Conocí a Monchy Rodríguez lejos del fragor político, y qué bueno. Los temas de un debate eterno fueron meramente académicos. En cierta medida todos sus compañeros maestrantes aprovechamos sus experiencias, abrevando en las fuentes de lo fáctico, del poder por dentro, de ese que dista de manera abismal del planteado en la teoría.Nos conocimos en las aulas. Obvio que la política, la formación y la pasión, siempre desborda las conversaciones y va permeándolo todo. Los temas y sus enfoques de la escuela marxista de los primeros días de una juventud fogosa refulgían en los anhelos de un nuevo orden, de convertir en realidades las quimeras boschistas; mientras, del otro lado de la acera: la realidad que golpea duro, reduciendo a añicos sueños, pero también renovando esperanzas.Monchy y yo compartíamos lecturas. Entre las pausas de las clases, al retorno del almuerzo o en medio del tedio de algunas cátedras conversábamos de las perspectivas de cómo emplear los conocimientos que…