desde Aimar al Kun Agüero pasando incluso por un portero, Nacho González, agraciado en el sorteo alfabético de la Copa América 1997, todos lo han llevado con el honor que da representar a tu país. Entre ellos destaca el caso de Diego Pablo Simeone. El actual entrenador del Atlético no encaja con la imagen tradicional del 10 fino y elegante. Sin embargo, históricamente su aportación es muy importante porque sudó la legendaria camiseta cuando Argentina ganó la Copa América 1991, la Copa Rey Fahd 1992 —antecedente de la Copa Confederaciones— y la Copa América 1993. Al ejemplo de Simeone se atan ahora algunos para resaltar que hubo épocas exitosas en las que el 10 de la albiceleste fue asignado a futbolistas menos creativos pero de enorme trascendencia para el colectivo. Así, también son recordados Marcelo Espina, primer 10 después de Maradona (1994), Marcelo Gallardo, Andrés D’Alessandro, Gustavo López, José Albornoz, Rodolfo Cardoso y Fernando Pandolfi. Más cercanos en el tiempo, durante la era Messi, algunos de los que portaron la preciada camiseta en ausencia de Leo fueron: Correa, Enzo Pérez, Gaitán, Canteros, Erviti, Insúa, Moralez, Mugni (llegó a llevar el dorsal pero no jugó ni un minuto de partido), Montillo, Lamela, Pastore o Banega. «Se busca futbolista excepcional, preferentemente zurdo, para entregarle la custodia de la camiseta ’10’. Razón: selección nacional de Argentina». Sí, a poder ser excepcional y zurdo. Los argentinos saben que el ’10’ de la albiceleste ha sido y tiene que seguir siendo mucho más que una simple cuestión de orgullo. Heredar la 10 no significa necesariamente reemplazar a Messi. Porque, hoy por hoy, se antoja improbable, casi imposible. Tras el adiós de Maradona la Asociación de Futbol de Argentina (AFA) quiso retirar para siempre el ’10’ de la selección, pero la FIFA no le dejó hacerlo. Ahora que se va Messi, el debate del heredero se abre con fuerza y la lista de aspirantes contiene nombres de variada condición y argumentos. Nico Paz y Mastantuono, dos jóvenes zurdos, son los que más se aproximan a ese ideal. Poseen conducción, pausa, cambio de ritmo, último pase, desequilibrio, y gol. Pero están sin hacer, les falta cocción, así que en estos días gana enteros la teoría que propugna el reparto entre varios futbolistas de las labores y la responsabilidad que recaían en Leo. Y ahí es donde asoman tres nombres: Thiago Almada, Mac Allister y Enzo Fernández. Almada ya demostró que puede hacerse cargo de la creación en el equipo. En un primer momento se le consideró el sustituto de otra pieza fundamental, Di María, pero tiene más capacidad que el ‘Fideo’ para jugar por dentro, asociarse y aparecer cerca de los delanteros, funciones habituales de Messi en el último ciclo con Argentina. Mac Allister es un mediocampista de gran técnica, capaz de jugar como interior, organizador o más adelantado. Tiene experiencia internacional, luce el 10 de un club histórico, el Liverpool inglés, y también la llevó en las selecciones inferiores albicelestes. Su candidatura se apoya sobre todo en jerarquía y liderazgo. Enzo Fernández es un centrocampista mixto, es decir tiene capacidad de presión, contención y, a la vez, conduce, progresa con la pelota y llega al área contraria con peligro. Tampoco es un ’10’ clásico, pero su peso en el grupo le sitúa como posible candidato. Hay más nombres, con mención especial a un dúo que comparte la etiqueta de delantero, más cercano al ‘9’ que al ’10’. Son Lautaro Martínez (29 años) y Julián Álvarez (26). Y ya como opciones más inverosímiles, al al menos teóricamente, la prensa argentina ha mencionado en algún momento a Dybala (Roma), Claudio Echeverri (Benfica), Valentín Barco (Chelsea), Giuliano Simeone (Atlético) y Tomás Aranda (Boca Juniors). La decisión inmediata corresponde a Scaloni, seleccionador argentino. La última palabra, como siempre, la dictará la pelota.