La prueba del algodón de que Mou ha vuelto es que tiene a sus odiadores bailando. Al arrancar su segundo advenimiento, aún sin tiempo para coger la pizarra, los mismos que le crucificaron en 2013 por ser Mourinho se extrañaban un día sí y otro también de que ya no lo fuera y exigían que se manifestara. Nunca cejaron en el empeño de sacar lo peor de él pero hete aquí que cuando sus deseos se hicieron por fin realidad volvieron a criticarlo por regresar, que era lo que venían reclamando desde un principio. Entre tanto, y para no perder ripio, con Mou se hizo cruel carne de edadismo sugiriendo que tener 63 años lo inhabilitaba para ocupar un banquillo de élite. El grado de desesperación entre los antimourinhistas es de 8’5 en la escala de Richter y uno de los mejores termómetros de esta inquietud lo personifica mi buen amigo Toni Freixa. Yo digo en broma de Toni que debieron ponerlo en la directiva culé como quien coloca un rododendro, en un rincón resguardado, a la sombra y protegido del viento, porque él jura que jamás tuvo conocimiento alguno de que el Barça estuviera pagando a Negreira . Es curioso porque, estando dentro, Freixa no se enteró del mayor escándalo de la historia del deporte español pero el otro día sí sacó sin embargo tiempo desde fuera para psicoanalizar a Mourinho, de quien afirmó que era un mal tipo. ¿Y por qué diría Toni una cosa tan desagradable? Resulta que en el transcurso del partido entre Racing y Real Madrid el capitán del equipo santanderino, Álvaro Mantilla, cayó fulminado dentro del área merengue. En ese momento, y sin saber el alcance de la lesión, Mourinho hizo el típico gesto de que se había tirado a la piscina. Luego se conoció la terrible noticia: «rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha». En X Freixa lo contaba así: «Es una mala persona. Mantilla se ha roto el cruzado y él va haciendo el numerito con gestos de que se ha tirado a la piscina». Ahí sigue el comentario para quien quiera comprobarlo. Os tiene bailando.