El tercer yerno

España, acostumbrada a hacerse temer en el mundo por sus suegras, es hoy ya más famosa por sus yernos. Como Marx. ¡Los yernos de España! Suyos son los valores morales de la generación más preparada de la historia.

El primer yerno en hablar, pisando la dudosa luz de la edad, ha sido Casillas, que dice que, si volviera nacer, se enfrentaría a Mourinho, a lo que Mourinho ha respondido diciendo que Casillas se le enfrentó, pero por la espalda. Mourinho quería de capitán a un jugador de campo (en su caso, Xabi Alonso), pues tener a un portero de capitán produce en los árbitros el mismo efecto que tener al que corta las entradas en el torno. Casillas era capitán del Madrid y del Combinado Autonómico por la g. de Dios, y por ahí ardió Troya, con todos los Homeros de Móstoles escupiendo versos como cáscaras de pipas en la Ilíada.

El segundo yerno en hablar, y pisa graznando la corriente cana (patos de la aguachirle castellana), ha sido Iniesta, que se la tiene guardada en el entrecejo a Hierro por dejarlo de suplente con el Combinado Autonómico (¡la casa de Bernarda Alba!) en un partido del Mundial. Tampoco Casillas perdona a Hierro que lo dejara solo en su habitación la víspera de su debut, con 18 años, en San Mamés.

Y el tercer yerno en hablar había de ser Solari, convertido por Florentino Pérez en un gran partido, con tres años de contrato por delante. Antes de la catástrofe (en imagen) de Ipurúa (estadio donde, por cierto, se prohibe explícitamente comer pipas), Solari era un yerno de España con encanto, moviéndose por Valdebebas como Lafargue por casa de Marx.

Lafargue, para quienes no vean al fanegas de Ferreras en La Sexta, era un joven criollo (hijo de un cultivador de Haití), «hermoso, lleno de fuego, y con aptitudes para la gimnasia». Aunque inclinado a las ideas de Proudhon, Marx lo metió en casa con la intención de pescarlo. El criollo tuvo miedo de Jenny Marx, la mayor, por su enorme parecido con su barbado padre. Con Laura Marx, sin embargo, enloqueció, y al no ser correspondido anunció su propósito de suicidarse, ante lo cual las defensas de Laura cedieron y Marx preparó los contratos: Lafargue debía aportar al matrimonio parte de las rentas que su padre extraía de la explotación al proletariado haitiano.

-Los criollos están verdaderamente muy cerca de la naturaleza -escribirá Carlos Marx a Federico Engels.

Mas el tercer yerno de España se nos desvaneció en Éibar, donde el Real Madrid ofreció el espectáculo más penoso de la temporada, «sindiós» que los defensores de la autogestión del vestuario pretenden cargar sobre las espaldas de Bale. El equipo es un muerto necesitado de electroshocks, que pueden ser los gritos de Antonio Conte o el 2-7-2 del sistema revolucionario de Thiago Motta, aquel mediocentro que en las semifinales de Champions de 2010, con el Inter de Mourinho en el Campo Nuevo, fue expulsado a la media hora por un teatro de Busquets, a quien el «karma» castigó con la eliminación, evitando al Madrid la humillación de ver al Barcelona coronarse campeón en el Santiago Bernabéu.

-Quiero que el jugador que tenga la pelota tenga siempre tres o cuatro soluciones y dos compañeros cerca para ayudarle -resume Motta su 2-7-2 en la «Gazzetta dello Sport».

Todo lo contrario del Madrid en Éibar, con Ramos de gestor de egos, y los egos fumándose un palillo: ¡el mondadientes con el que Benzema se presentó en Valdebebas, la Tauentzienstrasse del madridismo!

-Qué buenos están hoy estos palillos -dijo un día a Julio Camba en Berlín, paseándonos por la Tauentzienstrasse, un pensionado de nuestra Junta de Ampliación de Estudios.

-¿Sí, eh?

-Están riquísimos, te digo. Es lo mejor que tienen en el restaurante. Si vas mañana por allí no dejes de probarlos.

Y Camba concluyó que el español concebía mejor el palillo de dientes sin comida que la comida sin palillo de dientes, igual que el pipero concibe mejor el palillo de dientes de Benzema sin fútbol que el fútbol sin palillo de dientes de Benzema.

¿A quién se le ocurre poner los partidos a la hora del almuerzo?

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Author: Pablo Perez