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Edición en español Miércoles 14 de octubre de 2026

Oksana Brovko, sobre los medios en Ucrania: «Enseñamos a la gente a sobrevivir un día más»

Luchar contra la corrupción, aguantar las presiones del poder, salvaguardar la independencia de los medios, publicar información veraz, hacer de contrapeso democrático, adaptarse a un mundo cambiante y tratar de atraer nuevas audiencias. Esos son los problemas habituales a los que se enfrenta el sector de los medios de comunicación en cualquier democracia, también en Ucrania. Pero, desde hace cuatro años, en este país, a esos deberes se le han sumado también entregar periódicos en las trincheras, equipar a redactores con chalecos protectores, enseñarles a huir de un ataque con drones o equipar redacciones de medios locales con baterías o generadores. El periodismo en Ucrania se abre paso entre los escombros que dejan las bombas rusas al caer. Lo hace de la mano de personas como Oksana Brovko, directora de la Asociación de Periodistas Independientes de Ucrania, que –con motivo de su visita a España para inaugurar este jueves en Valladolid el Encuentro de Periodismo Miguel Delibes organizado por ‘El Norte de Castilla’ – visitó este miércoles la casa de ABC para ofrecer una conferencia sobre resiliencia e información en tiempos de guerra. «¿Cómo funciona el periodismo cuando la vida normal desaparece?». Fue la pregunta con la que comenzó su alocución. La respuesta son el centenar de medios locales que sobreviven en un contexto absolutamente desfavorable gracias al apoyo constante de una asociación que trata de solucionar problemas que abarcan desde lo más rudimentario -disponer de baterías- hasta lo más complejo, -lograr financiación independiente para garantizar la información veraz frente a la propaganda distribuida a través de los medios interceptados por Rusia en territorio ocupado-. En redacciones de informativos locales, con suerte, hay tres personas trabajando. Muchas de ellas fueron objetivos directos de drones rusos y han sido reducidas a nada. «Allí solo hay un agujero y una bandera ucraniana». Los hombres han tenido que alistarse en el ejército y las mujeres han tomado el testigo como editoras. La distribución, la logística y el acceso a internet complican su labor, pese a todo, la información persiste. La resiliencia, explicó, se demuestra en los actos más cotidianos que contribuyen a la circulación de información independiente en un país asolado por la propaganda. En una intervención emocionante y cercana, Brovko no presentó la guerra como una sucesión de cifras o mapas militares, sino como una realidad con la que conviven y que ha obligado a los periodistas a reinventar su oficio para seguir contando lo que sucede, pues estos medios se han erigido como indispensables para que la ciudadanía ucraniana haya podido navegar casi cinco años de guerra. «Enseñamos a la gente vivir un día más», aseguró Brovko. La información es un derecho, pero, en un contexto como el actual, para Ucrania es una cuestión de vida o muerte. Los periodistas no solo informan sobre ataques, posiciones del Ejército o avances en esas dilatadas negociaciones de paz. «Les contamos cómo estar preparados, cómo sobrevivir la invasión, cómo mantener caliente a un niño, cómo escuchar un dron, huir de un ataque, buscar un lugar donde cobijarse, cómo conseguir agua…». Según la cifra que compartió Brovko, 977 periodistas han perdido la vida desde que comenzó la guerra. La tragedia, advirtió, no puede reducirse a una historia sobre Ucrania: interpela a quienes defienden la libertad de prensa. Como tantas otras madres en el mundo, Brovko enciende una lámpara cada noche para que su hijo menor no se sienta solo. Un pequeño gesto que la propia asociación que dirige también replica con esos medios locales por los que velan cada día. Cuyas necesidades tratan de suplir a pesar de las adversidades . «No se trata de iluminar el mundo entero, se trata de conservar la esperanza. Solo tenemos que mantener la lámpara encendida».

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