Miguel Sebastián ha presentado una demanda ante la Audiencia Nacional por el espionaje del que habría sido víctima por las escuchas realizadas por José Manuel Villarejo supuestamente por encargo del expresidente de BBVA, Francisco González, entre 2004 y 2005. Las escuchas del excomisario habrían servido a la entidad financiera para defenderse del intento de asalto a la presidencia del banco de la constructora Sacyr, que en esa operación contaba supuestamente con el respaldo de la Oficina Económica de La Moncloa dirigida por el propio Sebastián.
La denuncia, presentada ante el juzgado central de instrucción número 6 y en la que el exministro socialista pide presentarse como acusación particular en la causa que ha abierto el juez Manuel García-Castellón, se basa en las informaciones periodísticas publicadas por distintos medios que apuntan a que Villarejo, a través de su empresa Cenyt, hizo más de 15.000 escuchas telefónicas ilegales por orden supuestamente de BBVA, y en concreto de González, para frenar ese asalto a la presidencia.
Esas escuchas incluyen no solo a los empresarios y políticos protagonistas que aquella intentona, entre ellos Sebastián y el entonces presidente de Sacyr, Luis de Rivero, sino también otros empresarios y altos cargos del Gobierno, políticos y supervisores, como el presidente de Intermoney, José Pérez; los entonces presidente y vicepresidente de la CNMV, Manuel Conthe y Carlos Arenillas, e incluso la exvicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega. González sospechaba que la operación de Sacyr estaba orquestada desde La Moncloa, y en concreto por Sebastián, que había sido director del servicio de estudios de BBVA hasta un año antes y salió de la entidad a raíz de fuertes discrepancias con el banquero.
Informes sobre su vida íntima
«Se realizaron seguimientos personales y espionajes de la vida íntima de las víctimas, entre las que se encontraba mi patrocinado, entonces director de la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno, D. Miguel Sebastián», dice la denuncia, en la que se detalla que «hay 65 llamadas en las que el origen o destino estaba identificado como Presidencia del Gobierno, Ministerio de la Presidencia o Moncloa, y en 60 de las 65 ocasiones aparece el móvil corporativo que tenía D. Miguel Sebastián en aquel momento en Presidencia de Gobierno». En esas fechas, la trama intentió extorsionar a Sebastián con una supuesta relación con un amante cubano.
Sebastián denuncia que en base a esas escuchas se elaborarno perfiles personales y profesionales de las víctimas, pues el encargo era «encontrar actividades y aspectos negativos de las personas del llamado grupo hostil [aquellos que participaron en el asalto de Sacyr a BBVA] como relaciones sentimentales, costumbres sexuales, consumo de alcohol o drogas, problemas con Hacienda, sospechas sobre su patrimonio y cualquier otro incidente o irregularidad con los que conseguir influir en sus decisinoes y bicotear sus proyectos e, incluso, se ofreció al cliente [BBVA] denunciar en los tribunales cualquier irregularidad que se advirtiese en los enemigos investigados».
Actual dirección del banco
El exministro concluye que esos hechos «revisten una especial gravedad y, de resultar finalmente probados, pondrían de manifiesto que estaríamos ante el mayor escándalo de corrupción corporativa de la democracia española». Sebastián reprocha además a los actuales directivos de BBVA, en clara referencia a Carlos Torres, sucesor de González en la presidencia, que no se haya disculpa públicamente ni se se haya dirigido a las supuestas víctimas de ese espionaje para «ofrecer una mínima explicación» y «transmitirles su voluntad de prestarles ayuda y colaborar en la identificación de los responsables y en la defensa de los derechos de las personas perjudicadas».
La defensa de Sebastián también critica que la entidad no haya apartado o suspendido cautelarmente a aquellas personas presuntamente implicadas y que aún desempeñan cargos de representación institucional en BBVA. Es más, la denuncia augura que la investigación interna y externa puesta en marcha por el propio BBVA «será absolutamente ineficaz».