Habla, como siempre, pausado, tranquilo, reflexivo, como así se expresa en el libro que acaba de publicar, ‘Mentalidad ganadora’ (Ediciones Península). Un manual metodológico pero también vital en el que Juan Carlos Ferrero (Onteniente, Valencia, 46 años) recorre su vida personal y profesional, sustentadas en la disciplina, sí, pero a la que ha aprendido a sumar flexibilidad y más disfrute, y que mantiene en su trayectoria de entrenador. Una que proseguirá pronto, con un nombre todavía sin desvelar , toda vez que ha recuperado el gusanillo de la competición tras un año de recogimiento y retrospección tras su ruptura con Carlos Alcaraz el pasado 17 de diciembre. ¿Cómo está? Muy bien, tranquilo. Disfrutando de esta etapa un poquito más tranquila. Y con nuevas aventuras. ¿Quién me iba a decir a mí que estuviera presentando un libro este año? ¿Cómo ha sido estar tanto tiempo con la familia? Los hijos, muy contentos. Ellos también están compitiendo. Mi hija mayor compite, el mediano también. Y el pequeño también está empezando a jugar. Cada uno en su deporte. Ninguno en el tenis. Muy bien. Estoy pasando mucho tiempo en casa. Algo que en los últimos ocho años no había pasado. Disfrutando también del tiempo en la academia. Y trabajando allí, viendo a los chicos. Sin viajar prácticamente. Haciendo algunas charlas también con empresas. Te digo, bastante diferente. Y me encuentro bien. ¿Tienen móvil tus hijos? No, pero tienen doce, nueve y cinco. La de doce… sus amigas ya tienen, pero conmigo lo tiene duro de momento. ¿Se resolverá pronto su regreso y con quién? Mi intención es intentar volver el año que viene, pero de momento tengo que encontrar el jugador… o jugadora. Ya veremos. ¿Cuándo empieza sentir que quiere volver, que está preparado? Ahora hace poco. He necesitado un tiempo tranquilo, más en casa, viviendo otras situaciones y otras experiencias, para coger un poquito de fuerza y ganas. Y una vez empezaron a renacer dentro de mí las ganas de la competición, y ver un poquito más de tenis. Porque he de decir, que sí que es verdad que hasta hace no mucho no había visto mucho tenis por la televisión. Estaba un poco cansado… Y ahora otra vez veo partidos, y han nacido las ganas dentro de mí. ¿Y qué busca en un jugador: que sea buen tenista o también cuenta la parte personal? Es que la persona define al tenista; el carácter define cómo es un jugador, cómo afronta las situaciones, cómo afronta el estar solo ahí dentro, cómo te escucha. Hay que enseñar primero a la persona cómo actuar y como está acostumbrada a competir, luego es muy fácil que eso lo pueda plasmar en la pista. Yo con Carlos intentaba enseñar conjuntamente, no se intenta separar el tenis de cómo ser como persona. Pero no es su padre. No, obviamente no. Pero con 15 años ya me encuentro a un chaval que está perfectamente educado. Yo educo más a nivel deportivo: cómo competir, cómo entrenar, cómo ir a los torneos o por dónde va a pasar por la experiencia que he tenido. Educación de otro tipo, eso es la familia. Me refería a que puede ser un tenista estupendo, pero no ser una buena persona. Eso siempre lo pienso, claro que sí. Yo intento rodearme de gente buena, y si me hubiera juntado con alguien que ves muy difícil el congeniar en ese aspecto, no hubiera funcionado desde el principio. Pero me encontré con un chaval buena gente, muy fiel, con muchas ganas de evolucionar como persona y tenista. ¿Por eso congenió quizá tan bien con él? El hecho de haber entrenado a un jugador joven le hizo confiar en mí al 100%, al igual que a su familia, y parece que la metodología que implementamos tanto el equipo como yo funcionó bien. ¿Está satisfecho del proceso que tuvo con Alcaraz? De lo más satisfecho que estoy es de haberlo dado todo, de haberme vaciado absolutamente para que el jugador saliera adelante. En ese aspecto estoy muy satisfecho del trabajo realizado, de que he invertido todo el tiempo posible, me he vaciado junto con mi equipo. Ahí están los éxitos, pero ¿qué le enseñó él a usted? Me ha enseñado a que se puede ser un poquito más flexible, que se puede disfrutar más de las situaciones, y a saber parar y comenzar de nuevo. Yo siempre he sido muy perfeccionista, muy metódico, y que si no hacía lo que pensaba y como lo pensaba no me sentía bien conmigo mismo. Y me enseñó que se pueden hacer las cosas de una forma diferente. Y también a que cada uno llega hasta donde llega porque has hecho todo lo que podías hacer y con eso tienes que quedarte tranquilo. ¿Veremos entonces a otro Ferrero en el próximo banquillo que ocupe? Otro diferente no creo, seré gran parte del que he sido hasta ahora y seguro que tendré que adaptarme al jugador que tenga. Pero de lo que he vivido, trasladarlo todo para hacerlo si cabe mejor que la última experiencia. ¿Qué lecciones saca para hacerlo mejor en la siguiente etapa? He aprendido a que cuando eres entrenador te tienes que adaptar mucho también al tipo de jugador que tienes. He aprendido a que se tiene que ser un poquito más flexible con las cosas. El ser muy hermético en ciertas cosas, muchas veces no por ser cabezón en algo te tiene que salir de la forma que quieres o correcta. He aprendido a que la motivación llega hasta un momento y después de la motivación tiene que haber un esfuerzo, una disciplina, porque la motivación de jugar una final de Grand Slam ya la tienes. Es en el día a día. La experiencia te ayuda a ver las cosas más claras. Repite mucho lo de flexibilidad, ¿en qué sentido? Hay que creer en una metodología, obviamente, y a partir de ahí también hay que adaptarla al jugador que tengas. No todos los jugadores son de la misma forma de pensar. Rafa no era igual que Federer, ni Federer es igual que Novak, ni Novak igual que Carlos. Cada uno le puede ir de una manera diferente la forma de trabajar. La motivación, la disciplina y los hábitos de la manera de trabajar tienen que estar como tienen que estar. Entrenador y jugador tienen que fusionar en uno mismo para intentar ir por el mismo camino. Si cada uno piensa una cosa es muy difícil que la cosa funcione. ¿Siempre va a tener unas líneas rojas? Obviamente. Cada persona es de una manera y pone ciertos límites. Cuando tú trabajas con algo tan exigente como es la carrera de un deportista, hay que poner ciertos límites. Eso para mí es imprescindible. Pero en tenis es el jugador el que le paga, que no pasa en otros deportes. Sí, totalmente. Y te pueden decir, ‘oye, esto no me interesa’. Pero tienes una persona que te escucha, y si tienes sentido común e intentas explicarle las cosas de futuro, no es que te haga caso, él puede tener su opinión, pero sí intentar llegar a un consenso. Entre el libro y este año de reflexión, ¿cambiaría algo o se arrepiente de haber hecho algo o no hecho? Siempre cambiaría algo. La experiencia te hace ver las cosas que hiciste de forma diferente. Hubiera cambiado cosas en mi carrera, y hubiera cambiado cosas en la forma de enseñar a Carlos para intentar hacerlas mejor. Pero sabes que no vas a hacer todo perfecto, pero aprendes también a asumirlo. Y no lo puedes cambiar y tampoco es bueno estar pensando en eso todo el tiempo. ¿Ahora entiende más todo? Sí, por supuesto. Con la edad ves con mucha más claridad lo que te decía tu padre en aquel entonces, lo que te decía tu entrenador aquel día, o lo que en un torneo hiciste mal y tú pensabas que lo habías hecho bien. En el libro hay mucho de usted, y se expone situaciones muy íntimas y duras. ¿Cómo ha sido ese reflexionar tanto de su vida y su pasado? Me apetecía desde hace ya un tiempo. Mientras estaba en el circuito trabajando era imposible porque le tienes que dedicar bastante tiempo. Y estos meses, apareció la oportunidad y me eché para adelante. Ha sido una experiencia bonita. Digamos que es un paseo por mi carrera, desde otra perspectiva. Mi infancia. Por qué empecé a jugar. Cómo competía. Los buenos resultados. Y te ayuda incluso a crecer, a explorar las cosas que has hecho bien, las que hice mal. Dice que puede recordar cada derrota. ¿Ha aprendido a perdonar a aquel Juan Carlos? He aprendido, he aprendido. Incluso me arrepiento de cómo me tomaba las derrotas. Como entrenador lo he sabido llevar mucho mejor. Sobre todo para enseñar a no dramatizar. Y sobre todo a analizar esa derrota. Yo me acuerdo que cuando perdía me enfurruñaba demasiado, había mucho cabreo. No pensaba en el porqué. Era un castigo más al simple hecho de perder. Y nunca conseguí mejorar en esa faceta. Y aprendí después a ver qué había detrás, el porqué, para mejorar en lo siguiente. Pero cuando ya era entrenador. En ese sentido he conseguido perdonarme. También habla y se abre de esa época negativa, muy difícil, incluso habla de depresión por bajar en el ranking, por no ganar, por las dudas. ¿Se llegó a creer que era mal jugador por esa racha? No, no eres mal jugador, es que no todo el mundo gana. No. Pero… uff, es que es difícil de explicar. Lo que saqué es que el deporte te saca de muchas cosas. Pasé una época muy mala y hubo un momento que yo lo quise dejar porque el estado de ánimo lo tenía por los suelos y es difícil motivarse para seguir entrenando y compitiendo. Pero después gané un partido y una final y superé esa situación, y volví a competir. Esa superación en sí te hace tener más callo y te ayudar en otras ocasiones complicadas. Te hace mejor. ¿Y si no hubiera vuelto a ganar nada? Pues no hubiera sido número uno, ni hubiera sido… He tenido la carrera que he tenido. Mucha gente lo intenta y no lo consigue, y existe la frustración. Tú te esfuerzas diariamente y no consigues ciertas cosas, y la decepción está ahí. Por eso hablo del proceso. Intentar aprender mucho a disfrutar del proceso y si al final no salen, quédate tranquilo con todo lo que has intentado. No todo el mundo triunfa en la vida y no por eso son perdedores, ni mucho menos. En tenis solo gana uno el torneo y pierden todos los demás. Y hay cientos de jugadores que nunca ganarán un título. Exacto. Solo hay 29 números buenos en la historia y no serlo ni es ningún fracaso desde luego. Habla de disciplina, de exigencia, de cómo era así desde pequeño y de cómo quiere seguir haciendo las cosas como entrenador. Parece un mensaje revolucionario en una sociedad en la que parece que todo es… Ganar. Ganar y todo fácil. Bueno, yo cuento mi historia. No quería plasmarlo en el hoy. Pero si alguien quiere tomar ejemplo, bienvenido sea. Si es una manera de que la gente pueda evolucionar en algún aspecto de su vida, pues superbién. Es como yo veo las cosas y las he hecho: el ser perfeccionista, el constante pensamiento de mejora, la motivación, la disciplina. Todo eso son las formas en las que los valores del deporte me han enseñado a ver la vida. En las que me sirvieron a mí en mi vida, y luego también como entrenador para hacer que un jugador suba lo más rápido posible. ¿Y cómo se llega a entrenar la disciplina? Con buenos oídos. Ser una persona que escucha, que se abra en la faceta de aprender. Hay que poner una dirección en la que la persona con experiencia te puede hacer ver las cosas de una manera clara para seguir un patrón y una metodología. A mí es lo que me ha servido en la vida. Como educador y mentor he intentado plasmar lo que a mí me había funcionado. ¿Se consigue todo con disciplina y solo con disciplina? Obviamente hay que tener motivación, hay que tener ilusión, hay que tener sueños. Pero no solo por ser disciplinado te va a garantizar el éxito. Lo que sí que te garantiza, si tú trabajas mucho y eres disciplinado, es que el proceso hasta conseguir los resultados, sean buenos o malos, te hagan sentirte bien contigo mismo. ¿Ahora ve que eso es más importante que un título? Hoy en día, creo que mucha gente el proceso lo aparta un poco y no se da tanta cuenta de que ahí es donde creces, y solo piensa en la palabra ganar. Pero ese aprendizaje hasta que llegas a conseguir los resultados, o no, es lo que te tiene que dejar tranquilo contigo mismo. ¿Qué es lo más gratificante y lo más difícil de su etapa de entrenador? Lo más gratificante es ver cómo tu jugador va evolucionando, con todo el trabajo que se hace para mejorar día a día. Los resultados son una consecuencia de hacer las cosas como crees que va a ser mejor, unas mejor, otras peor. Lo más frustrante es que te sientes impotente de que no está en tu mano ayudarlo más en pista. Es el jugador el que hace que las cosas pasen. Cuando era jugador sentía que en mi mano estaba todo lo que podía hacer; cuando estás sentado en el box te sientes muy impotente. ¿Cómo ha visto evolucionar el tenis y los tenistas? ¿Qué ha cambiado más? A nivel físico la gente es más fuerte, más alta y tiene más fuerza, le pega mucho más fuerte, y creo que el tenis ha ido un poco en involución: se juega mucho a destruir y poco a construir. Carlos es uno de los mejores porque es capaz de jugar muy rápido pero a la vez construir. Ahora es como se piensa, todo va muy rápido, se tiene poca paciencia. Y con los materiales, sé un poquito menos de tenis que antes. ¿Es una sensación o parecía que en la época suya y después con Federer, Nadal, había más exigencia o más compromiso de alguna manera que en estos momentos? Hoy en día hay más distracción. Digámoslo así. Las redes sociales, el teléfono… La gente hoy pierde mucha energía viendo mucha información del teléfono, muchas veces buena, otras mala. Nosotros no teníamos ese tipo de distracciones, estábamos un poquito más ordenados en la pista y fuera de ella. A los jóvenes ahora se les ve un poquito más inconstantes en ciertas cosas. Creo que lo genera un poco el hecho de quererlo todo ya, el hecho de aburrirse muy pronto, el hecho de no tener paciencia, ese tipo de cosas que hace que cueste un poquito más trabajar en algunos aspectos. ¿Se arrepiente uno de retirarse en algún momento? Yo lo dejé porque mentalmente me sentía cansado y ya no me sentía competitivo, ni sentía la competición como antes. Sentí que lo tenía que dejar. ¿Me arrepiento de haberlo dejado tan pronto? Tal vez sí, porque luego una vez visto cómo las carreras han ido evolucionando a cada vez más largas, quizá podría haber estirado. Pero hay que ver el porqué. Yo empecé con 18 años y jugué hasta los 32. Son muchos años sin parar, en un deporte que te genera un estrés difícil de aguantar durante tanto tiempo. Yo me acuerdo hablar con Sergi Bruguera que decía: ‘es que las carreras más largas de diez años no son buenas porque tu cabeza no aguanta tanto estrés’. Y hoy hay carreras de 15, 18, 20 años. Por la forma en que se trabaja, que igual no se entrena tanto, se está un poquito más fresco, se trabaja más la prevención de lesiones, no llegas tan cascado al final de tu carrera. Y que todo el mundo termine tan tarde quizá te haga pensar que es lo normal, pero antes eran unos 10 años, y yo estuve 15 y era ‘wow, ¡cuántos años! Ahora es lo normal. Hay quejas por el calendario, pero más o menos ustedes jugaban los mismos partidos que ahora. Sí, igual. Digamos que ahora se atreven un poquito más a decir que quieren parar. Antes es verdad que seguíamos sin parar mucho tiempo. Pero yo, hasta que no me llegó el momento final de carrera, nunca pensé en parar. Hizo muchas cosas bien: Roland Garros, número 1, ¿eso es el éxito? ¿O qué es para usted? El proceso de cómo hacer las cosas. El esforzarte, el dar cada día lo mejor de ti mismo, con pasión, con ganas, con ilusión, intentar conseguir los objetivos que uno se marca en el presente y en el futuro. Para mí ese proceso de esfuerzo, que no es nada fácil, es ser ganador. Solo gana uno el torneo, pero la manera de hacer las cosas en el camino es una forma de tener éxito en la vida.