Vaya por delante mi admiración y respeto por la clase IMOCA, desde que hace ya más de 20 años la descubrí en una memorable salida de la Vendée Globe. Desde entonces no ha dejado de sorprenderme, no solo por sus equilibrados reglamentos técnicos, que hacían posible que un barco con 8 años de antigüedad volviera a triunfar, no solo en la que es la mejor regata del mundo, caso de la Vendée Globe, sino en otras muchas regatas de su calendario mundial.
En España tuvimos la suerte de poder verlos en acción cuando se creó la Barcelona World Race, que tras varios años de éxitos, la maldita política y sus erróneos planteamientos soberanistas se encargaron de fulminarla y dejarnos sin uno de los eventos «deportivos» más importantes y más rentables que han existido en nuestro país.
Pues bien ahora los nuevos propietarios de la antigua y felizmente finiquitada Volvo Ocean Race se han propuesto resucitar este esperpento, que no regata, abriendo la prueba, que no regata, a los IMOCA 60 eso sí con tripulación y compartiendo la participación con los vetustos y antiguos VOR 60 con dos vueltas al mundo, que no regata, a sus espaldas.
Los monocascos de 60 pies encuadrados en la normativa IMOCA, están pensados para navegar en solitario y como mucho, caso de la BWR a dos y no para hacerlos con tripulación. Su filosofía los convirtió en épicos y sus patrones en estrellas populares y mediáticas. Estos considerandos los convirtieron en unas plataformas comunicativas de primer orden que fue de inmediato aprovechada por grandes, medianas y pequeñas corporaciones empresariales tanto francesas como mundiales, que encontraron en estos barcos y en sus regatas una plataforma idónea para sus campañas publicitarias y de marketing.
Una salida de la Vendée Globe, debe ser asignatura obligada para cualquier escuela de negocios y de marketing del mundo, con asistencia presencial de sus alumnos días antes de la salida y estudiar las diversas estrategias comunicativas que cada patrocinador emplea en esta regata, sin dudas la mejor del mundo.
Así que díganme ustedes que pintan estos barcos, en un evento que en vez de una regata se convierte en una travesía entre puertos y que fue perfectamente aprovechada por Volvo para promocionar sus productos en el mercado asiático con siete u ocho barcos, que iban de aquí para allá sin orden ni concierto. Uno de ellos, concretamente el Vestas, ha dejado en España a un montón de personas en el paro.
Así pues creo sinceramente que la clase IMOCA no debería ser cómplice ni dar brillo a una travesía, que no regata, que está totalmente obsoleta y fuera de lugar. Los IMOCA 60 tienen que seguir siendo fieles a sus calendarios como es el caso de la Ruta del Ron, donde 20 barcos Imoca 60 tomaran la salida rumbo a Guadalupe.