Juan Guaidó y el espíritu levantisco del 23 de enero, ¿podrá?

Por Agapito Garrido

El espíritu del 23 de enero de 1958 anda suelto por ahí provocando unas cuantas analogías entre el hoy y ese pasado glorioso de libertad. Provocando que la imaginación y la fantasía echen alas y vuelen. ¿Y quién puede detener esta imaginación volátil? Si esta imaginación funge de carburo para los acontecimientos que están en pleno desarrollo.

Juan Guaidó tiene que saber administrar muy bien tal entusiasmo y a la vez no dejar que esa avalancha de energía levantisca diseminado por doquier como reguero de pólvora lo solivianten a acciones precipitadas que lo hagan irse por la pendiente, precipicio abajo.

Tiene que hacer las cosas precisas en el tiempo justo. Cualquier margen de error todo el capital político que de golpe ha logrado concitar, volaría por los aires, y ni las cenizas podría amasar.

Tiene que hacer una lectura precisa entre sus fuerzas y las fuerzas del adversario, porque está caminando por el borde de un precipicio. ¡Y los precipicios producen vértigos ante su descomunal vacío!

Juan Guaidó no es joven para hacer lo que debe hacer. Octavio Augusto tenía apenas 20 años cuando dejó a connotados políticos y militares romanos en el camino, incluyendo al famoso orador y senador Cicerón y el mismo Marco Antonio, e incluso la banda de conspiradores que asesinaron  a Julio César, todos encumbrados dirigentes políticos (Bruto, Casio, Décimo Bruto), senadores y militares, y a todos dejó boquiabiertos.

Pero por la penuria económica que padecen los venezolanos, todos le están pidiendo que actúe ya y obtenga el poder por nocaut.

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Ese ambiente levantisco, insurreccional que está conectado entre estómagos y psique de los venezolanos, entraña a la vez una gran oportunidad pero también una gran amenaza. Lo puede empujar más allá de sus posibilidades y hacer que su paso se desequilibre y se vaya por la pendiente.

Lo que hay es desesperación en los venezolanos, y se entiende por qué. Mañana les parece tarde.

Juan Guaidó ha logrado rehacer esperanzas y entusiasmos que ayer dormían en las cenizas de la desesperanza de un pueblo cabizbajo. Hoy ese pueblo se ha levantado y quiere acompañarlo a lograr una gran proeza.

Combustible hay, sueños, esperanzas, entusiasmos, necesidades tangibles de un colectivo que quiere trascender una realidad oprobiosa.

Pero todos quieren que se vaya para “home” y apenas ha llegado a primera base. Pero podría irse cuando logre auscultar la energía que hay degradada entre pitcher y cátcher y su propia energía regenerativa. Obra de gigantes, sin duda alguna. Pero quién dice de antemano que no lo es. Hasta la prueba definitiva no se puede juzgar a un líder. ¿Podrá?

 

 

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Author: El Reportero Anónimo