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Edición en español Viernes 30 de octubre de 2026

Freaks

No puedo dejar de pensar en el homenaje cargado de ironía que France Football tributó el lunes en Londres a ‘La parada de los monstruos’, fantástica película de terror de Tod Browning, que antes dirigió el ‘Drácula’ de Bela Lugosi. La gala fue imbuida de cierto toque daliniano pero el colmo del absurdo fue sin lugar a dudas ver aparecer por la alfombra roja a Yamal con ese maxibroche de plumas de Chanel en forma de flor que supongo que habrá provocado ceses en el número 31 de Rue Cambon. Mi único interés consistió desde ese preciso instante en seguir con la vista al floripondio para ver si se movía, cobraba vida propia y empezaba a comerse a los asistentes como pasó con Audrey II en ‘La tienda de los horrores’. Miraba a Lamine, miraba el broche de color rosa empolvado y no hacía otra cosa que imaginarme al mutante psíquico Kuato de ‘Desafío Total’ saliendo del abdomen de George, su hermano gemelo siamés. Lo único decepcionante entre tanto espanto fue el nombre del ganador del Balón de Oro, el premio estelar de la noche, que fue para un señor que dice llamarse Harry Edward Kane , un tipo normal, un jugador del que habría estado orgulloso Sir Stanley Matthews, el primer ganador allá por 1956. Kane se abrió paso como pudo entre la mujer barbuda, el torso viviente y la chica ave y, con su simple presencia, reivindicó probablemente sin él pretenderlo el viejo fútbol, el de toda la vida, el fútbol del campo embarrado y el Adidas Tango. «Quiero que tú seas el protector de Roma después de mi muerte», le dice Marco Aurelio a Máximo Décimo Meridio. «¿No aceptas?», pregunta el emperador estoico, y Rusell Crowe responde «De todo corazón, no». «Por eso tienes que ser tú». Por eso debía ser Kane. Tenía que ser él porque, a diferencia del comandante de los ejércitos del norte y aunque él sí deseara ese tesoro, se contuvo y lo disimuló convirtiendo su ambición en algo íntimo y evitándonos de paso a todos el bochorno al que nos sometieron Mbappé y Yamal con su absurda verborrea. Hay esperanza.

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