Santiago.-Llegó a mi vida y fue como un flechazo. Me enamoré sin remedio. No me refiero a una persona, sino, a mi práctica del Mindfulness o Atención Plena, la cual inicié en el año 2015, en ocasión de una época de pérdidas y tristeza en mi vida. Empecé a practicar Mindfulness primero de manera online, guiándome por los audios y leyendo los conceptos que nos remitían del sitio web. Al mismo tiempo que esto ocurría, mi terapeuta me recomendaba hacer diez sesiones con otra Psicóloga del centro, de algo llamado «Mindfulness». Yo le dije: «Vaya que coincidencia, estoy haciendo un curso por Internet de ese tema». Interpreté ese episodio como un mensaje de la vida de que debía tomarme muy en serio ese nuevo aprendizaje. Y así lo hice, hasta el punto de que me certifiqué en México como «Formadora en Mindfulness» y hoy estoy totalmente dedicada a difundirlo en Santiago y la República Dominicana a través de INDOMIND, un espacio dedicado a la enseñanza del Mindfulness y…