¡Que vienen los chinos!… de compras, no se equivoquen

Los chinos han estado por aquí estos días. No se habla de otra cosa. Con ganas, por cierto, de echar raíces. Más aún. Además, siempre que se dejan caer por tierras españolas lo hacen con un negocio bajo el brazo. Porque además, ya que están, no se van hasta obtener el mayor rédito posible del viaje. Para España, el tiempo dirá si la visita que ha realizado a nuestro país el presidente de la República China, Xi Jinping, y todo su séquito -autoridades de alto nivel estatal y empresarial- pasará o no a los anales de la historia como la versión asiática del Bienvenido Mr. Marshall que España protagonizó con Estados Unidos en los años cincuenta del siglo pasado.

Sin duda es una situación muy diferente. España ya no es lo que era. Nuestra economía ha dado un salto hacia adelante cualitativo y cuantitativo muy sustancial. Con la visita de Xi -la primera con este rango desde la de su antecesor, Hu Jintao, en 2005-, ambos países buscaban dar un impulso a la relación bilateral en múltiples ámbitos, desde el político bilateral, el geopolítico, el económico, el educativo-lingüístico y el científico. ¡Y vaya si ha sido productiva!

Xi y el presidente Pedro Sánchez firmaron ocho acuerdos bilaterales, entre los que destacan los protocolos de exportación de uva de mesa y carne de porcino, especialmente interesante para las exportaciones de jamón. Luego fue el turno de los empresarios. Hasta diez acuerdos entre compañías españolas y chinas (ICO, Abengoa, Barcelona Housing Systems, Telefónica, Técnicas Reunidas, Tecnatom, Puerto de Algeciras, Seat, Indra, Hospital Clínico de Barcelona), fueron suscritos, eso sí, en presencia de los dos presidentes, que servirán de puerta de entrada para el empresariado español en el mercado chino… y viceversa, créanme.

Intentar engañarles, esa expresión de «como un chino», no solo no es cierta. Sino que es harto imposible. Los empresarios orientales no aceptan descubrir que se les dé gato por liebre. Desde luego no se dejan engañar fácilmente cuando la balanza comercial está claramente inclinada a su favor. Los 6,3 millones de euros en exportaciones españolas a China en 2017 contrastan con los 25,7 millones de euros importados de este país, y arroja un déficit para España que supera los 19.400 millones de euros.

Conocida es la capacidad de los chinos de no perder ni medio segundo de su tiempo en lo que no deben. Están a lo que están. Y de la forma más eficiente posible. Y en esas han estado estos días. A sabiendas de que entre nuestros objetivos está atraer la mayor inversión posible, para ellos también representamos una buena plataforma en el acceso de productos al resto de Europ
a y África, así como una buena base de proyección hacia Latinoamérica y el Caribe.

China es ya el décimo mayor inversor en España.
Además, sus empresarios han adquirido activos de firmas españolas al otro lado del Atlántico por valor de más de 10.000 millones de dólares. ¿Creen todavía, pues, que vienen solo para abrir sus puertas a España?

A los empresarios chinos les gusta, y mucho, el «real estate» español -el sector inmobiliario- y todo aquello que beneficie a sus ciudadanos -turistas, estudiantes y empresarios-, por eso buscan aerolíneas, hoteles, escuelas privadas… que puedan comprar. E incursiones, recuerden, ya han hecho (NH, el Edificio España, el Wanda-Metropolitano…). Eso sí, si no logran mandar se largan y… «a otra cosa mariposa» que ¡ancha es Castilla! Pero con las manos vacías, ¡nunca! «Quién por la mañana capta la vía, al anochecer puede morir contento», Confucio «dixit».

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Author: Pablo Perez