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Edición en español Viernes 6 de noviembre de 2026

Stephen Miller gana poder en la Casa Blanca: ¿qué puede cambiar para Venezuela?

REUTERS

 

El nombramiento de Stephen Miller como nuevo jefe de gabinete de la Casa Blanca, anunciado este viernes 6 de noviembre por el presidente Donald Trump, podría aumentar su influencia sobre la estrategia estadounidense hacia Venezuela, especialmente en asuntos relacionados con la transición política, la seguridad y la inmigración.

lapatilla.com

El relevo de Susie Wiles, anunciado tres días después de la derrota republicana en las elecciones legislativas de medio mandato, se hará efectivo el lunes 9 de noviembre. Miller, hasta ahora subjefe de gabinete, asumirá una posición desde la que podrá coordinar las prioridades del mandatario y facilitar la comunicación entre las agencias federales encargadas de ejecutar sus decisiones. Su nombramiento, sin embargo, no supone por sí mismo un cambio en la política hacia Caracas.

La influencia del asesor sobre los asuntos venezolanos precede a su ascenso. Una investigación de CNN reveló que Miller trabajó estrechamente con el secretario de Estado, Marco Rubio, en la estrategia que precedió a la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Según fuentes consultadas por la cadena, las conversaciones sobre la administración del escenario posterior a la operación estadounidense se desarrollaron, en buena medida, dentro de la propia oficina de Miller.

Aunque ambos funcionarios habían mantenido diferencias sobre determinados asuntos internacionales, encontraron coincidencias en la estrategia de presión contra Maduro. El combate al narcotráfico terminó ocupando un lugar central en esa coordinación, mientras Washington evaluaba las consecuencias políticas, militares y económicas de su intervención. CNN también señaló que Miller había considerado inicialmente a Venezuela desde la perspectiva de las deportaciones, antes de respaldar una estrategia más amplia contra el dirigente chavista.

No obstante, Rubio continúa siendo el principal responsable de la política estadounidense hacia Venezuela. Después de la operación de enero, el propio Miller explicó durante una entrevista con CNN que Trump había encargado al secretario de Estado conducir ese proceso bajo su supervisión directa. En aquella conversación también precisó que las decisiones involucraban asuntos energéticos, financieros, militares y del Departamento del Tesoro, por lo que requerían la participación de distintos funcionarios.

Esa coordinación adquiere importancia ante la siguiente etapa de la transición venezolana. Durante una reunión celebrada el 2 de noviembre con Oliver Blanco, nuevo canciller del régimen venezolano, Rubio ratificó el plan de tres fases de Washington, que contempla estabilización, recuperación económica y reconciliación política, seguidas de una transición democrática. El encuentro también abordó las reformas institucionales necesarias para celebrar elecciones libres y la liberación de los presos políticos. Desde su nuevo cargo, Miller podría tener mayor capacidad para supervisar la coordinación de esas prioridades.

Otro asunto que podría pasar con mayor frecuencia por su despacho es el sector petrolero venezolano. Tras la captura de Maduro, la administración Trump estableció mecanismos de cooperación económica con la estructura de poder encabezada por Delcy Rodríguez, con el objetivo de recuperar la producción energética y mantener influencia sobre los ingresos petroleros. La participación de Miller podría concentrarse en articular las decisiones entre el Departamento del Tesoro, los responsables de energía y la diplomacia estadounidense.

Para los migrantes venezolanos en EEUU, la llegada de Miller a la jefatura de gabinete podría tener implicaciones más inmediatas. El funcionario ha sido uno de los principales impulsores de las deportaciones masivas y del endurecimiento de los controles migratorios. Una investigación de The Washington Post documentó su intervención en decisiones y nombramientos destinados a acelerar los acuerdos de expulsión. Su nueva posición podría facilitar una coordinación más estrecha entre Seguridad Nacional, Justicia y el Departamento de Estado, aunque no se han anunciado nuevas medidas sobre el TPS venezolano, las deportaciones o los acuerdos de repatriación vinculadas a su nombramiento.

El escenario también estará condicionado por la nueva composición del Congreso estadounidense, después de que los demócratas recuperaran el control de ambas cámaras en las elecciones del 3 de noviembre. Esa mayoría podría aumentar la fiscalización de los acuerdos con la administración chavista, las operaciones migratorias y la utilización de recursos federales, sin eliminar las facultades ejecutivas de Trump. Por ahora, la principal incógnita es si Miller mantendrá su papel de coordinador junto a Rubio o asumirá una intervención más directa en las decisiones sobre Venezuela, algo que dependerá de las funciones que el presidente le asigne una vez tome posesión.

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