A 17 días para el día señalado por todos en el calendario, el Parlamento británico volverá hoy a decidir si apoyar o no el nuevo plan de Theresa May sobre el Brexit. Previsiblemente, será rechazado por sus señorías por segunda vez, porque, en principio, nada ha cambiado (o al menos nada importante), desde que los diputados británicos enterrasen el pacto original de la primera ministra el pasado mes de enero.
Ahora, las negociaciones, en las que May buscaba cambios «legales» en la salvaguarda de la frontera irlandesa, se encontraban ayer «estancadas», «en punto muerto», confirmaba Downing Street. El Gobierno, además, aseguraba que May comparecerá ante la Cámara de los Comunes horas antes de ese «voto significativo» para explicar su remodelado pacto.
Hasta última hora estuvieron sentados los negociadores de ambos bandos para tratar de desencallar la situación. Tal era el desconcierto ayer que la «premier» viajó pasadas las 18:30 de la tarde a Estrasburgo para reunirse con el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en un último intento de cerrar un acuerdo con Bruselas que pudiera pasar el escrutinio del Parlamento británico.
La «premier» reclamó hasta el último momento que Reino Unido pueda salirse unilateralmente de ese mecanismo que dejaría al país en la unión aduanera tras el periodo de transición (hasta diciembre 2020), o una fecha límite en que esta salvaguarda finalice. Algo inconcebible para Bruselas, que no da su brazo a torcer en este sentido y que no está dispuesto a reabrir el acuerdo ya negociado.
Por tanto, si el pacto es rechazado en el Parlamento, y si todo va como lo anunció May, mañana se votará en la Cámara de los Comunes si Reino Unido sale sin acuerdo o no de la UE el próximo 29 de marzo. Si esta opción es desestimada también, entonces al día siguiente (jueves 14) el Gobierno dará la opción a sus diputados de votar si solicitan una prórroga del brexit y retrasarlo más allá de esa fecha.
A eso se comprometió una Theresa May que puede ver como, de nuevo, los diputados la someten a otro ridículo más y acaban con su nueva propuesta por, según los medios británicos, más de 100 votos de diferencia. En la primera votación, a mediados de enero, su plan fue vapuleado por 432 votos en contra frente a 202 a favor. Algunos sugerían, incluso, que May que estaba dispuesta a retrasar el «voto significativo» de hoy para ganar tiempo y evitar otra debacle ante las presiones de decenas de conservadores para que lo cancelase.
Ambos equipos negociadores han estado buscando formas para acordar un plan conjunto y que no han conseguido llevar a cabo ni el fiscal general del estado Geoffrey Cox, ni el ministro para el brexit Stephen Barclay, que han liderado las negociaciones en los últimos días por parte del bando británico. Ambos han puesto sobre la mesa la posibilidad de un organismo que intermedie en caso de que esa salvaguarda sea activada. Algo a lo que se ha negado Bruselas, que se ha desmarcado ofreciendo que Reino Unido abandone unilateralmente ese mecanismo, pero dejando a Irlanda del Norte en él. Una postura inconcebible para el Ejecutivo británico, que no quiere dejar a esta región diferenciada de las otras. Además, May y los suyos necesitan los votos del DUP, el partido norirlandés que la sostiene en el Gobierno y que no permitirá esta opción.
Queda por saber también que hará la facción más euroescéptica de los “tories”, clave en las votaciones de esta semana. Varios de ellos, según la prensa británica, habrían considerado aprobar el plan de May con la condición de que esta dimitiese y fuera otro el que se pusiese al mando en la nueva etapa de negociaciones que comenzaría con Reino Unido ya fuera de la UE el 29 de marzo.