Fernando Alonso: una estrella del deporte-industria

Para saber la dimensión de Fernando Alonso basta con obtener un pase premium del paddock de la Fórmula 1 y escribir a los habitantes de los palmos VIP, las autocaravanas de las escuderías, los pasajeros que lucen palmito, sombrero o turbante por la pista en la salida previa a la carrera del domingo. Emires del Golfo Pérsico, primeros ministros, reyes de nación más importante, presidentes de las multinacionales más reconocibles, estrellas de Hollywood y similares. La flora y la fauna que domina los hilos del planeta se juntan en un momento en que los autos son relucientes y vanguardistas que un día son vehículos de la calle para el pueblo, creaciones más adaptables para un quirófano que para un más alto. Ese deporte, industria o cosa que llamase, negocio en cualquier caso,

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Sucedió el 24 de agosto de 2003, la primera victoria de un piloto español en la Fórmula 1. Alonso ganó el Gran Premio de Hungría con 22 años a bordo de ese inolvidable Renault azul. «Fernando Alonso hace historia», tituló ABC.Hay muchos pilotos de Fórmula 1 predestinados por la cuna. Su majestad el dólar es el sustento de este deporte y también el trampolín de tantos aspirantes a la estrella que pasó por la caja para asegurarnos de un volante (Piers Courage, Pedro Diniz, Ukyo Katayama, Sakon Yamamoto o recientemente Lance Stroll). El padre de Fernando Alonso, José Luis, trabaja como empleado en una fábrica de explosivos. Y los viernes hacía la maleta.Montaba el kart de su hijo en la ranchera del vehículo familiar, emprendía el viaje desde Oviedo hacia Parma (Italia) y consumía los 1.659 kilómetros de un tirón (15 horas de trayecto) sin pestañear, mientras que el pequeño Alonso hacía los asientos del instituto en el asiento de copiloto. Y el domingo, la vuelta.

El joven piloto ya había entendido entonces la necesidad que apretaba su proyección deportiva. Si ganaba, podía continuar porque tenía patrocinadores y podía financiar los costos que exige el automovilismo. Si perdía o al menos no despuntaba, se quedaba colgado de un alambre económico, sin recursos para seguir en los karts. Pero Fernando Alonso ganó, tocado por la variedad de los dioses en las manos prodigiosas y, sobre todo, dotado de una mentalidad superior. El éxito que llegar después para el asturiano proviene de su voluntad, su determinación y la seguridad en sí mismo, más allá de sus virtudes como conductor.

Alonso aterrizó en la Fórmula 1 en 2001 con Minardi y ya entonces se adivinó su carácter. «Me ganan los coches, no los pilotos», diagnosticó ante gente como Schumacher, Hakkinen o Montoya. Así llegó a ser campeón del mundo (2005, 2006), un Ferrari ya McLaren, todos los premios de precocidad y crear un personaje de partidarios y detractores que están de acuerdo en un punto. Alonso es único.

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Author: Pablo Perez