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Edición en español Lunes 19 de octubre de 2026

El Madrid mejora con Güler… y sin Vinicius

Pertenezco a un selecto grupo de WhatsApp, la APP Marxista Madridista, en el que desde hace un par de temporadas hay bronca casi semanal. El nivel de discusión es directamente proporcional al tropiezo blanco en el campo. Lo de APP es un guiño a la Asociación de Periodistas Parlamentarios porque todos, militemos o no, somos corresponsales en el Congreso. Y lo de marxista, bueno, digamos que el fundador de este club de ‘haters’ está más escorado a la izquierda que Vinicius . El caso es que la madre de todas las batallas, cuando vienen mal dadas, es a quién culpamos más del agujero sin fondo que el equipo parece empeñado en cavar. Si a Vinicius o a Mbappé. Aquí hay dos bandos. Los que creemos que el brasileño no ha remontado vuelo desde que perdió el Balón de Oro frente a Rodri –¡ay!– y los que culpan al máximo goleador de las dos últimas temporadas hasta de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. A unos nos desesperan las protestas de Vinicius, los piscinazos, las quejas y lamentos. Y, por supuesto, su bajón de rendimiento. A otros, como si los goles no existiesen o fuesen algo muy secundario en este deporte, su algoritmo en X les repite hasta la saciedad cada fuera de juego del francés, cada mal control y cada jugada en la que no tira el desmarque que, viendo el fútbol a cámara lenta, era el obvio. El caso es que este domingo, contra el Sevilla, el equipo mejoró. Y mucho. Es el primer partido de sanción que cumple Vinicius tras su tirón de pelo de guardería a Saliba y arriba, con Endrick en una banda y Diomandé en la otra, uno potencia pura, otro velocidad y calidad, las cosas funcionan mejor. Me llamarán ustedes ventajista, y lo estoy siendo. Hay otros factores, claro. Para empezar, de Roma aprendimos –¿verdad, Mou?– que un doble pivote con Valverde y Tchouaméni conduce al sopor. Mourinho acertó contra el Sevilla porque rectificó. Fede, digámoslo, es el mejor lateral derecho de la plantilla y jugó ahí. Güler –obviemos su codazo, que seguro que lo repiten en Real Madrid TV–, de creador de urgencia ante las carencias de la plantilla, se salió. Y Mbappé, sí, sin Vinicius al lado, fue Mbappé. Aparentemente, brasileño y francés son amigos, se llevan bien. No lo dudo. Pero esa química que parece haber fuera del terreno de juego desaparece en el campo. Y Kylian, que es el jugador mejor dotado de la plantilla, fue superior con Diomandé a la izquierda y Endrick a la derecha. Güler, un mediapunta mortífero, cumplió sobrado en las labores de construcción. Movió al equipo y lo sacó de su parsimonia. La alineación del Real Madrid, a día de hoy, debe ser lo más parecido al turco y diez más. Está inmenso. Su ‘no expulsión’ le sirvió para enviar el balón a la escuadra, en una parábola imposible y con un gesto técnico al alcance de muy pocos. Después fue Mbappé, bailando, con una exhibición de coordinación, sí, y velocidad, quien se plantó delante de Vlachodimos y lo engañó con un vertiginoso cambio de pie. Golazo. Marcó su segundo de penaltito, recortó distancias el Sevilla –que jugó mejor de lo que dice el marcador– tras aparecer un par de veces el de siempre, Courtois, y Diomandé, que participó en todos los goles, pero había errado en la definición, mandó un trallazo al fondo de la red. 4-1. Así que el Madrid, sin Vinicius y con Güler, mejoró. Ah, y con dos tíos en las bandas que, además de atacar, defienden –asignatura pendiente, también, de Mbappé–. Habrá que ver el miércoles, ante el Leipzig –donde sí puede jugar Vini–, si las buenas sensaciones siguen y hay esperanza de cara al clásico. Esperemos que Mou haya aprendido la lección.

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