Saltar al contenido
Edición en español Viernes 6 de noviembre de 2026

La derrota de Trump aumenta la inquietud en Israel por el futuro de la alianza con EEUU

Un hombre pasa junto a una pancarta electoral del Partido Likud en la que aparecen el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con un mensaje en hebreo que reza: “Tenemos una oportunidad para ganar”, en Tel Aviv, el martes 27 de octubre de 2026, durante las elecciones generales de Israel. Baz Ratner (AP/LaPresse)

 

Tras el tsunami demócrata en las elecciones de medio mandato, el vicepresidente republicano de Estados Unidos, J. D. Vance, escribió en redes sociales: “Todo el mundo sabe por qué perdimos”. Como motivo claro, señalaba la guerra que Donald Trump lanzó en febrero con un Benjamín Netanyahu que llevaba dos décadas tratando de convencer a cada inquilino de la Casa Blanca de derrocar juntos la República Islámica de Irán. El resultado ya se conoce: el barril de gasolina en torno a los 100 dólares (con su peso en la decisión de los votantes) y un régimen en Teherán (el mismo) que se burla de la admisión de Vance y quema una imagen de los líderes que le atacaron.

Por elpais.com

Netanyahu, uno de los primeros líderes mundiales en felicitar a Trump tras su regreso a la Casa Blanca hace dos años, guarda ahora doble silencio: sobre el varapalo de medio mandato y sobre el fin de la millonaria ayuda militar a Israel, que el mandatario estadounidense anunció en plena jornada electoral. Sí ha hablado el presidente de Israel, Isaac Herzog: “Me preocupa mucho, mucho. Me ha caído como un rayo repentino”. “¿Adónde van nuestras relaciones?”, titulaba este jueves en portada el diario Israel Hayom.

En Israel, la sensación es que Netanyahu ha perdido dos comicios seguidos en una semana: las legislativas propias, al quedar su coalición en minoría en el Parlamento, y las de EE UU, con senadores que hablan abiertamente de genocidio en Gaza o de cortar la venta de armas a Israel. No es casualidad que el martes, mientras la gente acudía a votar, Trump anunciase (sin claridad, como es habitual) que este 2026 pondrá fin a los 3.800 millones de dólares (3.380 millones de euros) de ayuda militar que Washington entrega cada año a su gran aliado. Ni que, ese mismo día, defendiese el statu quo con Irán (ni conflicto abierto, ni acuerdo de paz) frente a los tambores de guerra que venía golpeando Netanyahu: “Parece que estamos consiguiendo todo lo que queremos”.

Nadav Eyal, uno de los principales comentaristas políticos de Israel, ve un “cambio generacional trascendental” en las relaciones entre ambos países. “Tres generaciones de políticos estadounidenses, tanto republicanos como demócratas, consideraban la alianza con Israel como parte de su identidad. Ahora, está surgiendo una nueva generación en ambos partidos que ve la oposición a Israel como un componente de su propia identidad política. Aún no son mayoría, pero será muy difícil hacerles cambiar de postura. Ningún argumento los va a convencer ya. El Gobierno de Netanyahu sembró vientos y cosecha tempestades”, argumenta en el diario Yediot Aharonot.

A raíz del resultado electoral en EE UU, Yair Golán, el líder de Los demócratas, el único partido judío de izquierdas en la oposición a Netanyahu, ha llamado al primer ministro “tóxico, tanto entre los demócratas como entre los republicanos”.

En su texto de este miércoles, Vance cita a una de las personas “más inteligentes” que conoce en política, un encuestador, para señalar el “cambio de la relación con Israel” entre los cuatro motivos de trasvase de voto republicano a demócrata.

Varios detalles muestran hacia dónde van las aguas. Todos en las últimas 48 horas, en las que el principal candidato opositor en Israel, Gadi Eisenkot, ha acumulado más apoyos de los previstos para recibir a partir del viernes el encargo de formar Gobierno. Además de las cuatro fuerzas del bloque judío de oposición, han pedido su nominación las dos listas árabes, sumando el equivalente a 67 diputados, de un total de 120. Por el contrario, uno de los actuales socios de Gobierno de Netanyahu —el ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá— se ha abstenido, por vez primera en dos décadas.

Uno de los detalles es una entrevista en la que Danny Danon, miembro del partido de Netanyahu (Likud) y embajador de Israel ante la ONU, intenta reescribir la operación conjunta contra Irán: “Creo que es desafortunado que […] muchos hayan vinculado la subida de los precios, principalmente del petróleo, con la situación aquí en Israel. Sabemos que la decisión de atacar Irán fue de Estados Unidos. No fue nuestra”.

En realidad, Netanyahu la presentó días antes en la Casa Blanca como un previsible éxito, con la destrucción en pocas semanas del programa de misiles balísticos, protestas masivas en las calles y un régimen demasiado debilitado para cerrar el estrecho de Ormuz y atacar los intereses de EE UU en los países vecinos, según la recreación del encuentro que hizo el diario The New York Times. El presidente de EE UU dio luz verde a la operación, pese al escepticismo de algunos de sus asesores, y el resto es historia: nada de aquello pasó.

 

Para leer la nota completa pulse Aquí 

Clique aqui para ver articulo original