Retos para los más jóvenes

Aunque España ha sido una estrella en crecimiento desde la crisis, muchos de sus jóvenes no lo han sentido así. Registra la segunda tasa de paro juvenil más alta de Europa y las condiciones para los que encuentran empleo siguen siendo pobres. El 50% entre 15 y 29 años tiene contrato temporal, y aún más trabajan a tiempo parcial. Muchos salen al extranjero por lo menos durante algunos años.

¿Qué es lo que hace que las perspectivas de los jóvenes españoles sean tan distintas de las de sus socios europeos? Para buscar la respuesta, hay que ver en qué otros aspectos España es diferente. Uno de ellos es la dificultad para iniciar una actividad empresarial. Un joven empresario tiene que darse de alta y cotizar a la Seguridad Social antes de empezar a facturar. Esto supone un coste fijo previo y elevado. Si pudiera cotizar un porcentaje razonable de sus ingresos reales tendría más posibilidades de éxito.

Otro aspecto diferenciador es la burocracia española, que pone trabas a la actividad económica pequeña. Como consecuencia, muchos jóvenes prefieren vivir de subsidios y trabajar informalmente. Por otra parte muchas empresas «externalizan» sus costes sociales con «falsos autónomos». Esto ocurre en otros países europeos como una forma de rebajar costes pero es más frecuente en España, empobrece las rentas laborales y precariza las prestaciones sociales futuras.

Hay otra diferencia entre España y otros países europeos, que apunta a que parte del problema laboral de los jóvenes está en ellos mismos. Antes y después de la crisis, España tenía la tasa más alta de Europa de jóvenes que abandonaban la educación y la formación antes de terminarla (24%). Más del 25% de los hombres españoles entre 20 y 25 años no están trabajando, estudiando, ni siguiendo ningún tipo de formación hoy en día, según la OCDE. Claramente, algunos jóvenes no tienen un trabajo en condiciones porque no se han preparado para ello. Mientras tanto, muchas empresas reportan «dificultades significativas» para cubrir algunos puestos. En España escasean las personas cualificadas, y esto se intensificará conforme el país envejece.

¿Qué puede hacer España para mejorar las perspectivas de futuro de sus jóvenes? Como en todos los problemas complejos no existe una solución mágica. Pero las diferencias con los países de su entorno tienen que corregirse. Debería ser más fácil para los jóvenes iniciar una actividad: menos burocracia y unos impuestos y cotizaciones sociales razonables y basados en los ingresos reales. Hay que pasar a un contrato laboral único, donde la indemnización por despido depende del número de años trabajados y no del tipo de contrato. La persecución del fraude de los «falsos autónomos» debe ser sistemática. Y el sistema educativo español debe preparar a los jóvenes para encontrar una salida profesional viable, mientras que ellos deberían buscar una formación adecuada.

El trabajo está cambiando en todo el mundo. La globalización y la tecnología han hecho que los trabajos sean más flexibles, y las exigencias del mundo laboral cambian mucho más deprisa que en generaciones anteriores. El trabajo estable de los padres y abuelos no va a ser la realidad de esta generación, y un número creciente de jóvenes cree que no vivirá tan bien como sus padres. No hay normativa que pueda protegernos de estos cambios. Pero España tiene que hacer lo que está en sus manos para que la situación de sus jóvenes mejore respecto a los países de su entorno.

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez