En la puerta de su habitación, su madre Denise le tiene aún colgada una tabla con una lista de deberes de obligado cumplimiento: «Prohibido creerse mejor que los compañeros (con el adjetivo mejor escrito en color rojo) o «dejar al árbitro pitar cuando sufras una falta y no protestar», eran alguno de los mandamientos que debía seguir Rodrygo Goes si quería llegar a ser el número uno del planeta. Porque eso es lo que le dijo la estrella brasileña a su padre Eric, cuando solo tenía cinco años: «Algún día seré el mejor futbolista del mundo».
Esa mezcla de ambición y humildad es la que ha llevado al Real Madrid a pagar 45 millones de euros por el jugador con más futuro de Brasil junto a Vinicius. Futbolista del frente de ataque, que puede jugar en ambas bandas, aunque preferiblemente lo hace por la izquierda, e incluso también brilla como falso nueve, destaca por su velocidad, gambeteo, capacidad de gol y visión de juego. Debutó con solo 16 años en el primer equipo del Santos y ya ha sido capitán de la selección sub 20 de Brasil. Su próximo reto comienza este mes de julio en el Real Madrid.