Draghi y su Rubicón

Corría el año 49 a. C. cuando Julio César, tras su triunfo en las Galias, decidió atravesar el rio Rubicón (límite entre Italia y la Galia Cisalpin, y que bajo la ley romana ningún gobernador podría atravesar al frente de sus tropas). Más allá de la ambición personal, la decisión de César obedecía a un intento de defenderse de la encerrona que le preparaban en el Senado sus antiguos aliados, como Pompeyo. Esta decisión es considerada como el principio del fin de la República romana, régimen que durante cuatro siglos había guiado los destinos del mundo occidental.

Al inicio de 2019, uno de los focos del mercado está puesto en otro romano ilustre, Mario Draghi, a la sazón presidente del Banco Central Europeo (BCE). Bajo su mandato, el BCE ha conseguido «lidiar» de manera exitosa con problemas tan dispares como el impago de Grecia, una crisis de deuda soberana en la periferia europea y, el más importante, el riesgo de entrada de la zona Euro en una espiral deflacionista.

Al igual que ocurría en la Roma republicana, donde entonces era vox populi el riesgo de enfrentamiento entre ambos próceres, el mercado sabe que la «gasolina» monetaria del BCE se acabará pronto. De hecho, el propio Draghi confirmaba el mes pasado el final de las compras nuevas de activos por parte de la autoridad monetaria europea. No obstante, todavía existe la duda razonable sobre el calendario que seguirá el banco central para iniciar el proceso de normalización monetaria.

Y es que Draghi sabe que sus antiguos aliados, aquellos que habían posibilitado sus triunfos, están cerca de «traicionarle». El principal es que la baja inflación por la que ha transitado la zona Euro a lo largo de los últimos ejercicios, aunque todavía de manera gradual, está empezando a normalizarse, por lo que la política monetaria ultracomodaticia que venía esgrimiendo el Banco Central dejaría de estar tan justificada. Por tanto, el cambio de régimen sería relativamente inminente.

Las peripecias de César y el cruce del Rubicón son curiosas. El día anterior, para no levantar sospecha, había asistido en Rávena a un espectáculo público. A continuación participó en un concurrido banquete y en mitad de la cena se levantó de la mesa y dijo a los comensales que debía abandonarles un momento. Fuera le esperaba un carro en el que partió en secreto con una pequeña escolta para reunirse con sus tropas.

Al contrario que César, el presidente del BCE lleva ya varios meses telegrafiando el inicio del final de su política expansiva. Con luz y taquígrafos, Draghi ha reiterado en varias ocasiones que los tipos de interés de referencia podrían subir a partir de finales del próximo verano. Es cierto que sus últimas declaraciones pecan de cierto voluntarismo dado que el momentum cíclico de la zona Euro ha sufrido una tibia desaceleración en los dos últimos trimestres. De ahí que el mercado no termine de creerse el calendario del BCE.

A nuestro juicio, la clave estará en el Consejo de Gobierno del BCE de principios de abril de 2019. En el mismo será cuando Draghi cruce su Rubicón (a partir del cual ya no habría marcha atrás) y revele un calendario mucho más concreto de lo que venía esgrimiendo hasta ahora. Como suele ser habitual, será entonces cuando el mercado empiece a descontar el cambio de régimen en términos de política monetaria. De ahí que esta sería la reunión más importante del BCE en mucho tiempo.

Draghi, al igual que en su momento Julio César, solo necesita un poco de suerte para que la economía europea no se tuerza de ahora hasta entonces (César, en su escapada nocturna, llegó a perderse y anduvo dando vueltas hasta que, al amanecer, un guía le indicó el camino correcto hasta sus tropas). En la primavera de 2019, Draghi podrá decir aquello de «alea iacta est».

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Author: Pablo Perez