Gracias a los métodos que la filología utiliza (la comparación y la historia) se ha demostrado el parentesco de las lenguas. Dos lenguas son parientes cuando se puede establecer que han evolucionado a partir de un mismo estadio lingüístico anterior depositario de documentos escritos conservados, que permiten la reconstrucción de ese estadio. El primero que sentó las bases para el método comparativo fue el alemán Friedrich Schlegel, lo continuaron los trabajos del danés Rasmus Rask, del alemán Franz Bopp, y del inglés William Jones. A ellos se asocian los trabajos de Grimm, en lo concerniente al sistema vocálico, llevaron a concluir lo que Jones a principios del siglo XX había descubierto -hay grandes similitudes entre el latín, el griego y el sánscrito- es decir que son lenguas emparentadas. Con ello se descubrió una conexión histórica que probó la tesis de Jones: hace más de 5.000 años en el norte de Europa se hablaba una lengua cuyo nombre se desconoce, la bautizaron con el…