La destitución, por Rubén Limas Telles

   

 

El pasado 23 de octubre fue un día movido. Para comprender adecuadamente el significado de los acontecimientos vamos a desmenuzarlo en tres partes: 1) se efectúa una rueda de prensa de Lorent Saleh en España, ex preso político y actualmente asilado, en la cual denuncia a la Vice fiscal Katherine Harrington de dirigir las torturas en las instalaciones de “La Tumba” en la sede del Sebin de Plaza Venezuela, 2) Ella es destituida inmediatamente, la medida fue publicada en Gaceta Oficial 41.506, bajo el número de resolución 3.099 y 3) Beysce Pilar Loreto Dubén fue juramentada como nueva Vice fiscal de la República por la ANC.

Por el hilo de los acontecimientos se puede intuir que el desprecio por los derechos humanos practicado por el régimen ya está siendo una pesada carga y, como acción desesperada, se intenta dar demostraciones apresuradas de limpieza en el rostro. Pero el intento se queda hasta allí, hasta el intento, la nueva Vice fiscal toma juramento diciendo “Juro construir la patria que (Hugo) Chávez soñó (…) haré que palpite la sangre de Chávez en cada una de las tareas que me has designado”. Tales expresiones no son dirigidas a precisamente dar tranquilidad a los familiares de las víctimas de la tortura, de la prisión arbitraria y el terrorismo de Estado.

La ahora Ex Vice fiscal  de la República Katherine Harrington forma parte de la lista de sancionados por el Gobierno de Barack Obama en 2015 y es de suponer que la rueda de prensa de Lorent Saleh, efectuada en España, fue el detonante de mayores demandas de la comunidad internacional que exige la restitución de la constitución y la democracia. Lo ocurrido con esta llamativa destitución quizá no pueda interpretarse como un cambio de rumbo, pero si es una señal que debe demostrarle a los “autores materiales” de violaciones de derechos humanos, civiles y militares, que los “autores intelectuales”, esos que dan las ordenes, no dudarán en entregar cabezas ajenas antes que las propias a la justicia cuando a ello se vean precisados y, conforme a la doctrina en materia de DDHH, nadie podrá apelar al principio de la obediencia debida.

Si usted ve las bardas de su vecino arder, corra y ponga las suyas en remojo. ¿Cuánto aun falta en esta terrible pesadilla? es impreciso saberlo, pero como paciente moribundo, este régimen comienza a dar signos de debilitamiento. Esperamos que no solo la justicia divina, sino la terrenal, lleguen a todos aquellos, que por acción u omisión han violado los derechos humanos de los venezolanos, y ese día renacerá la paz. No hay paz, si no hay justicia.

 

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Author: Pablo Perez