
Antonio Russo, un ingeniero venezolano que encontró en la elaboración y venta de tortas una manera de salir adelante, recibió el pasado fin de semana un regalo de parte de “El Gocho Rubén”, un influencer que decidió comprarle sus postres para alegrar su día.
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Durante la conversación, Russo contó que decidió emprender ante la falta de oportunidades laborales que, según explicó, ha enfrentado durante los últimos cinco años.
“Soy ingeniero, pero es que no hay trabajo, no hay nada”, expresó al explicar las razones que lo llevaron a buscar una alternativa para generar ingresos.
El adulto mayor relató que las mantecadas, a las que inicialmente llamaba tortitas, comenzaron siendo una preparación que hacía para consumo propio. Sin embargo, decidió convertirlas en un pequeño emprendimiento y comenzó a ofrecerlas en la calle apenas el sábado anterior a la entrevista.
A pesar de las dificultades, Antonio aseguró que ha recibido una respuesta positiva de las personas, quienes no solo le compran sus productos, sino que en ocasiones también le ofrecen ayuda económica.
Su emprendimiento funciona con recursos limitados. Según explicó, cuenta con un pequeño horno que apenas le permite preparar dos tortas por tanda, lo que condiciona su capacidad de producción.
La historia de esfuerzo de Russo también tiene raíces en su infancia. Contó que desde los ocho o nueve años comenzó a realizar pequeños trabajos, entre ellos vender queso en mercados rurales. Además, destacó que lleva 44 años de matrimonio y que su esposa también es profesional de la medicina.
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El momento más emotivo de la conversación ocurrió cuando “El Gocho Rubén” le preguntó cuántas mantecadas le quedaban. Antonio respondió que tenía tres, por lo que el influencer decidió comprárselas todas.
Aunque el vendedor indicó que cada una costaba 2.000 bolívares, la sorpresa llegó cuando recibió 40 dólares en efectivo por los tres productos. La cantidad superó ampliamente el precio de venta y provocó una reacción de asombro y agradecimiento.
Russo reconoció que el dinero llegaba en un momento especial, pues tenía planes de continuar impulsando su emprendimiento y había estado pidiendo a Dios una oportunidad para seguir adelante.
Incluso confesó que durante algún tiempo había sentido que estaba perdiendo un poco la fe, pero que esa misma mañana había orado para pedir fortaleza y no alejarse de Dios.
“¡Señor, perdóname, no me apartes de ti, ayúdame!”, recordó sobre su oración.
La emoción de Antonio fue evidente, mientras el creador de contenido aseguró que disfrutaría sus mantecadas con un café. El encuentro terminó entre palabras de agradecimiento y buenos deseos.
“A Dios, a mí no, a Dios”, respondió el influencer cuando Russo le agradeció por la ayuda, a lo que el vendedor contestó: “Bueno, a Dios, pero a través de ti”.
La historia de Antonio Russo refleja las dificultades que enfrentan muchos profesionales venezolanos para encontrar oportunidades laborales y la necesidad de reinventarse para salir adelante. También muestra cómo un gesto de generosidad, más allá del valor económico, puede convertirse en un impulso de esperanza para quien atraviesa momentos difíciles.