Virginia Woolf
(1882/01/25 – 1941/03/29)
Escritora británica
- Obras: La señora Dalloway, Una habitación propia, Las olas…
- Género: Drama y prosa
- Padres: Leslie Stephen y Julia Prinsep Stephen
- Cónyuge: Leonard Woolf (m. 1912–1941)
- Nombre: Adeline Virginia Stephen
- Estatura: 1,7 m
Virginia Woolf nació el 25 de enero de 1882 en Londres.
Hija del escritor Leslie Stephen y de Julia Prinsep Stephen, modelo de pintores prerrafaelitas. Leslie tenía una hija de su primera esposa, y Julia otros tres hijos de su primer marido, Herbert Duckworth. Tuvieron otros cuatro hijos juntos.

Nunca fue a la escuela, sus estudios los realizó en casa, donde recibió clases de profesores particulares y de su padre.
Decía el escritor británico Nigel Nicolsonque Virginia Woolf era una «mejoradora de vidas», hasta el punto de que pasar con ella un rato era «como tomar champán».
¿Y qué hay de su sexualidad?
La autora de la biografía sostiene que «no tenía una inclinación hacia la sexualidad fuerte, sino otro tipo de vivencias que tenían más que ver con lo sensual». Chikiar Bauer reconoce, eso sí, que «siempre tuvo un gran gusto por estar con mujeres, las veía mucho más interesantes». Con unas (y con otros) experimentó «la felicidad de estar en la vida», pese a su enfermedad.

En 1905, al morir su padre, Virginia Woolf y sus hermanos abandonaron el elegante barrio en el que vivían y se trasladaron al bohemio barrio de Bloomsbury, que dio nombre a un extravagante grupo de poetas, novelistas y pintores que se formó a su alrededor y que estaba integrado, entre otros, por T.S. Eliot, Bertrand Russell, Vita Sackville-Wets y el escritor Leonard Woolf, que el 10 de agosto de 1912 se convertiría en su marido. Cinco años después crearían la editorial Hogarth.

Obras
En sus primeras obras, Fin de viaje (1915), Noche y día (1919) y El cuarto de Jacob(1922), Virginia Woolf aparece expuesta su intención de llevar las novelas a algo más que a una mera narración.

En sus siguientes trabajos, La señora Dalloway (1925) y Al faro (1927), consigue expresar los sentimientos interiores de los personajes, y grandes efectos psicológicos por medio de imágenes, metáforas y símbolos.

Otras novelas destacadas son, Las olas (1931) y Orlando (1928).
Además escribió biografías y ensayos tan famosos como Una habitación propia (1929), donde aparece una crítica por la poca valoración de los derechos de la mujer.

Suicidio
Virginia Woolf se suicidó rellenándose los bolsillos del vestido con piedras y zambulléndose en el río Ouse, Lewes, Sussex, el 29 de marzo de 1941.
“Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar (…) Te das cuenta, ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer (…) No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo”, le escribió a su marido en su carta de despedida.
Virginia Woolf se convirtió en uno de los recurrentes del movimiento de crítica feminista de la década de 1970, y desde entonces sus obras recibieron atención. Sus obras han sido traducidas a más de 50 idiomas. Una gran cantidad de libros se han dedicado a su vida y obra, y también se convirtió en objeto de muchas obras de teatro, novelas y películas.
Virginia Woolf. Fragmento de “Las Olas”.
(…) «Has estado leyendo a Byron recientemente y has subrayado los párrafos que exaltan aquellos sentimientos que se asemejan a los tuyos. Encuentro trazos del lápiz debajo de todos aquellos versos que revelan un temperamento irónico, pero apasionado; una impetuosidad semejante a la de la polilla que se lanza sin vacilar contra la dureza del vidrio. Al pasar la punta del lápiz por aquí, pensabas:
«También yo arrojo la capa así, también yo chasqueo los dedos ante el destino.» Sin embargo, Byron no preparó jamás el té como tú lo haces, llenando de tal modo la tetera que el agua se desborda cuando colocas la tapa y forma sobre tu mesa una laguna parda que corre entre tus libros y papeles. Ahora lo secas torpemente con el pañuelo que has sacado del bolsillo. Y después te vuelves a meter el pañuelo en el bolsillo. No, éste no es Byron. Este eres tú. Este es tan esencialmente tú que si algún día dentro de veinte años pienso en ti, cuando los dos seamos famosos, con gota e inaguantables, te veré en esta escena. Y si has muerto ya, lloraré.
Cierto tiempo hubo en que fuiste un joven Tolstoi. Ahora eres un joven Byron. Y quizás llegue el día en que seas un joven Meredith. Entonces visitarás París durante las vacaciones de Pascua, y volverás con una negra corbata, convertido en el discípulo de cualquier detestable francés de quien nadie ha oído hablar. Entonces romperé contigo.
“Soy una sola persona: yo. No suplanto a Catulo, a quién adoro. Soy un estudioso sumamente disciplinado, con un diccionario a un lado, y al otro una libreta en la que anoto curiosos usos del participio pasado. Pero no se puede vivir siempre dedicado a disecar con cuchillo para mejor comprender estas antiguas frases. ¿Viviré siempre así, corriendo las rojas cortinas de sarga, y viendo el libro, como un bloque de mármol, pálido a la luz de la lámpara? Sería maravilloso dedicar la vida a la perfección, seguir siempre la curva de la frase, me llevara donde me llevara, a desiertos y arenas movedizas, haciendo caso omiso de señuelos y tentaciones, ser siempre pobre e ir siempre mal vestido, parecer ridículo en Picadilly”.
“Pero soy demasiado nervioso para terminar debidamente mis frases. Hablo aprisa, paseando arriba y abajo, para ocultar mi agitación. Me irritan tus pañuelos manchados de grasa. Mancharás tu ejemplar de Don Juan. No me escuchas, Te dedicas a hacer frases sobre Byron. Y mientras tú gesticulas, con tu capa y tu bastón, yo intento revelarte un secreto que a nadie he comunicado todavía. Te pido (ahí en pie y dándote la espalda) que tomes mi vida en tus manos y me digas si es mi destino causar siempre repulsión a quienes amo”.
“Te doy la espalda y nervioso muevo los dedos. No, ahora mis manos están en perfecta inmovilidad. Con exactitud abro un espacio en la librería y en él inserto el Don Juan. Ahí. Prefiero ser amado, prefiero ser famoso a seguir el camino de la perfección a través de las arenas. Pero ¿estoy condenado a producir asco? ¿Soy poeta? Tómalo. El deseo que llevo tras los labios, frío como el plomo, pesado como la bala, aquello con lo que apunto a las dependientas de comercio, a las mujeres, a las ficciones y a la vulgaridad de la vida (porque la amo), sale disparado hacia ti, cuando te arrojo – tómalo – mi poema”.
“Como una flecha ha salido de la estancia”, dijo Bernard. “Ha dejado aquí su poema. Oh, amistad…¡También yo pensaré flores entre las páginas de los sonetos de Shakespeare! ¡Oh, amistad, qué agudos son tus dardos! Ha dado media vuelta y me ha mirado. Me ha entregado su poema. Todas las nieblas retorciéndose se alejan de la techumbre de mí ser. Conservaré esta confianza hasta el último día de mi vida. Como una larga ola, como un avance de pesadas aguas, se ha acercado a mí, y su devastadora presencia me ha abierto de par en par, dejando al descubierto los cantos rodados de la playa de mi espíritu. Todos los parecidos han quedado unidos. “No eres Byron, eres tú. Cuán extraño es que otra persona te concentre en un solo ser”.
“Cuan extraño es sentir cómo el hilo que de nosotros surge se adelgaza y avanza cruzando los nebulosos espacios del mundo que entre nosotros media. Se ha ido. Aquí estoy, en pie, con su poema en la mano. Entre él y yo media el hilo. Pero ahora, qué agradable es, cuánta confianza infunde, saber que la ajena presencia ha desaparecido, que la escrutadora mirada se ha apagado, ha sido cubierta por una capucha…Con qué satisfacción cierro las ventanas y me niego a recibir otras presencias. Con qué satisfacción advierto que, de los oscuros rincones en que se refugiaron, vuelven esos desastrados huéspedes, esos parientes, a los que él con su superior poder obligó a ocultarse. Los burlones y observadores espíritus que, incluso en la crisis y la vacilación del momento, se mantuvieron vigilantes, vuelven ahora en rebaño al hogar. Con su ayuda soy Bernard, soy Byron, soy esto y lo otro. Como en anteriores tiempos oscurecen el aire y me enriquecen con sus bufonadas y sus comentarios, nublando la hermosa sencillez de mi momento de emoción. Sí, puesto que yo soy más yos de lo que Neville cree. No somos tan simples como nuestros amigos quisieran para satisfacer sus necesidades. Sin embargo, el amor es simple. (…)”

Obras
Novela
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- The Voyage
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- Night and Day
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- Jacob’s Room
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- Mrs. Dalloway
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- To the Lighthouse
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- Orlando
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- The Waves
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- The Years
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- Between the Acts
Cuentos
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- Kew Gardens
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- Monday or Tuesday
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- The New Dress
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- A Haunted House and Other Short Stories
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- Mrs. Dalloway’s Party
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- The Complete Shorter Fiction
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- La niñera Lugton
- La viuda y el loro
