Isaías Covarrubias Marquina: Civilización Y Barbarie En La Revolución Bolivariana

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  • Por Isaías Covarrubias Marquina
En Las lanzas coloradas, una novela del escritor venezolano Arturo Uslar Pietri, publicada en 1931, el personaje Presentación Campos es un bárbaro que aprovecha la guerra de independencia para rebelarse y soliviantar a los esclavos. Después de saquear y quemar la hacienda donde trabaja y violar a su dueña, vende su servicio de guerrero, sin ninguna convicción política o idealista, al primer postor con quien se atraviesa: los realistas. Al final de la novela, Campos está herido y es preso de las fuerzas patriotas y presencia el arribo, en medio de los gritos y vivas de la gente, del héroe del que tanto había oído hablar: Simón Bolívar.

Y uno puede interpretar este final de la novela como un intento de Uslar Pietri de hacernos notar la gran distancia que media entre la guerra que derivó en la barbarie más absoluta y arrastró hacia ella a gente primitiva y salvaje y la guerra que se libró sostenida por hombres y mujeres con convicciones, con ideales de libertad y justicia, aunque luego estos ideales fueran históricamente traicionados o solo disfrutados por las minorías afianzadas en el poder.

Esta dicotomía entre civilización y barbarie quedó plasmada magistralmente en la novela más representativa de la literatura venezolana: Doña Bárbara. Un gran mérito de esta obra de Rómulo Gallegos, publicada en 1929, es mostrar que el dominio de la civilización sobre la barbarie, o lo contrario, la imposición de la barbarie, el atraso, por sobre la civilización y la modernidad, nunca es un asunto definitivamente resuelto, siempre es un proceso sociohistórico inacabado. Por más civilizada que sea una sociedad siempre habrá algún resquicio por donde se pueda colar la barbarie y hasta en las sociedades más atrasadas surgen rasgos modernos. La historia está plagada de ejemplos de uno y de otro caso.
Ahora que la revolución bolivariana está en sus estertores, que asoma con fuerza un cambio político y social para Venezuela, no cabe duda que se reflexionará mucho sobre cómo fue posible que un movimiento político que llegó cargado de ideales y esperanzas de mayor libertad y de justicia social, en última instancia no solo fracasó rotundamente, sino que también derivó hacia acciones de barbarie. Una barbarie que ha confiscado y negado derechos humanos y ciudadanos, de esos que precisamente reflejan el relativo avance de la civilización, de la modernidad.

En este sentido, es una barbarie el saqueo de los recursos y fondos públicos, la escalada de la corrupción en todos los niveles y la manipulación de los poderes públicos, los que sirven de contrapeso al gobierno. Es una barbarie la disolución progresiva del orden constitucional, particularmente del funcionamiento del estado de derecho. Otra barbarie ha resultado la aplicación de políticas que han desestabilizado por completo a la economía, aniquilado el aparato productivo y el poder adquisitivo de los trabajadores, provocando un colapso que ha tenido un altísimo costo social. Una barbarie más se refleja en el deterioro y la deficiencia en la que naufragó la prestación de los servicios públicos, el atraso de la educación pública, el retroceso del sistema sanitario. En este último aspecto, la reaparición de enfermedades endémicas rememora al país rural, pobre y analfabeto de comienzos del siglo XX descrito precisamente en Doña Bárbara.

La lista es más larga, pero culmino con la barbarie que ha supuesto la conculcación y limitación de nuestras libertades civiles y la violación de nuestros derechos humanos. La represión cometida en las protestas con un alto saldo de heridos y muertos, de presos políticos sin juicio, la censura de la información. Es una barbarie no permitir la entrada de una ayuda humanitaria que según toda evidencia muchos venezolanos necesitan, especialmente los niños y niñas que se están muriendo por falta de alimento, de un sencillo medicamento o una simple vacuna.

Detrás de la barbarie hay, por supuesto, bárbaros. Y gente cómplice que aprovechó o se quedó callada frente a tantas tropelías y barbaridades del gobierno. La oposición venezolana también cometió en su momento la barbarie de acciones inconstitucionales que terminaron dando aire a una revolución que en una sociedad más moderna, más ciudadana, firmemente asentada en sus instituciones, no habría tenido lugar o habría sido de corta duración. Que cada quien juzgue. Solo resta decir que las sociedades que olvidan o ignoran la barbarie histórica, la que las sumió en el atraso, corren el riesgo de repetirla.

 

  • Isaías Covarrubias Marquina

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Author: El Reportero Anónimo