
Duros, revueltos, fritos, en tortilla, al horno o crudos en un batido. Pocos alimentos admiten tantas versiones como el huevo, y pocos han pasado por una reputación tan cambiante: de villano del colesterol durante décadas a aliado de la dieta saludable en los estudios más recientes. La pregunta ya no es si comerlos, sino cómo.
Por La Opinión
Un huevo grande cabe en la palma de la mano y aporta poco más de 70 calorías, pero concentra una de las proteínas de mayor calidad de la dieta. Su proteína contiene los nueve aminoácidos esenciales, por eso se la considera completa o de alto valor biológico.
Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) recogidos por Wikifarmer, un huevo grande, de unos 50 gramos, aporta 72 calorías, 6.3 gramos de proteína y 4.8 gramos de grasa. A eso se suman unos 147 miligramos de colina y 1.1 microgramos de vitamina D, un nutriente que muy pocos alimentos contienen de forma natural. Su colesterol ronda los 186 a 212 miligramos por unidad, concentrados en la yema, fpmde están todas las vitaminas liposolubles del huevo (A, D, E y K), la colina clave para el cerebro y dos antioxidantes, la luteína y la zeaxantina.
Pochados y pasados por agua
Pochados, escalfados o pasados por agua: esa es la respuesta en la que coinciden la mayoría de los nutricionistas consultados por medios especializados. Son las cocciones que menos grasa añaden, menos calorías suman y menos dañan los nutrientes del huevo.
La regla que repiten los dietistas es la de “ni poco ni demasiado”: calor suficiente para eliminar bacterias, pero no tanto como para degradar nutrientes u oxidar el colesterol. Así lo resume la dietista estadounidense Anya Rosen, que propone una cocción lenta y a baja temperatura y señala el huevo pochado como una de las opciones más sanas.
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