Los inicios de la NBA , como ha ocurrido en la actual campaña, suelen ser fulgurantes, hambrientos los grandes astros y escudos por mostrar todo su potencial, acaparar titulares y empezar a construir la que puede ser una senda hacia el éxito. Pero, además, también sirven para deleitarse con las jóvenes promesas, hombres que pasan del anonimato a la fama absoluta en tan solo un par de partidos. Un fenómeno que en la temporada 2026-27 ha protagonizado como nadie Yaxel Lendeborg (San Juan, Puerto Rico, 24 años). El ala pívot de los Golden State Warriors, elegido en la posición número 11 del pasado Draft, tiene boquiabierto al mundo del baloncesto pues, en sus primeros ocho encuentros, promedia con los californianos 21,5 puntos y siete rebotes. Incluso el mito Stephen Curry, con quien comparte vestuario, se ha rendido ante su figura. «Lo que más me impresiona es su compostura y su lectura de juego. Tiene tamaño en la pista y es un problema para cualquier emparejamiento defensivo, pero nunca se precipita. Está empezando a ver muy bien las jugadas: distribuye, es agresivo yendo en busca de los tiros libres, captura rebotes ofensivos… tiene prácticamente el paquete completo», declaró el tres veces campeón sobre Lendeborg que, en un acto de valentía y con el propio Curry en el banquillo, lideró una espectacular remontada contra los Clippers el pasado lunes tras sumar 37 tantos y seis triples anotados. Además, el puertorriqueño no solo es bravo con el balón en juego: se encaró con Luka Doncic en su estreno como profesional y acusó al esloveno de «lloriquear y quejarse» durante el encuentro contra los Lakers. Un carácter indómito y una percha de jugador mayúsculo que a punto estuvo de tirarlo todo por la borda cuando era un adolescente. Como él mismo reconoció en una carta abierta en el medio ‘The Players Tribune’, durante su etapa en el instituto jugaba tanto a los videojuegos que ni siquiera acudía a la mayoría de clases. Sus notas eran tan bajas que incluso tenía prohibido apuntarse al equipo de la institución situada en Pensauken, Nueva Jersey, localidad donde su familia se instaló tras emigrar desde Puerto Rico y pasar un tiempo en el norte de Ohio. Una situación límite cortada de cuajo por su madre, Yissel Raposo, que había sido atleta profesional en su país natal (incluso compitió embarazada de unos pocos meses con el nonato Yaxel en el vientre). Un día entró en la habitación de su vástago y arrasó con todo, se llevó la televisión, la videoconsola, la lámpara y los posters de las paredes. Incluso arrancó la puerta para poder guiar a su hijo desde primera fila hacia un futuro mejor. «Esa noche mi madre prácticamente me salvó la vida», declaró. Aquella escena significó un punto de inflexión para Lendeborg, que se apuntó a un colegio comunitario de su barrio, mejoró sus calificaciones y, al fin, pudo volver a jugar al baloncesto, su segundo deporte favorito después del béisbol pero en el que más destacaba gracias a su corpulencia y los trucos que le había enseñado un primo suyo en las canchas callejeras. Su impacto fue inmediato y, con los 18 años ya cumplidos, la universidad de Western Arizona, gracias a la insistencia de su madre, le ofreció una beca deportiva de tres años. Una formación que continuó desde 2023 en Michigan, donde se proclamó campeón de la liga universitaria (NCAA) la pasada campaña y donde hizo buenas migas con el español Aday Mara, ahora su rival en los Oklahoma City Thunder. «Al principio de los entrenamientos, me taponaba todos los tiros. Yo hablaba con mis entrenadores y les decía: »Oye, ¿quizás soy malo? No puedo anotar contra este tío«, dijo del zaragozano. Sin embargo, ante el resto de rivales era una máquina y la NBA ya estaba salivando por su talento. Ahora, en uno de los equipos con más solera de la competición, Yaxel recoge los frutos del trabajo duro y de la dedicación, casi siempre apoyado por su madre desde la gradas pese a que hace unos meses fue diagnosticada de un cáncer. Una pareja que en el pasado tuvo sus roces pero que, ahora mismo, parecen capaces de abrirse paso en cualquier escenario, ya sea en una barriada de San Juan, en las humildes calles del estado de Nueva Jersey o en la mejor liga de baloncesto del planeta.