¿Se pueden creer los pronósticos?

Las elecciones recientes en Andalucía han puesto de manifiesto dos cuestiones nuevas y una muy repetida. Respecto de las nuevas, una es más periodística, y ya ha sido muy comentada. La segunda es más técnica, por estadística, pero menos valorada desde un punto de vista político: la elevada abstención, que con 2,6 millones votos o un 41% del censo, habría sido el partido político ganador. La cuestión muy repetida es la tendencia generalizada a olvidar los hechos al pronosticar y encontrarse con ellos de frente, una situación que, para autoconsuelo, suele llamarse inesperada.

Los pronósticos rimbombantes y audaces son los que abren las puertas de los medios, como la televisión y la radio. Es una buena forma de llamar la atención. Philip Tetlock, profesor de Psicología y Ciencias Políticas de la Universidad de Berkeley, dice que cuantas más entrevistas concede un experto a la prensa, peor tienden a ser sus predicciones.

Actuar con un desahogado exceso de confianza y mostrarse incapaz de formular cálculos probabilísticos lleva a cometer errores, ya sea en la economía, en la empresa, en los mercados o en la política.

Las culturas como las de la tele-ficción, las redes sociales, los negocios y la política no aceptan bien el perfil de analista modesto y consciente de que muchos de los problemas que se afrontan dependen tanto de la incertidumbre que son muy difíciles de predecir. El temor a que se pueda confundir esa cautela con una falta de confianza en sí mismo impide hacerlo.

Una persona que formula un enfoque plural de los problemas suele ser percibida como carente de convicción y las audiencias rechazan, en principio, las repuestas con matices. Es conocida la frase de Truman que decía que quería asesores que tuvieran una sola mano, para evitar que estos, en sus análisis, se refirieran siempre al «por otra parte», que traducido del inglés sería «en la otra mano». Sin embargo, ese tipo de perfil prudente hace mejores predicciones porque sabe más acerca de las cosas que no sabe. La pregunta clave que hay que hacerse para determinar si la persona que predice es fiable es la siguiente: ¿mejora sus predicciones si tiene acceso a más información?

Disponer de más datos no aumenta la capacidad para predecir, puede ofrecer la posibilidad de combinarlos y manipularlos de tal forma que pueden confirmar prejuicios. Si usted encierra a un hipocondríaco en un cuarto oscuro con una conexión a internet, cuanto más tiempo tenga y más información acumule, más absurdos van a ser sus diagnósticos y acabará confundiendo un resfriado común con una enfermedad infectocontagiosa. Lo mismo ocurre con las teorías de la conspiración que circulan por internet: las personas desconfiadas por naturaleza o de carácter obsesivo se las creen todas.

Perderse en la narrativa es muy fácil, por lo que la actitud distante suele dar mejores resultados. Las noticias en la política, y sobre todo las noticias importantes relacionadas con una campaña, se generan de forma irregular. Los telediarios, como su propio nombre indica, obligan, en esos casos, a una dinámica de búsqueda y hallazgo que lleva a una cobertura de sus espacios con noticias de relleno, si bien presentadas de forma que puedan disimular su irrelevancia. Como se dice técnicamente, el periodismo político no sólo tiende a perder la señal, sino que muchas veces potencia el ruido. En este sentido, el sesgo periodístico más claro es inflar una noticia con la pretensión de obtener un resultado más dramático para que se pueda aumentar la venta de periódicos, la audiencia o el tráfico en la web.

Para que una predicción sea creíble, ha de ser probabilística y será mucho mejor ofrecer varios resultados posibles que aparentar que se sabe qué va a suceder.

Es frecuente olvidar en el caso de la política que, cuanto menor es un censo, más inestables serán los sondeos. Estos ganan en precisión a medida que se acerca el día de las elecciones, de modo que para saber que probabilidades tiene un candidato de ganar una elecciones a partir de la ventaja que le dan las encuestas, habrá que ver cuánto tiempo resta hasta el día de la votación.

A título orientativo, una ventaja de cinco puntos de un candidato a un año vista de unas elecciones puede tener una probabilidad de victoria de un 59 por ciento un año antes, o de un 81 por ciento si es un mes antes de las elecciones, o en el mejor de los casos de un 95 por ciento si es un día antes.

Si la ventaja se reduce a un punto, y queda un día para la votación, esas probabilidades pueden ser de un 64 por ciento un día antes, pero, si la ventaja es de diez puntos, un día antes de las elecciones las probabilidades de ganar serán del 99 por ciento.

Todo cambia si las predicciones se realizan un año antes de unas elecciones. Con ventajas de un punto, cinco puntos o diez puntos, se suele dar una probablidad de entre un 52 por ciento o un 67 por ciento, casi como lanzar una monera al aire, es decir, a mayor distancia más riesgo de desviación.

Cuando alguien pronostica que un partido ganará unas elecciones un 90 por ciento de las veces, también está diciendo que las perderá en un 10 por ciento de las veces, pero no es seguro que alguien quiera oír eso último. Aún así, es bueno repetirlo: los sondeos ganan en precisión a medida que se acerca el día las elecciones.

En el horizonte están próximas algunas elecciones; a pesar de esto, seguiremos viendo en muchos foros a sesudos analistas que pronostican sin manejar probabilidades con una seguridad impropia de alguien con un mínimo conocimiento sobre la incertidumbre. Mientras a usted no le den probabilidades, sea escéptico ante los pronósticos, ya sea respecto de la evolución de una cotización o en cualquier otro ámbito. Con una alta probabilidad, usted sabrá tanto como el «experto» pronosticador.

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Author: Pablo Perez