La Europa que gusta a Trump

Aunque la cumbre diplomática convocada estos días en Varsovia debería ocuparse sobre el futuro de Oriente Próximo, en la práctica es difícil pasar por alto hasta qué punto el gobierno de EE.UU. no tiene reparo en aprovechar las divisiones internas de la UE. Con un telón de fondo geopolítico tan complicado como es Irán, que estos días conmemora cuarenta años de su revolución islámica. La cita en Varsovia fue convocada el mes pasado por el Departamento de Estado después del rotundo discurso de Mike Pompeo pronunciado en la capital egipcia con un contenido de especial animosidad hacia Teherán. Esta nueva visión hostil de la Administración Trump incluye la retirada de Washington del acuerdo nuclear negociado con Irán, optando por volver a la la hostilidad, las amenazas y las sanciones.

En contraste, la UE -o por lo menos el núcleo duro formado para esta cuestión por Alemania, Gran Bretaña y Francia- intenta salvar el acuerdo firmado en 2015 para que Irán congelase sus ambiciones nucleares. Aunque algunas potencias europeas no comparten el llamado «comportamiento regional» de Irán, existen todavía más dudas sobre la espiral de tensiones iniciada por Washington. Sobre todo, en una parte del mundo donde ya existe un superávit de amenazas a la seguridad sin necesidad de que el trumpismo complique todavía más la situación.

El hecho de que Polonia se haya prestado para esta oportunista cumbre ilustra hasta qué punto Washington intenta rentabilizar la falta de unanimidad en Europa sobre grandes cuestiones internacionales que terminan distorsionándose a través de los embudos de políticas domésticas. Haciendo palanca en el nacional-populismo, Trump quiere construir su primer apaño multilateral añadiendo países europeos a su frente anti-iraní.

El ocupante de la Casa Blanca lleva tiempo haciendo gala de su profundo desprecio hacia la UE, empezando por alentar el Brexit e ignorar el tradicional respaldo que EE.UU. ha prestado a la integración en el Viejo Continente. Para el Trump más unilateral y aislacionista, resulta más bien aberrante el proyecto postnacional construido en torno a Bruselas.

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Author: Pablo Perez