Antonio Cassano anunció ayer su «retirada definitva» del fútbol profesional. Casi 20 años después de su debut oficial con el Bari, el jugador italiano ha decidido poner fin a los 36 años a su carrera en los terrenos de juego. Lo hace «sin remordimientos», tras haber jugado en equipos de la talla del Real Madrid o el Milan. Su carácter controvertido le impidió
alcanzar cumbres de rendimiento aún más altas, ya que su talento precoz le auguró en sus inicios un futuro de lo más prometedor.
Los últimos compases de su carrera se han producido en la Serie C, en el Virtus Entella, el cual ha abandonado por no tener «determinación suficiente para entrenar con continuidad». Sus anteriores clubes habían sido el Hellas Verona, la Sampdoria y el Parma. Cassano pone fin así a una carrera en la que llegó a conquistar una Supercopa de Italia con la Roma, una Liga con el Real Madrid, y una Serie A y otra Supercopa con el Milan.
Sus inicios
Nacido en Bari (sur) en la noche de 1982 en la que la selección italiana ganaba en Madrid el tercer Mundial de su historia, Cassano siempre aseguró con orgullo que se formó futbolísticamente jugando en las callejuelas de los barrios populares de su localidad. El «talento de Bari Vecchia» (Bari Antigua) cumplió su sueño de debutar con el club de su ciudad en diciembre de 1999 y tardó apenas una jornada en estrenarse como goleador, con una diana al Inter que mostró al mundo del fútbol italiano todo su potencial.
Después de brillar con la Roma, que le fichó por 30 millones de euros, se marchó al Real Madrid, donde su controvertido carácter le privó de tener la continuidad necesaria. Aun así, su carrera como madridista empezó de la mejor manera, con un gol decisivo en los cuartos de final de la Copa del Rey contra el Real Betis. Después de su brillante comienzo se abrió una página más oscura.
La reputación de «chico terrible» desde sus años romanos se confirmó en el Real Madrid, club con el que fue protagonista de una serie de polémicas que terminaron perjudicándole. Su falta de forma física le provocó el apodo de «Gordito» entre los aficionados del Santiago Bernabéu y algunas bromas contra su entrenador, Fabio Capello, resultaron determinantes para que terminara al margen de la plantilla. Él mismo ha reconocido en multitud de ocasiones que su vida personal acabó lastrándole en el campo.
Un paso difícil por Madrid
Tal y como ha reconocido en multitud de entrevistas posteriores, su etapa en el Real Madrid no se caracterizó por su excesiva profesionalidad: «Tenía un amigo camarero. Su misión era llevarme tres o cuatro croissants tras haber hecho el amor. Me los llevaba a la escalera, yo acompañaba a la chica y hacíamos el cambio: él se llevaba a la ‘tipa’ y yo me hinchaba de croissants».
Su relación con Fabio Capello fue tormentosa y sus enfrentamientos fueron noticia durante su etapa en la capital de España: «En Tarragona me tuvo calentando durante todo el segundo tiempo con Ronaldo. En los vestuarios le dije: ‘Eres un hombre de mierda, eres más falso que el dinero del Monopoly’». «Para Capello es siempre la misma gente, siempre está Ruud, si no está Raúl. Si no está Beckham y si no Ronaldo y si no juega Robinho o Reyes», llegó a declarar.
Un vídeo suyo imitando al técnico italiano le terminó costando una sanción y una piedra más en su camino hacia el triunfo como madridista. «De lo que más me arrepiento en mi trayectoria es de salir del Real Madrid. Estaba en el mejor equipo de la historia y podría haberme quedado más tiempo y ganar mucho más. Seguí mi instinto, cometí errores y me marché».
La Sampdoria fue el equipo que le rescató y con el que Cassano dio una de sus mejores versiones: formó con el delantero Giampaolo Pazzini una pareja memorable que fue capaz de llevar a los genoveses hacia una clasificación a la fase previa de la Champions League. Sin embargo, de nuevo floreció su parte más controvertida. En 2008, en un partido ante el Torino, fue expulsado por protestar duramente al colegiado, hasta llegar a quitarse y lanzarle la camiseta.
Las denominadas «Cassanate», referidas a sus actitudes polémicas, le acompañaron en toda su carrera. Ayer se dio por concluida la trayectoria de uno de los jugadores de más talento del fútbol italiano que, a pesar de los logros conseguidos, deja la sensación de que habría podido alcanzar mucho más de lo que efectivamente obtuvo.
«Para jugar al fútbol sirve pasión, talento, pero sobre todo determinación, y yo en este momento tengo otras prioridades. Sé que, de tener otro carácter, habría podido ganar más trofeos y jugar mejor, pero creedme, he vivido igualmente emociones increíbles. Ahora empieza la segunda mitad de mi vida. Me da curiosidad y estoy decidido a demostrar, sobre todo a mí mismo, que soy capaz de hacer buenas cosas incluso sin la ayuda de mis pies», se despidió.