La Asamblea Anual de la World Sailing que se celebra del 27 de octubre al 4 de noviembre en Sarasota (Estados Unidos) se presenta muy caliente, sobre todo después que se haya descubierto que el agujero económico que tiene la World Sailing –Federación Internacional de Vela- sea más grande de lo que cualquiera podía imaginar, y que la estructura empieza a hacer aguas.
Gente importante política y deportivamente en el mundo de la vela llevan tiempo anunciando, caso del expresidente de la IYRU, Paul Henderson o periodistas como Bob Fisher que lo vienen denunciando y que ahora se está evidenciando, que la gestión de la federación mundial, a la que podría incluirse a muchas federaciones nacionales, han dejado de pensar en el deporte en sí y por ende en los clubes y deportistas, y se están dedicando a hacer huidas hacia delante, que lo único que hacen es debilitarlo, hecho que aprovecharán otros deportes para pasarlo por encima. En realidad ya está ocurriendo, la vela gestionada por las federaciones está cayendo en picado y solo se mantienen los circuitos privados que están mantenidos por un grupo reducido de millonarios, casos de los TP52 Super Series, los RC44 o los GC32 con las Extreme Sailing Series, por no hablar de la America’s Cup y el circuito que ahora se han inventado Larry Ellison y Russell Coutts.
Pero volviendo al origen del problema. El anterior presidente de la World Sailing al que votó la delegación española, Carlo Croce, vino a cambiar todo lo establecido, poniendo como CEO a Andy Hunt, un neófito en esto de la vela, y que probablemente fuera un lince en los negocios, pero cuando tu quieres convertir a una federación en una empresa, lo más normal es que le ocurra lo que le ha ocurrido, que se pegue la torta del siglo. Evidentemente Hunt no vino gratis, sus emolumentos ascienden a 200.000 libras –cantidad parecida en euros- y con el beneplácito del actual presidente, Kim Andersen, se llevó la sede de la federación de Southampton a Londres. Eso me suena en España pero a la inversa, que se la han llevado de Madrid a Santander con Julia Casanueva a la cabeza. Casos parecidos, en los que los intereses personales de quienes les dirigen están por encima de los deportivos y económicos. Si tengo la oficina al lado de mi casa, porque tengo ser yo el que me desplace.
Pero no solo en el caso de la sede está el problema, que al final puede acabar siendo anecdótico, el hecho está en que la gestión ha sido pésima, privatizando las regatas, es decir quién paga está en mi circuito olímpico, y quien no, que se busque la vida y se hunda en la miseria. El caso de los dos Mundiales de Santander son el ejemplo más claro, en el que la World Sailing lo dio única y exclusivamente por las prebendas que iba a recibir.
Al final de esta historia es que la deuda de la World Sailing ya supera los cinco millones de euros, que su poder e influencia está por los suelos, el ejemplo es que la vela ha dejado de estar en el programa de los Juegos Paralímpicos, y que la vela con tantos cambios y sin tener un rumbo fijo determinado, aún no se sabe que clases estarán en Paris 2024, puede haber iniciado el camino de perder después de estos Juegos su estatus de olímpico.
Y sino, tiempo.