Quim Torra está centrando su gestión al frente de la Generalitat de Cataluña en dos ejes: reivindicar la figura de los dirigentes secesionistas presos y «exiliados» y hacer de correa de transmisión de las estrategias que el expresidente Puigdemont maquina desde Bélgica. Este lunes, el «president» acudirá a Waterloo para ejercer ambas funciones y calentar así para un curso político que se prevé agitado.
El enésimo viaje «oficial» de Torra a Waterloo le servirá para analizar con el exalcalde de Gerona un otoño marcado por el juicio a los dirigentes independentistas presos y por el primer anviersario del referéndum ilegal del 1-O. Sin embargo, esta nueva cimera, que tendrá lugar en el «Martin’s Grand Hotel» de la ciudad belga en la que reside Puigdemont, ha generado una oleada de críticas de la oposición.
«En lugar de retomar la agenda para abrir el Parlament, hablar de sanidad o trabajar para recuperar la convivencia en Cataluña, en su primer día (tras el verano) va a hacer de secretario de Puigdemont», ha denunciado este lunes la diputada de Ciudadanos en el Parlament, Lorena Roldán. Asimismo, ha advertido que el presidente catalán «solo trabaja para la república».
Por su parte, desde el PSC han advertido de la «subordinación» de Torra a Carles Puigdemont escenificada con una «romería» a Waterloo (Bélgica). Así las cosas, el dirigente socialista Salvador Illa ha descrito el actual gobierno catalán como una «comisión mixta» entre neoconvergentes y republicanos que solo busca complacer «los deseos de Puigdemont». «Haga de presidente, afronte los problemas del país y ejerza con plenitud su cargo», ha espetado Illa a Torra.