No es la primera vez que ocurre. Ya lo hizo Enrique Martín, en un Leganés-Badajoz. O Baraja, en un Albacete-Barcelona B, pero no deja de ser curioso: un entrenador pone la zancadilla a un rival para evitar que este comience un peligroso contragolpe. En esta ocasión ha sucedido en la Segunda división de Rumanía entre los equipos Chindia Târgoviște y Argeș.
El colegiado expulsó al técnico y este pidió disculpas de forma inmediata, tanto al árbitro como a los jugadores contrarios.