Libertad y tecnología, el binomio vencedor para una movilidad moderna

La movilidad es una necesidad básica del ser humano para cumplir con sus obligaciones diarias de la vida. El físico italiano Cesare Marchetti descubrió que desde la época de los griegos los individuos ajustan sus vidas de modo que el tiempo medio diario dedicado a desplazarse permanezca constante a cerca de una hora. Su articulo «Invariantes antropológicas en el comportamiento de viajes», publicado en 1994, demuestra la «Constante de Marchetti». Desde los griegos hasta el siglo XIX, cuando el modo principal de movilidad era el andar, las ciudades tenían un tamaño similar que satisfacían esta constante. Fue solo con la aparición del tren o de la automoción cuando el diámetro de las zonas urbanas se amplió, siempre respondiendo a la famosa regla de cerca de una hora. Siendo difícil por motivos físicos aumentar la velocidad de la movilidad instintivamente, la «Constante de Marchetti» limitará el diámetro de las ciudades y entonces será necesario aumentar la altura de las habitaciones (es lo que ocurrió en Nueva York). No hay que sorprenderse de que las construcciones sean siempre mas altas. En general, la gente no quiere gastar mucho más de una hora en desplazamientos.

El ciudadano tiene y quiere moverse. El hombre luchó para conquistar la libertad de la movilidad. Pensar en controlar esta necesidad fundamental es prepararse para las dificultades. Si parece actualmente que la gente hace grandes esfuerzos frente a la voluntad de algunos de atormentar la movilidad, esta sumisión a una ideología extraña a la historia de Europa no perdurará. El ciudadano moderno no continuará aceptando limitaciones en su libertad de movimiento.

Puede parecer raro, pero China está delante en la libertad de movilidad urbana. Están construyendo una nueva ciudad del futuro en Xiongan donde la movilidad será una de las innovaciones. El alcalde de la «smart city» Yinchuan considera que cada ciudadano tiene el derecho de tener y utilizar un coche. Allí no piensan en atacar al conductor, sino hacer fluir el tráfico con una gestión informatizada, con vigilancia con drones y explotando el big data. Esta ciudad, donde los basureros están conectados a Internet, cuida el medio ambiente aplicando tecnologías modernas y no decretando medidas punitivas como la prohibición del diésel.

Reconocemos que los coches de hoy son mucho más limpios que los del pasado, y otros progresos están en marcha ya que, por ser más competitivos, todos invierten muchísimo en I+D. El diésel hoy es limpio y mañana lo será todavía mas. Los vehículos a gas natural, sea comprimido o líquido para los camiones o autobuses, son ya soluciones limpias adoptadas en Estados Unidos gracias a la gran sorpresa de la abundancia del gas de esquisto. Y utilizar el gas natural como combustible para el transporte llega ahora también a la UE, a pesar de la total indiferencia del mundo político. Este combustible -abundante y libre de consideraciones geopolíticas- es la sorpresa energética del siglo XXI. Además, es tan limpio que se usa para cocinar. Si los autobuses urbanos, los camiones de la basura y demás vehículos de los municipios utilizaran gas natural, nuestras ciudades serias mas limpias y mas silenciosas sin necesidad de crear nuevas infraestructuras o esperar soluciones que todavía no existen. Por cierto, el coche eléctrico moderno es fenomenal; no le falta nada. Solo que los países de la UE y España en particular tienen un problema enorme de aprovisionamiento de electricidad y por su alto precio de adquisición. Si no se resuelve antes la cuestión eléctrica, invirtiendo en nuevas plantas de generación, el coche eléctrico se quedará lamentablemente en un nicho. Sin olvidar que alguien tendrá que pagar el enorme coste del tendido de nuevos cables eléctricos en todas las calles de las ciudades.

El desarrollo sostenible necesita tiempo y no decretos. Y se necesitan nuevas tecnologías y no ideologías. Así, tal como se puso de manifiesto en el foro de movilidad de la Fundación Corell de este pasado martes, las soluciones existen y otras más modernas permitirán que la libertad fundamental de movimiento de cada persona sea respetada, incluso cuidando también nuestro aire.

Samuel Furfari es profesor en la Universidad Libre de Bruselas

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Author: Pablo Perez