Para Aitana Bonmatí (Barcelona, 1998) el fútbol significa sonrisas, disfrute y medallas. Campeona de Europa sub 17, campeona de Europa sub 19, subcampeona del mundo sub 20… Un juego en el que casi siempre gana España. Pero el ascenso al primer equipo del Barcelona hace tres años y, sobre todo, la repercusión que empezó a tomar el fútbol femenino le hizo repensar su pasión. Algo ha cambiado en ella y en sus compañeras. «En poco tiempo ha habido tantas mejoras en nuestro deporte, se han abierto estadios, estamos en los medios, que ahora sí digo: “ostras, esto va muy en serio”».
Es la responsabilidad que toma por un deporte que se merece ese sacrificio. Y todas las que lucharon antes para llegar hasta aquí. «Ha habido mucha gente que ha hecho muchos esfuerzos para sentirnos futbolistas ahora. A pesar de ser joven también me he tenido que entrenar a las 8.45 de la noche y llegar a casa a la 1 de la madrugada cuando estaba en las categorías inferiores del Barça, pero es verdad que no he tenido que pelear tanto como otras compañeras. Sé lo que se ha vivido porque a veces lo comentan en el vestuario. A lo mejor estoy viviendo los mejores años del fútbol femenino. Por el momento -incide-, porque lo que viene a partir de ahora será mucho mejor. Lo valoro porque es la forma de crecer».
Ha ascendido a la absoluta con medallas europeas y mundiales. También con lecciones dolorosas como una expulsión que le impidió jugar la final del Mundial sub 20 contra Japón. «Ya no me sienta mal recordarlo. Creo que todo ayuda. No me pasará nunca más. Ya sé que si tengo una tarjeta, aunque pueda ser injusta, no haré una entrada que puedan interpretar con otra. Tendré más cabeza. Porque claro, la parte negativa siempre está ahí: no jugué la final de un Mundial, que no pasa cada día».
Contagiar el éxito
Aprendizajes de las categorías inferiores que la han llevado a la absoluta en una transición suave. Once internacionalidades y las que quedan. «No me sorprendió nada cuando llegué. Si quieres que funcione una metodología es mejor no cambiar mucho de un año a otro», explica. «En todas trabajamos el mismo método: cómo afrontar las competiciones, las concentraciones; y valores: qué implica ser jugadora de la selección, cómo puede cambiar el contexto cuando vuelven del torneo. Con una generación que ha tenido tanto éxito es fácil que se puedan confundir. Asimilar que tienes que seguir aprendiendo y que a lo mejor no destacas tanto como antes a veces es complicado», subraya Pedro López, seleccionador sub 19. «Ahora -prosigue- se dan cuenta de que han logrado medios, recursos y repercusión para que su día a día tenga que girar en torno al fútbol». «Aprovecho mis ratos libres para estar con mi gente y estudiar (INEF), pero ser futbolista es pensar en el descanso, la comida… todo para que puedas rendir bien», subraya Bonmatí.
Hoy, puede formar parte del once que se enfrente en Don Benito a Brasil (18.30 horas, Teledeporte) en un amistoso de preparación para el Mundial de Francia. El martes 9, Inglaterra en Swindon. «Cada vez hay menos diferencia. El fútbol en España hace dos días que está funcionando y no en todos los equipos por igual. En otros países llevan muchos años. Se nota. Dedicarte las 24 horas del día ayuda a ser mejor. Aún así no estamos nada lejos». Y mira hacia delante: «Aún me queda mucho por aprender y muchos años para lograr cosas importantes. No soy campeona de todo». En eso está.