Desde la miel sin refinar hasta los brebajes con testículos de cocodrilo. Si nos remontamos a la noche de los tiempos, la humanidad procura siempre encontrar la sustancia, bebida o alimento capaz de encender las llamas propias o de la persona amada. Los egipcios se untaban el pene con una mezcla especial. Los romanos consumían semen de hombres jóvenes pensando que aumentaba su virilidad. Todos queremos encontrar la llave de una vida sexual potenciada. Hoy la ciencia tiene algo que decirnos al respecto.
Miles de papilas gustativas recubren gran parte de la lengua. Cada papila gustativa contiene varios tipos de receptores y cada uno de ellos detecta uno de los 5 sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo o sápido (también llamado umami, el sabor del glutamato monosódico).

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