Remoralizar la globalización

Si hace dos años el fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, el profesor ginebrino de origen alemán Klaus Schwab, reclamaba con urgencia una nueva élite mundial para hacer frente a los enormes desafíos de la Humanidad, y en la reunión del año pasado, el imponente despliegue mediático por la presencia de altísimas personalidades como el presidente norteamericano, Donald Trump, o Felipe VI, supuso todo un hito para el WEF (World Economic Forum), abriendo paso a un optimismo generalizado y algo ingenuo por las buenas perspectivas de un «crecimiento sincronizado» de la economía mundial, este año, en medio de una preocupante incertidumbre internacional, Schwab, pone el dedo en la llaga y exige un rearme moral de la globalización.

Ante la indudable fatiga que experimentan nuestras democracias, el peligro creciente de fractura en nuestras sociedades, ante el desgaste que sufre el concepto de la globalización, término que se ha convertido en «parola non grata», Schwab, en la cúspide del éxito, busca la reorientación de su organización, una de las instituciones más poderosas e influyentes del planeta. En esta 49 edición del foro, bajo el lema algo pesante de «Globalización 4.0: formando una arquitectura global en la era de la cuarta revolución industrial», más de 60 jefes de Estado y de gobierno y cerca de 3.000 líderes, entre políticos, empresarios, científicos, ejecutivos, artistas y representantes de múltiples organizaciones se han dado cita un año más en la ciudad más alta de Europa, en la villa alpina de Davos, en busca de sosiego e inspiración.

Y es que el «Davos Man», el «hombre de Davos», como definió el sociólogo estadounidense Samuel Huntington, de manera quizás excesivamente crítica el perfil del hombre joven, de éxito, representante sobre todo de la economía financiera, que se reúne en Davos para codearse con sus similares en círculos concéntricos y mostrar así su efímero poderío, está en crisis, desorientado ante el derrumbe de las viejas certezas de prosperidad y progreso, huérfano de una auténtica visión de futuro. Aunque se encuentra en buena compañía, ya qu ¿dónde están las recetas que nos ayuden a superar definitivamente los efectos de la crisis económica, el colosal desafío que supone la revolución digital, por citar solo dos fenómenos que condicionan nuestro porvenir? ¿Dónde están las grandes fábricas pensantes, los famosos «Think Tanks», otrora auténticos laboratorios de ideas? ¿Y es la globalización la causa de todos los males que nos afligen en la actualidad? ¿Hemos exagerado la globalización, creando desigualdades inaceptables incluso en nuestras sociedades más avanzadas?

Desde hace años, el profesor Schwab viene alertando de que estamos ante cambios sistémicos de gran envergadura y que por ello hay que combatir un cierto ambiente de autocomplacencia que se ha adueñado de nuestras sociedades occidentales, al mismo tiempo que crece la sensación de desamparo. La crisis económica y financiera más grave de los últimos decenios ha demostrado palpablemente la dimensión del cambio de «la globalización de las oportunidades» a «una globalización de los problemas». Este dramático viraje demuestra la transformación de un mundo fuertemente interrelacionado, más vulnerable y sometido a complejas y cambiantes dependencias. En la agenda de este año y en la mayoría de los debates y trabajos del Foro resaltaban en consecuencia dos asuntos capitales: la globalización, que a pesar de haber contribuido a un asombroso aumento de la riqueza mundial y haber rescatado a más de 300 millones de personas del umbral de la pobreza, ha propiciado una cierta economía bascular, generando desigualdades, especialmente en los países industrializados, situación que amenaza la colaboración internacional y favorece movimientos populistas y nacionalistas. El segundo factor determinante que han querido significar los organizadores es el extraordinario desarrollo de internet y por consiguiente la exponencial aceleración del tiempo, lo cual ha dejado literalmente obsoletos muchos de los esquemas de trabajo que veníamos utilizando.

La dominancia de compañías como Google, Facebook, Amazon, Alibaba, Tencent, Apple, Microsoft, Adobe, Salesforce y Oracle, algunas de ellas con facturaciones superiores al PIB de muchos países de primer orden, ha transformado ya de manera dramática el consumo de servicios y mercancías y seguirá cambiando inexorablemente nuestras costumbres de vida y de trabajo. Si además tenemos en cuenta el último informe Oxfam, oportunamente publicado antes del Foro y que revela la clamorosa desigualdad no sólo entre los más ricos y los más pobres sino el creciente deterioro de la clase media, balaustre de nuestras democracias, y añadimos para más inri los grandes movimientos migratorios, el excesivo endeudamiento que aún lastran nuestras cuentas públicas, la torpeza del Brexit, la ciberseguridad o el deterioro medioambiental, resulta evidente que nuestro mundo desencuadernado precisa de una apremiante ideación. Y a pesar de todo, Schwab quiere ser optimista y apuesta, contra viento y marea, por un nuevo «espíritu de Davos», por una globalización fundamentada en un orden liberal-democrático, y sobre todo inclusiva.

Sinforiano de Mendieta es periodista y empresario

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Author: Pablo Perez