El Real Madrid despejó las dudas y consiguió una seria victoria ante el Partizan, la primera de su temporada continental . Les sentó de maravilla a los blancos volver a su estadio por primera vez desde el curso pasado, pues en él se sienten dominantes, relajados, listos para aplicar el libreto de Pedro Martínez. Una vez más, Maledon volvió a ser el líder espiritual y anotador de los suyos, bien acompañado el francés por Campazzo, Feliz y Tavares. En anécdota quedó el tercer cuarto, cuando los serbios, imbatidos hasta la fecha, amenazaron con la remontada. El ansiado triunfo nunca corrió peligro. La nada y el todo se enfrentaban en el Palacio. El Madrid, con tres derrotas en Euroliga, y el sorprendente Partizan de Peñarroya, todo victorias en su aventura continental. Ante su público y obligados a estrenar su casillero de una vez por todas, los blancos saltaron a la pista con autoridad, al son de Maledon y Abalde. Buenas sensaciones diluidas por el talentazo de Carlik Jones, autor de los primeros ocho puntos de los serbios. Los golpes del estadounidense hicieron recular a los locales, reincidentes en cuanto a pérdidas y malas transiciones defensivas, un escenario ideal para el físico y vistoso juego de sus oponentes. Una mala racha que fulminó Luwawu-Cabarrot con su prodigioso tiro en suspensión. Las canastas de Smith Jr. y Pradilla nada más comenzar el segundo cuarto aumentaron la brecha blanca hasta los 16 puntos, un puñetazo directo a la mandíbula del Partizan, sometido y sin demasiadas respuestas sobre el parqué pese a su buen inicio. Incluso Jones parecía haberse quedado sin carburante, aunque siete puntos consecutivos de Thompson rebajaron la euforia merengue, que se veía llegando al descanso con una cuantiosa ventaja. En ese momento, emergieron la energía de Feliz y las finalizaciones en la zona de Tavares, razones suficientes para mantener a la parroquia blanca tranquila. Tras el paso por los vestuarios, contratacaron los balcánicos con un buen parcial de 2-9. Le tocaba al Madrid mover ficha y Pedro Martínez, muy enfadado con sus pupilos, optó por devolver a pista a Luwawu-Cabarrot y a Feliz, de los más productivos en la primera parte. Mientras, los aficionados serbios situados detrás del banquillo visitante, una decena, protestaban airadamente todas las decisiones arbitrales, más caldeado el ambiente en el Palacio a cada minuto que pasaba. Les tocaba a los locales aguantar el chaparrón e intentar recuperar la fluidez en ataque lo antes posible, pues el Partizan parecía decidido a llevarlo al límite. Los locales, esta vez sí, respondieron y aunque sus rivales se habían colocado a solo seis tantos, recobraron el aliento y golpearon con fuerza gracias a Maledon, Campazzo y Feliz. En un suspiro, la brecha volvió a ser de dobles dígitos. El Partizan nunca aflojó, siguió metido en el partido gracias a los tiros libres y a su legendario carácter, pese a que la victoria merengue acabó por ser incontestable.