SANTIAGO.-La disciplina del baloncesto está integrada en su mayoría por hombres grandes y fornidos, que se disputan un balón de 73 centímetros y 650 gramos, con el objetivo de introducirlo en un canasto situado a 3,05 metros de altura. Es un juego de muchos roces entre gigantes y por eso amerita de voces de mando firmes, cuando se trata de impartir justicia en un tabloncillo. Al igual que los jugadores, los árbitros deben estar en excelentes condiciones físicas para poder soportar el trajinar a lo largo del trazado rectangular de 15 por 28 de la cancha.Su única «arma» es un pito que sostienen en la boca, con el cual sentencia cada jugada, muchas veces frente a un gigante que no está de acuerdo con el veredicto y que lo mira intimidante. Parece ser un trabajo hecho a las medidas de los hombres y no a la fragilidad de una mujer, que se puede comparar con el pétalo de una rosa.Pero toda regla tiene su excepción y en el baloncesto…