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Edición en español Lunes 2 de noviembre de 2026

Manel Arroyo: «Tebas se pelea con Florentino porque solo piensa en lo mejor para LaLiga»

Manel Arroyo (Vic, 1960) fue director general y accionista de Dorna Sports, empresa organizadora del Mundial de MotoGP, entre 1992 y enero de 2023. También fue vicepresidente del Barcelona entre 2010 y 2018. El ejecutivo inició su carrera profesional como periodista en Radio Vic y, posteriormente, se incorporó a RNE. En 1986 entró en TVE, donde trabajó en las retransmisiones de Fórmula 1 y rugby, y fue también subdirector del programa de deportes Estadio 2. En 1988 entró a trabajar en el Racc y fue miembro del equipo que diseñó y construyó el Circuito de Barcelona-Cataluña. Ahora ha escrito un libro donde recoje todos los entresijos de la industria del deporte. En ‘A pie de pista. Pasión y negocio’, el comunicador catalán analiza el pasado, presente y futuro del paddock, asi como la actualidad del mercado futbolistico y del Barcelona. —En el libro explica cómo transformó el Mundial. Si tuviera que elegir un solo momento clave o decisión estratégica que cambió el rumbo económico y mediático de MotoGP, ¿cuál sería? —Cuando llegó el primer fondo de inversión a trabajar con nosotros. Porque de 1992 a 1999 son años de una cierta incertidumbre. Cuando llega CVC, nos explica cómo un fondo de inversión suele trabajar en un proyecto como el que teníamos, vimos que había futuro y ya trabajabas, no pensando en solo el mañana, sino el pasado mañana y el mes siguiente. Y eso, evidentemente, te da otra forma de plantear las cosas. —El subtítulo del libro habla de ‘Pasión y negocio’. ¿Cómo se logra mantener el alma y la pasión de un deporte de riesgo puro cuando las exigencias comerciales y los fondos de inversión entran en juego? —Yo la pasión la relaciono más con poner el corazón, con poner todo el interés, todo lo que sabes alrededor de un proyecto, alrededor de algo en lo que crees. Esa esa es mi pasión. Yo estaba apasionado por el trabajo que hacía y, evidentemente, esa pasión conllevaba que en ocasiones tenías que tomarte tu tiempo, tenías que tener dudas, que es algo bastante positivo, porque te hace pensar, te hace contrastar… Esa es la forma en la que he trabajado toda mi vida. Siempre me apasionó con todo lo que he hecho, me lo he creído mucho, me he sentido siempre parte de cualquiera de estos proyectos, y eso es lo que lo que entiendo que me ha ayudado a llegar a donde hemos llegado. — En las páginas del libro se percibe su obsesión por la innovación tecnológica en las retransmisiones de televisión. ¿Qué tecnología actual de la que disfrutan los fans costó más sacar adelante? —Hemos sido muy afortunados porque hemos vivido la transición de la tecnología más tradicional. No del blanco y negro, porque ya empezamos en color, pero no hacía tampoco tanto. Hemos ido viendo cómo se iba transformando, primero el color, luego pasamos al formato panorámico… Estos cambios se producían cada 5, 7, 10 años. Y lo que ocurre ahora es que los cambios son a diario. Cada día puedes escoger una nueva solución tecnológica para conseguir mejores prestaciones y para que al usuario le sea más fácil poder consumir y poder disfrutar de lo que le apasiona o de lo que le gusta, de su deporte o de su entretenimiento, el que sea. Esa es la gran diferencia. Costar no ha costado porque al fin y al cabo una cosa que también hacíamos permanentemente es mirar a los lados, ver qué es lo que estaba pasando en otras ligas, en otros deportes, en otros campeonatos, en otros formatos de entretenimiento, sean series de televisión, sea cine, porque al final competíamos contra todo eso. Y viendo qué es lo que pasaba allí, viendo cómo trabajaban, viendo cómo implementaban las tecnologías, pues debíamos copiar y complementar. Y adaptarlo a nuestro deporte. —Pero me imagino que no sería fácil, por ejemplo, convencer a un piloto que se pusiera una cámara en el casco o en el manillar… —No, eso no fue fácil. Pero al deportista ha habido que convencerle que todos hemos crecido en medios para poder trabajar. Ellos para poder entrenar, competir, viajar más cómodos, para tener mejores salarios… Y todo eso es gracias a que hemos sido capaces todos juntos de generar un negocio, y ese negocio lo hemos repartido. Yo siempre les decía que el trabajo del deportista no solo está en un circuito o en un campo de fútbol. Hay un antes y un después de cada evento deportivo y ellos también deben ser partícipes. Tienen que explicarle al consumidor, al aficionado, al fan, cómo se está preparándose para el partido o para ese gran premio. Y luego cómo lo ha disputado, cómo ha sido, y esa carrera por qué la ha ganado, por qué la ha perdido… Hoy en día el aficionado quiere saber esas cosas, y ahí sí que es indispensable acceder al deportista, acceder al atleta.   —¿Qué lección principal de su libro cree que puede aplicarse a otros deportes minoritarios que buscan expandirse globalmente hoy en día? —Los deportes minoritarios es un tema que nos tiene que preocupar un poco a todos, pero hoy en día el deporte sí que se ha dividido en el profesional y en el minoritario. Viendo hoy en día el dinero de derechos de televisión que percibía la liga ASOBAL de balonmano, que era un deporte que antes se emitía mucho porque tenía mucho arraigo y una buena audiencia, te das cuenta de que ha habido una división clarísima. El dinero se ha ido a una serie de deportes que son los que despiertan interés a las masas, te guste ese deporte o no. Y el deporte minoritario se ha ido más hacia el practicante. La división ahora es muy clara, habría que ver cómo esto se podría mejorar, pero lo que está claro es que ventanas audiovisuales para todos no existen. O pueden existir, sí, pero con nichos de audiencia y eso es lo que hace que unos generen más y otros generen menos. —Ha convivido con leyendas, desde Doohan y Crivillé hasta Rossi y Márquez. ¿Podría contar alguna anécdota inédita o poco conocida que refleje cómo es la negociación cara a cara con un piloto campeón cuando hay tensiones en el campeonato? —Al fin y al cabo, estas grandes leyendas, que para el aficionado son mitos, para nosotros eran compañeros de trabajo. Porque te los encontrabas en el paddock y tenías que comentarles, por ejemplo, que debían llevar cámaras instaladas. Una anécdota que recuerdo es que había alguno muy presumido y no le gustaba la cámara que enfocaba a la parte frontal del casco porque no se sentía, diríamos, atractivo. No le gustaba aquella imagen, esas cosas pasaban. —Fue testigo y parte implicada en la gestión de la famosa rivalidad de 2015 entre Valentino Rossi y Marc Márquez. Mirando atrás, ¿se habría gestionado algo de forma diferente a nivel institucional? —En el deporte de motor, entre el semáforo y la bandera a cuadros aquello es deporte puro. Allí no hay quien lo manipule. Entonces cuando un piloto tiene un acierto o un error queda reflejado de manera absolutamente clara. No hay terceras personas interviniendo. En el caso de Valentino y de Marc, fue un tema que todo el mundo vio. Los que estábamos cerca de Marc y cerca de Valentino no estábamos felices, porque sí, el deporte había crecido en audiencia, pero como causa de una rivalidad y de una tensión entre dos amigos, dos compañeros de trabajo como son Valentino y Marc, que tanto uno como otro nos han aportado muchísimo. —¿Se echa de menos a Rossi a nivel de marca? —Siempre hemos dicho que Valentino ha sido uno de los grandes embajadores de este deporte para el mundo. Todo lo que hizo, y cómo lo hizo, nos ayudó muchísimo. Y ahora Marc, con la manera de ganar, lo mismo. —Pues no se pueden ni ver… —Que dos leyendas como son ellos estén enfrentados, a los que convivimos con ellos, felices no nos hace. Pero también es cierto que estas grandes rivalidades son las que calientan el deporte. Recuerde los casos de Ayrton Senna con Alain Prost en Fórmula 1, o Cristiano y Messi… Al fin y al cabo, es el choque de personalidades como estas lo que hace crecer al deporte, sin duda. —Pasó también por el Barcelona como vicepresidente de media y marketing. ¿Qué diferencias principales encontró entre gestionar el negocio de un gigante del fútbol y el de un mundial de motociclismo? —Nosotros entendíamos que era muy bueno para todos la unión de la Liga, y trabajamos muy activamente desde el día que llegamos con la junta de Sandro Rosell. De este tema me ocupaba yo: hacer una liga unida. Entonces cada uno vendía los derechos por libre y la recaudación era mínima. Desde el momento en que empezamos a trabajar unidos doblamos las cifras de negocio para la Liga. Recuerdo una frase de Florentino, que me dijo: «Es que tú te crees que todos son motos». Y yo le contestaba: «Sí, el deporte se gestiona todo igual. Lo que cambia son los valores. Evidentemente, el valor del negocio que genera el fútbol multiplica por cuatro, por seis o por ocho, lo que es el negocio de MotoGP, pero en cómo se vende, quién nos consume y cómo nos consume es exactamente lo mismo. El fútbol es exactamente lo mismo con otros valores, evidentemente. —Y organizó la Liga que ahora tenemos… —Es algo de lo que estoy muy orgulloso. Para mí era impresionante las primeras veces que iba a la Liga de Fútbol Profesional, que estaba entonces en la calle Hernández de Tejada (Madrid), en un edificio lúgubre, oscuro, muy poco profesional, y veía las peleas y los gritos entre presidentes míticos del fútbol español. Pensaba: ‘¿cómo quieren ponerse de acuerdo con esta animadversión que se tienen entre ellos?. Despacito, despacito, con mucha paciencia, de la mano de Javier Tebas, lo conseguimos. Tebas entendía cómo tenía que ser este negocio. Y tampoco estábamos inventando la pólvora, estábamos copiando lo que ocurría fuera. —¿En serio? —Una de las cosas que hice cuando llegué al Barça fue irme a la Premier League, a ver cómo aquello funcionaba, cómo se gestionaba, para ver qué es lo que aquí no hacíamos. Y, efectivamente, pues aquí no hacíamos muchas cosas que ellos hacían, que al final era gestión de negocio. —Ha mencionado a Javier Tebas… —Es una persona que tendrá sus cosas porque en ocasiones da una manifestación política controvertida, pero Javier es de las personas que tiene más claro el negocio del deporte y del fútbol en este país. Es una persona que, evidentemente, aquí en Barcelona gusta poco porque se le acusa de ser pro madridista, pero es que en Madrid le acusan de lo contrario, Las peleas que tiene Javier con Florentino son claras y diáfanas porque solo está pensando en lo mejor para la Liga. —Durante su etapa como vicepresidente de marketing y media en el Barcelona coincidió de lleno con la revolución comercial del club. ¿Qué aprendizaje de aquella época dorada le sirvió más para aplicar después en la estructura de Dorna y MotoGP? —Yo diría que lo que me sirvió fue lo que traía yo de Dorna al Barça. Así tal cual, porque yo llegué al club con casi 20 años de gestión de derechos de televisión y de algo de patrocinio en el mundo de la moto. Todo mi aprendizaje en Dorna, toda mi vida profesional en Dorna, la apliqué al Barça. Es más, muchos contactos que yo traía del mundo de la moto en plataformas de televisión y en patrocinadores los pude usar, nos vinieron bien. El Barça abre cualquier puerta, obviamente, pero si el señor que vas a ver ya te conoce, te tiene confianza, sabe que llevas 15 años trabajando con él, que nunca le has fallado, que eres una persona fiable… Evidentemente, si además vas con el Barça, pues mejor que mejor. —De todos los contratos televisivos o de patrocinio que ha firmado en su carrera, ¿cuál fue el que consideró un ‘milagro’ o el más complejo de cerrar? —En mi época en el Barça hubo un contrato que lo sufrí, que nos costó mucho. Cuando se acababa el contrato con Qatar Airways nos empezamos a mover, aunque pensábamos que se iba a renovar el contrato de Qatar. La renovación se fue alargando y a lo largo de esa renovación, cuando nos dimos cuenta, nos veíamos casi sin tiempo. Entonces, de cero, de tener la renovación prácticamente rota con Qatar, la conseguimos remontar hasta tener un año más de extensión al mismo precio que los anteriores. Pero costó. Y eso nos dio tiempo para trabajar otras posibilidades y acabó saliendo lo de Rakuten. —Estamos en 2026, un año clave de transición justo antes de que entre el gran cambio de reglamento técnico de 2027. ¿Cómo ve la salud del campeonato actual y el equilibrio de fuerzas entre las marcas europeas y las japonesas? —La gran industria de la moto ha estado siempre en Japón, y ahora llevamos unos años donde la europea es la que está dominando, con Aprilia y Ducati. Hablando con una de las cabezas pensantes, expiloto que está en el paddock, siempre me decía que el problema que tienen los japoneses es que ellos cogen el reglamento y lo siguen tal cual es. No interpretan nada. En cambio, el latino, coge el reglamento y ve qué es lo que no está escrito y a partir de ahí se mueve. Con lo cual, la interpretación del reglamento ha llevado a que pudieran buscar soluciones técnicas y tecnológicas que los japoneses no han adaptado porque el reglamento no las contemplaba. —¿Y esto cambiará? —Las fábricas japonesas, Honda y Yamaha, se están adaptando a ese cambio y a las motos, como se va viendo, van llegando. Aún les queda un paso más. Ahora habrá que ver el nuevo reglamento con las nuevas motos, cómo se ha equilibrado todo eso, qué es lo que busca este reglamento. De lo que se trata es de que los pilotos luchen con máquinas lo más similares posibles para que sea una lucha de pilotos y no de máquinas. —La venta de Dorna a Liberty Media ha sido uno de los movimientos más masivos del deporte motor. ¿Qué cambios urgentes cree que necesita MotoGP en su narrativa para enganchar a las nuevas generaciones, al estilo de lo que hizo la F1? —Seguir el camino que han hecho otros deportes y otras plataformas de entretenimiento. Es decir, estar lo más cerca posible del fan, del aficionado, escucharle mucho para saber qué es lo que quieren y cómo lo quieren. Es obvio que MotoGP debería tener pilotos de más nacionalidades, pero en España tenemos circuitos de última generación, una afición terrible y no paran de salir pilotos españoles e italianos muy competitivos. Pero cuando lleguen, que llegarán, pilotos de otras nacionalidades, será uno de los grandes polos de atracción para la afición. — El calendario no ha parado de crecer en los últimos años, incluyendo las carreras al esprint. Desde el punto de vista del negocio frente al desgaste de los pilotos, ¿hemos alcanzado el límite sostenible de Grandes Premios? —En un primer momento el tema de las carreras esprint a los pilotos no les hacían felices, pero hoy en día ya es un elemento más. Los pilotos también tienen que ayudar a que su deporte sea más y más popular y que haya más actividad. Antes, no es que los sábados fueran anodinos, pero solo tenían el interés de la clasificación para parrilla y se acabó. Ahora hay una carrera el sábado y otra el domingo. Todo eso hace que de cara al promotor de cada Gran Premio haya más actividad y cada día pasen cosas. Eso se traduce en más espectadores en los circuitos, más volumen de información para los medios de comunicación y ayuda a mantener la atención y la tensión de cómo va el campeonato. —¿Qué papel cree que jugará la sostenibilidad y los combustibles sintéticos en la supervivencia comercial del motociclismo de alta competición en los próximos diez años? —Todo esto tiene que ir de la mano de la industria, no es un tema de la competición sola. Evidentemente la competición tiene que aportar lo máximo posible para la sostenibilidad del planeta. Pero evidentemente la competición sola, ni en MotoGP, ni en Fórmula 1, va a cambiar nada. Hace muchos años hubo un cambio radical en MotoGP, que fue la eliminación de los motores de cuatro tiempos, que eran muy contaminantes, y pasamos a los de cuatro tiempos, que combustionan mejor y son más eficientes y menos contaminantes. Siempre ha habido esa preocupación para nuevas tecnologías y para hacer todo esto más sostenible. —Hablemos de Marc Márquez. Tras su valiente e histórica decisión de dejar Honda y reinventarse, ¿cómo valora su capacidad de resistencia y su impacto en el valor de marca global de MotoGP en esta etapa de su carrera? —Es un tipo con un carácter único y especial, como todo supercampeón. Son tipos únicos. Cuando tenía 11 años y le hicimos una propuesta para que viniera a la entonces superaclamada ‘MotoGP Academy’, la rechazó porque él estaba cómodo, veía sus progresos, entendía que era lo mejor para él y ahí siguió. Entonces estaba de la mano de Emilio Alzamora, que era su mánager y preparador. Y rechazó la oferta de entonces de Dorna… Esto dice mucho de cómo un tipo de 11 años, un niño, ya actuaba entonces. Eso dice todo de Marc Márquez. —Jorge Martín representa la velocidad pura y la explosividad del motociclismo moderno… —Trabajador nato, talento puro. Jorge, si no recuerdo mal, en el salto de Moto3 a Moto2, hubo que ayudarle porque se había quedado sin posibilidades. Junto a Teo Martín, otro apasionado y persona del mundo de la competición de Madrid, Dorna le echó una mano porque es un talento puro que no podíamos dejar escapar. Ahí está. —Desde la óptica del negocio y el espectáculo, ¿qué valores comerciales aporta el perfil de un piloto tan directo y competitivo como él al campeonato? —Cualquier persona, cualquier piloto que luche como lucha esta gente, aporta el mensaje del espíritu de sacrificio, de valores positivos para las nuevas generaciones, del trabajo… Todo esto es lo mejor que nos pueden aportar. —¿Quién ganará el mundial de los dos? —¡Uy! Lo que está claro que lo ganará uno de los dos, es lo que parece, pero esto de los pronósticos es muy complejo, muy complejo. —Pedro Acosta llegó al mundial rompiendo moldes no solo en la pista, sino también ante los micrófonos. ¿Hacía falta en el paddock un perfil tan natural, espontáneo y con ese carisma de la vieja escuela? —Sí, siempre hace falta gente así, que aporten algo de polémica. Recuerdo que una de las cosas que más se comentó en su primer año de MotoGP fue cuando en una entrevista le preguntaron por Marc Márquez, y dijo: «¿Marc Márquez? ¿Quién es Marc Márquez?». Era es un tipo que saltaba de una categoría a otra y era capaz de desafiar en aquel momento, verbalmente, al gran tótem. —El próximo año compartirán box en Ducati…   —A Pedro solo le han faltado medios consistentes para demostrar que es un fantástico piloto. Estos últimos años KTM ha tenido altos y bajos y, por falta de material en muchas ocasiones, no ha podido demostrar de lo que es capaz. —España sigue siendo una superpotencia indiscutible en la parrilla. Desde el punto de vista de la internacionalización del negocio, ¿es una ventaja contar con tantas estrellas de un mismo país o supone un reto para vender el campeonato en otros mercados? —Para un deporte, para este negocio es importantísimo tener pilotos de cuantos más países mejor. Ta abre ventanas audiovisuales. Tenemos la suerte de que MotoGP es un deporte muy espectacular y solo con ver aquello que está ocurriendo, con las cámaras ‘onboard’, con cómo se adelantan ya atrae la atención. Un espectador de Corea lo estará viendo, aunque no corra ningún coreano, por ejemplo, pero si además hay un piloto coreano, es obvio que te van a seguir muchísimo más. En el fútbol ocurre lo mismo. — Vivió el Barça desde dentro y conoce sus engranajes políticos. Mirando retrospectivamente la gestión económica de Josep Maria Bartomeu y la actual de Joan Laporta con las famosas palancas, ¿cree que el Barça se ha visto obligado a hipotecar su futuro por una falta de visión empresarial a largo plazo? —El modelo de Laporta no lo puedo juzgar porque no estoy dentro y no lo conozco. Lo que sí que le puedo decir es que lo que ocurrió con ‘Barto’, que ha sido tan criticado, es de una injusticia terrible porque lo que se intentó siempre fue tener la mejor plantilla posible y que era la más cara que pudo haber. ¿Y qué ocurrió? Que en el momento en que hubo una pandemia de covid los ingresos bajaron de manera estrepitosa, más de 300 millones, y la plantilla pues no bajó sus fichas lo que se esperaba. Por tanto, hubo un déficit entre los ingresos y los costes. Ese ese es el error. ¿Pero quién podía esperar el covid? En aquellos momentos estábamos cerca de los 1.000 millones y había una gran base salarial, alrededor del 70% de ese dinero. Nadie podía imaginarse que dos o tres años más tarde tuviéramos una caída de ingresos de 300 millones cuando el incremento de ingresos era cada año exponencial. Esa es la historia. —¿Pero, le parece una buena manera de gestionar lo de las palancas? —Evidentemente, al fin y al cabo es hipotecar el futuro. Si tú has vendido vía Liga, como han hecho muchos clubs, u otra vía, los derechos de televisión futuros, ese dinero lo has recibido ahora y no lo recibirás entonces. Pero bueno, también se espera que se generen nuevos ingresos. —¿Bartomeu arruinó al Barcelona? ¿Cuál fue su herencia? —No. Bartomeu lo que se encontró fue con una situación única y especial por el Covid. No entraremos en las circunstancias que acompañaron a que Bartomeu tuviera que salir del Barça, bastante empujado… Él tenía soluciones. No estamos hablando de cualquier club, estamos hablando del Fútbol Club Barcelona que, evidentemente, tiene capacidad y credibilidad para levantar ese déficit, como lo ha levantado Laporta con otros métodos distintos a los que pretendía aplicar Bartomeu. Lo que está claro es que aquella situación fue única y excepcional, y evidentemente se hubiera remontado, lo que pasa es que no lo pudo demostrar, pero no, no lo arruinó porque el Barça es mucho más potente para caer en una situación de estas, sin duda. —Queda claro… —Si, hay que desmontar ese mito. Además, tampoco ha tenido oportunidad de defenderse porque como la potencia mediática de lo que hay ahora en el Barça es muy grande, pues Bartomeu no ha podido explicarse. Lo explicó pero no tuvo la repercusión que debió haber de haber tenido. —El fútbol moderno exige medirse contra clubes-estado y fondos de inversión multimillonarios. Con la deuda actual del Barcelona y las restricciones del fair play financiero, ¿cómo se puede competir? —No hay que negar que los grandes protagonistas del deporte son los deportistas, y por tanto tienen que ser los mejores remunerados, sí, pero llega un momento donde la gran parte de los ingresos de los clubes se iban a salarios. El fair play ha ayudado a que esto se ordene. Y este control que se aplica en España, se debe aplicar también en Inglaterra, se debe aplicar en otros territorios para que un contrato de patrocinio de la camiseta, que todos sabemos lo que puede valer, no se justifique con 200 millones. Lo que siempre se ha comentado es que había algunos contratos de patrocinio de estos clubes estado que quizás no se ajustaban a los objetos de mercado. También me también me extrañaría mucho lo que lo que estoy leyendo estos últimos días, porque evidentemente… Estos clubs están dirigidos por personas que conocen muy bien el detalle del negocio. Pero es obvio que sí que hay que tener un control, hay que tener una norma que seguir todos por igual para que esto no se desmadre. —Se refiere a Ferran Soriano y el Manchester City, bajo la lupa de la Premier League por el juicio de las supuestas irregularidades financieras. —A mí me extraña mucho, porque a Ferran Soriano nadie le puede discutir sus capacidades. No conozco los detalles de las acusaciones, ni del expediente que tiene la Premier, pero él continúa defendiéndose También pasó con el Paris Saint-Germain y al final quedó en nada. —Fue pionero en la estrategia de contenidos del Barça. Al ver la devaluación general de los derechos de televisión de LaLiga en comparación con la Premier League, ¿qué decisiones estratégicas cree que se tomaron mal en el fútbol español para que la brecha económica con Inglaterra sea ahora mismo tan abismal? —No, no se ha hecho mal. Lo que pasa es que la Premier empezó a trabajar en el año 1989 o 1990, cuando hubo la gran catástrofe del estadio de Hillsborough, donde murieron 90 personas, por su mal estado. El gobierno británico exigió entonces construir estadios seguros. Y entonces los clubs de la Primera División inglesa, dijeron: ‘bueno, pues ayúdennos a generar’. En ese momento fue cuando se creó la Premier, que tiene un estatus especial, y ellos se regulan. A partir de ahí empezaron a ir de la mano con Sky televisión. Y crecen los dos. Desde el año 89 llevan un recorrido brutal. Además, los clubes ingleses tienen una gran penetración y muchos seguidores en Asia y en la Commonwealth. Los contratos que hay de la Premier en aquellos territorios son terriblemente importantes, y es lo que hace que los derechos de televisión internacionales básicamente estén en esos precios. Realmente no estamos tan lejos. De los que estamos lejos es de los franceses y los italianos, pero por encima.

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